19 de julio de 2019
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  • 22 de abril de 2008

    Los cántabros requerirían cinco veces la superficie de la Comunidad para producir los recursos que utilizan

    SANTANDER, 22 Abr. (EUROPA PRESS) -

    Se estima que un cántabro tiene una huella ecológica anual superior a las cinco hectáreas, mientras que la superficie biológicamente productiva existente (biocapacidad) en Cantabria alcanzaría poco más de una hectárea por habitante. Esto quiere decir que para satisfacer el consumo de los cántabros se requiere el equivalente a cerca de cinco veces la superficie de la comunidad, según un estudio de Ecologistas en Acción y Minuartia publicado por la Consejería de Medio Ambiente y recogido por Europa Press.

    La huella ecológica es un indicador que se define como el área de territorio ecológicamente productivo --cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos-- necesarios para producir los recursos que utiliza y para asimilar los residuos producidos para una población, país o región, ciudad u hogar, independientemente del lugar del planeta donde se encuentre esa área. Así, la huella ecológica permite expresar de forma sintética el impacto ambiental de una población en un solo valor en forma de superficie requerida.

    A nivel planetario, repartiendo equitativamente la biocapacidad del planeta entre sus habitantes, cada ciudadano dispondría de algo menos de dos hectáreas, lo que implica que si todos los habitantes del planeta consumieran como los cántabros, serían necesarios tres planetas. La huella ecológica por habitante norteamericano es de 10, la europea de 5, la latinoamericana de 3 y la africana de 1.

    La huella ecológica y el déficit ecológico --diferencia entre huella ecológica y biocapacidad existente-- estimados para Cantabria muestran que los cántabros consumen por encima de las posibilidades de los sistemas ecológicos de soporte, hecho que se refleja a nivel global en forma de sobreexplotación de los recursos naturales (bosques, recursos pesqueros, suelos agrícolas), pérdida de la biodiversidad o incremento de gases de efecto invernadero y el consecuente cambio climático que se deriva.

    Según el estudio de Ecologistas en Acción, reducir la huella y el déficit ecológico cántabro es posible, como han demostrado en los últimos años algunos países europeos y comunidades autónomas españolas.

    Para ello se requiere tanto la aplicación de políticas públicas --eficiencia y ahorro energético, energías renovables, un modelo territorial y urbanístico de movilidad más sostenible o la ecoproducción-- como de cambio de hábitos personales cotidianos: uso del transporte público, disminución del consumo de carne, compra de productos frescos y locales, el reciclaje o el ahorro energético en el hogar.

    El estudio concluye subrayando que la "principal misión" de la huella ecológica de Cantabria debe ser ayudar a visualizar y comprender "la insostenibilidad de nuestro modelo de consumo".