12 de julio de 2020
12 de abril de 2006

El pegamento natural más fuerte podría usarse como adhesivo médico

BLOOMINGTON (ESTADOS UNIDOS), 12 Abr. (EUROPA PRESS) -

Una bacteria que vive en los ríos, arroyos y acueductos, denominada 'Caulobacter crescentus', usa el pegamento natural más fuerte para permanecer en un sitio, según una nueva investigación realizada por científicos de 'Indiana University Bloomington' y 'Brown University' publicado en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS). Hipotéticamente, podría producirse en masa y utilizarse para cubrir superficies en casos médicos y de ingeniería.

Los investigadores descubrieron que debían aplicar una fuerza de aproximadamente un micronewton para mover a la bacteria de una pipeta de cristal. Como 'C. crescentus' es tan pequeña, la fuerza de un micronewton genera una tensión enorme de 70 newtons por milímetro cuadrado. Esa tensión, que la adhesión bacterial puede a veces resistir, equivale a cinco toneladas por pulgada cuadrada. Por contra, un pegamento comercial 'super' se rompe cuando se ejerce una fuerza de entre 18 a 28 newtons por milímetro cuadrado.

"Hay aplicaciones obvias gracias a que este adhesivo funciona en superficies húmedas", dijo el bacteriólogo de la 'Indiana University Bloomington' y co-director del estudio, Yves Brun, citando como una posibilidad su utilización como un adhesivo quirúrgico biodegradable.

El otro director de la investigación, el físico Jay Tang de la 'Brown University', agregó que el desafío será producir grandes cantidades de este pegamento. "Usando mutaciones especiales, podemos aislar el pegamento en superficies de cristal. Tratamos de quitar el pegamento lavándolo, pero no funcionó", dijo.

'C. crescentus' se fija en las rocas y en el interior de tuberías gracias a apéndices con polisacáridos (cadenas de moléculas de azúcar). Los científicos exponen en PNAS que este azúcar es la fuente de la tenacidad de la bacteria, con lo que presumen que se pega a las proteínas, aunque aún no se ha confirmado. Lo que sí está claro es que el polisacárido es pegajoso.

Los científicos dejaron a 'C. crescentus' aferrarse al cristal de una pipeta fina y flexible y luego usaron un micromanipulador para atrapar la porción de célula de la bacteria y sacarla directamente fuera de la pipeta, midiendo la fuerza de la tensión. En catorce intentos, los investigadores descubrieron que tuvieron que aplicar una fuerza de entre 0,11 y 2,26 micronewtons por célula antes de despegar la célula.