21 de julio de 2019
13 de octubre de 2010

Una firma vallisoletana de implantes dentales usa tecnología suiza de relojes para fabricar 300.000 piezas al año

La compañía Mozo-Grau cuenta con dos patentes y está presente en mercados de Europa, Latinoamérica y Asia

Una firma vallisoletana de implantes dentales usa tecnología suiza de relojes para fabricar 300.000 piezas al año
EP

VALLADOLID, 13 Oct. (EUROPA PRESS) -

La empresa vallisoletana Mozo-Grau, especializada en producción y comercialización de implantes dentales, optimiza las tecnologías suizas más punteras en la fabricación de relojes para crear hasta 300.000 piezas cada año, que son después repartidas entre más de 5.000 clientes de todo el mundo.

La compañía fue fundada en 1996 por Fernando Mozo, antiguo comercial de implantes de una firma catalana, y hoy cuenta con más de 60 empleados y dos patentes y está presente en mercados emergentes de Asia y Latinoamérica como China, Taiwan, Colombia, Chile o Venezuela, así como en países europeos, entre ellos, Grecia, Portugal y Polonia, donde posee una oficina.

La minuciosidad y la calidad son la gran inquietud de su fundador y su equipo, que importan la última maquinaria de los mercados suizo y japonés para conseguir la elevada precisión que requiere el trabajo con micras.

Precisamente, junto con Estados Unidos y Suecia, Suiza posee el 70 por ciento del comercio mundial de implantes y es allí donde se generan estos aparatos de 'tecnología pequeña' propios de la industria del reloj.

Según Fernando Mozo, la precisión es tal que tener algunas máquinas verificadoras requiere firmar un consenso que asegure que ninguna de ellas se utilizará para fabricar armas de destrucción masiva.

En total, la compañía vallisoletana ofrece en su catálogo 650 referencias, el 90 por ciento de las cuales están producidas con titanio importado de Alemania, con el que se generan piezas minúsculas cuya superficie es después tratada y esterilizada en Estados Unidos.

Para conseguir el menor margen de error, se hace un control de calidad al cien por cien de las piezas, además de pruebas destructivas cada dos horas para comprobar las cotas internas.

"Cuando recibimos a un cliente le invitamos a que seleccione una pieza al azar y compruebe la precisión con que está hecha, aquí no hacemos muestreos, eso nos diferencia", explica Fernando Mozo mientras extrae el tornillo más pequeño que se fabrica en Mozo-Grau y lo coloca con unas pinzas en una verificadora.

PRESENTE EN PUBLICACIONES DE PRESTIGIO

En España, Mozo-Grau es una de las cuatro únicas empresas de implantes dentales exclusivamente nacionales y es reconocida por la difusión de sus técnicas y productos en publicaciones científicas de prestigio, su colaboración con las universidades y su participación en más de 60 eventos anuales.

Para abastecer los 2.000 pedidos mensuales que salen de sus instalaciones, la producción es de 16 horas diarias llegando a picos de 24 horas. Cada unidad tarda cuatro minutos en mecanizarse, aunque las piezas definitivas tardan tres meses en estar listas para su comercialización.

Así, una vez embaladas, se envían a clientes del mercado nacional y a países como Venezuela, Colombia, o Chile. En China y Taiwán, donde existe un creciente interés por la estética y los ciudadanos buscan el producto tecnológico europeo y americano, Mozo-Grau acaba de obtener las licencias sanitarias correspondientes.

No obstante, Fernando Mozo reconoce que en este negocio existe una "atroz competencia", en la que la firma vallisoletana ha podido entrar gracias a la "popularización" de los implantes en los últimos años derivada del "éxito" y los avances en estos productos, así como por su labor al lado de las universidades del país y su aparición en publicaciones científicas reconocidas mundialmente.

SUS PATENTES

En la actividad investigadora de Mozo-Grau colaboran facultades de Odontología de toda España. En la actualidad la compañía desarrolla con la Universidad Internacional de Cataluña ensayos con un innovador tornillo para la sujeción de prótesis, una de sus dos patentes registradas.

Su otra invención es un distractor alveolar para aumentar el hueso verticalmente, una patente que lanzó en 1996 y de la que han surgido múltiples variantes desde que en los años 60 se utilizara para alargar el fémur de personas afectadas de enanismo.

Aunque éste es un producto que aún no se comercializa, el resto de referencias de esta firma presume de registrar una tasa de éxito del 98 por ciento. "Eso es lo que nos ha hecho crecer, porque Valladolid no es Silicon Valley y no es conocida por sus implantes dentales", apostilla el director, quien se enorgullece de que, a pesar de su juventud, Mozo-Grau sea una de las tres empresas de implantes en España, incluidas las multinacionales, cuyos congresos tienen una capacidad de convocatoria de más de 1.000 personas.