21 de mayo de 2019
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  • 19 de abril de 2019

    Felipe IV y la Semana Santa de Valladolid

    Felipe IV y la Semana Santa de Valladolid
    MUSEO DEL PRADO - ARCHIVO

    VALLADOLID, 19 Abr. (EUROPA PRESS) -

    El Viernes Santo de 1605 la Semana Santa de Valladolid, que en aquel siglo vivía su época de mayor esplendor escultórico, quedó eclipsada por una noticia de gran calado para la aún poderosa Monarquía Hispánica: el nacimiento del futuro rey Felipe IV.

    Sede de la Corte desde hacía cuatro años, en Valladolid nació, el 8 de abril, el tercer hijo de los reyes Felipe III y Margarita de Austria, el primero varón tras las infantas Ana --futura reina de Francia-- y María --fallecida al día siguiente de su nacimiento--. Esto convertía al joven Felipe en el heredero de vastísimos territorios a lo largo de todo el mundo, por lo que pasaría a ser conocido, entre otros apelativos, como 'El rey planeta'.

    Curiosamente, la fecha en que vino al mundo el futuro Felipe IV coincidió ese año con la celebración del Viernes Santo, precisamente en Valladolid, una ciudad en la que la Semana Santa gozaba de gran importancia desde el siglo XV.

    Por aquel entonces estaba en la capital el escritor portugués (en 1605 el país vecino formaba parte de la conocida como Monarquía Católica o Hispánica) Tomé Pinheiro da Veiga, quien dejó testimonio escrito de sus vivencias en la Corte en su libro 'La Fastiginia', el cual se constituye como una fuente notable para conocer cómo era la Semana Santa vallisoletana de principios del XVII.

    La primera procesión era la del Domingo de Ramos, que salía de la iglesia de La Vera Cruz con el Paso de 'La Borriquilla', y por la calle de Platerías llegaba a la Plaza Mayor, donde estaba el Convento de San Francisco, en el que se vendían palmas y ramos. Terminada esta ceremonia se llevaba el paso de 'Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén' por el claustro de Santa Juana y el patio de la iglesia, para después de entrar en ella con su Cofradía a La Vera Cruz.

    El Miércoles Santo por la noche se trasladaban los pasos desde las iglesias donde se veneraban hasta las que iban a ser puntos de partida de los cortejos procesionales.

    JUEVES SANTO

    De acuerdo con Pinheiro da Veiga, el Jueves Santo por la tarde partía de la Trinidad una procesión que incluía los pasos 'La Oración del Huerto', con los discípulos y el ángel; el de 'La Prisión', y el de 'Nuestra Señora al Pie de La Cruz', con Cristo en Brazos y Las Marías.

    Desde la Trinidad, la procesión, a cargo de la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo, se acercaba al Palacio Real, donde nació Felipe IV, y regresaba por la calle de la Platería y Plaza Mayor --antigua plaza del Mercado--.

    Acabada ésta, del desaparecido convento de San Francisco (ubicado en la Plaza Mayor), partía otra en dirección al Palacio Real por la Platería y Cantarranas, a cargo de la Cofradía de la Vera Cruz y compuesta por los pasos de 'La Cena', 'La Oración del Huerto', 'La Santa Verónica', 'La Crucifixión', 'La Lanzada de Longinos a Caballo', 'El Descendimiento' y 'Cristo Nuestro Señor en Brazos de La Virgen'.

    Ya en la mañana del Viernes Santo, de la Merced Descalza partía una procesión hasta el Palacio Real de manos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad, en tanto que de San Agustín, con muchas cruces negras, partía la de la Cofradía de Jesús Nazareno. Por la tarde, de San Pablo partía la procesión de La Soledad, de la Cofradía de Nuestra Señora de Las Angustias.

    'La Fastiginia' fue redactada en portugués ese mismo año de 1605, aunque aparece ampliada en ediciones de 1607 y 1620. El libro se divide en tres partes, una primera titulada 'La Philipstrea' y dedicada a las fiestas por el nacimiento del príncipe Felipe; la 'Pratología o Baratillo cotidiano', acerca "del trato, buena conversación y desenvoltura de las damas", y la 'Pincigrafía' --en alusión al antiguo nombre de Pincia asociado a la capital-- o "descripción e historia natural y moral de la corte vallisoletana".

    Se da la circunstnacia de que en Castilla existía la creencia, como recoge con cierta burla Benito Jerónimo Feijoo en su 'Teatro Crítico Universal', de que los nacidos en Viernes Santo --como el propio Felipe IV-- eran zahoríes, personas a quienes se atribuye la facultad de descubrir lo que está oculto, especialmente manantiales subterráneos, o que descubre o adivina fácilmente lo que otras personas piensan o sienten.

    Lo fuera o no, los 44 años de su reinado lo convirtieron en el rey de España con más años de reinado hasta el momento --sólo superado posteriormente por Felipe V y Alfonso XIII--, un periodo que marcaría el fin de la hegemonía española en Europa certificada en los acuerdos de paz de Westfalia (1648) y de los Pirineros (1659).