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  • 2 de marzo de 2009

    Una madre nigeriana que llegó en patera hace 7 años intenta recuperar a su hijo adoptado por una familia española

    Tiene que hacer un "viaje de infierno" en autobús de un día entre Almería y Guadalajara para verle dos horas al mes

    GUADALAJARA, 2 Mar. (EUROPA PRESS) -

    Una mujer nigeriana --que llegó a España en patera hace siete años--, Vivien Adun, exigió hoy al Tribunal Supremo que le devuelvan a su hijo, que vive con una familia española en adopción, porque asegura que su vida ya está "totalmente normalizada" con trabajo y permiso de residencia, y apuntó que en su día se lo arrebataron "con engaños".

    En la actualidad, sólo le puede ver unas dos horas al mes después de hacer un viaje en autobús de 24 horas entre Almería y Guadalajara, y con el agravante de tener todos los dedos de los pies amputados.

    En declaraciones a Europa Press Televisión, Vivien Adun explicó que llegó a España en patera y con su hijo en el vientre hace ya siete años. Tras un periplo por distintas casas de acogida entre Andalucía y Castilla-La Mancha, se vio en la calle y sin un sitio donde dejar a su hijo, de tres años por aquel entonces. "Me echaron de la casa con mi hijo de tres años que se quedó en la calle llorando", recordó.

    Según la versión de Vivien, la coordinadora del centro de acogida de Guadalajara le prometió quedarse con el menor "para que jugase con su hija", pero la Consejería de Bienestar Social de Castilla-La Mancha decidió dar al niño en acogida. "Hicieron todo a mi espalda, no me dijeron que se lo iban a dar a 'menores' o a otra familia de manera permanente", insistió.

    Era tal su nivel de desesperación que, en la calle, mientras se calentaba junto a otras conocidas en una fogata improvisada, apagó las llamas con su pie. Cuando finalmente acudió al hospital, no había vuelta atrás: tuvieron que amputarle todos los dedos. Un episodio que Vivien rememoró con especial pena porque los servicios de seguridad del Hospital de Huelva trataron de acallar sus gritos de dolor a "puñetazos". "Casi me muero y nadie vino a ayudarme", apuntó.

    Ahora, después de lo vivido, Vivien ha mejorado su situación con un trabajo como interna en Almería en una casa en la que cuida a una anciana de 85 años, tiene permiso de residencia y está pendiente del permiso de trabajo. Además, ha tenido que tomar medicación, ya que sufría brotes sicóticos que ella atribuye a su desesperación y estrés por la pérdida de su hijo.

    Sin embargo, la Audiencia Provincial ha desestimado su recurso para poder recuperarle porque, según la versión del abogado de Vivien, Roberto Martín, "no da por demostrado que no pueda volver a producirse un nuevo brote sicótico". "No podemos probar un futurible", argumenta el abogado que sí apunta que la madre tiene una "vida totalmente normalizada con el cuadro patológico totalmente resuelto, por lo que es una persona perfectamente rehabilitada que se puede encargar de su hijo".

    Vivien ha interpuesto un recurso de casación al Tribunal Supremo con el objetivo de que la consejería "reconsidere su posición inicial y promueva una revisión del expediente administrativo para que se vea que las circunstancias han variado". "El menor tiene que estar con su madre biológica", sentencia el abogado.

    "VIAJES DE INFIERNO"

    Mientras tanto, Vivien sólo puede ver a su hijo dos horas al mes tras un "viaje de infierno" que comienza a las 6.00 horas en la terminal de autobuses de Almería y que termina a la misma hora y en el mismo lugar del día siguiente tras varios trasbordos. Todo ello, con una cojera permanente provocada por la ausencia de dedos en sus pies, que tampoco le permite contemplar tener otro trabajo que no sea de interna hasta que consiga unas prótesis de al menos 6.000 euros. Algo inalcanzable para su sueldo, indicó mientras se quitaba los calcetines para mostrar sus pies.

    Nerviosa, una hora antes de ver a su hijo en Guadalajara donde está el punto de encuentro, aseguró que aunque tenga esta minusvalía y esté separada de su hijo, va a "salir adelante" sólo por recuperarle.

    Aunque está agradecida por lo que la familia de acogida está haciendo por su hijo, ya que le ve "feliz", destacó que ellos le dan un "cariño de juguetes", pero repite que ella es su madre y que no hay mejor cariño. "Me duele porque llorar y llorar es todo lo que puedo hacer", se lamentó resignada.