23 de noviembre de 2019
  • Viernes, 22 de Noviembre
  • 5 de marzo de 2019

    Ellen MacArthur, una vuelta al mundo hacia la economía circular

    Ellen MacArthur, una vuelta al mundo hacia la economía circular
    REUTERS / CHARLES PLATIAU - ARCHIVO

    MADRID, 5 Mar. (EUROPA PRESS) -

    Desde que a los cuatro años navegó por primera vez, Ellen MacArthur (Whatstandwell, Reino Unido, 1976) supo que su gran reto en la vida sería dar la vuelta al mundo a bordo de una embarcación. Su afición por el mar y las aventuras creció a medida que devoraba los libros de la serie de cuentos infantiles Las golondrinas y las amazonas, y sus primeros ahorros, cuando contaba con poco más de diez años, los empleó en comprarse en pequeño bote al que puso por nombre Threp'ny Bit -tres peniques-, que se quedó anclado en su jardín, donde pasaba horas soñando con las olas.

    Tras él llegó un Corribee, un yate de vela, y con solo 19 años completó en solitario la vuelta a Gran Bretaña. Dos años después, lograba terminar, también sola, la carrera transoceánica Mini Transat, lo que le llevó a ser designada Regatista Británica del año y Joven Esperanza de la Vela en Francia, donde residía.

    Los focos comenzaron a centrarse en ella en 2001, cuando con 24 años quedaba segunda en la mítica Vendée Globe, la vuelta al mundo a vela sin escalas y sin asistencia. "Como en mis sueños, hubo partes asombrosas y partes difíciles. Evitamos un iceberg por seis metros", explicó MacArthur durante una charla TED en 2015. Tras 94 días, llegó a meta solo un día y una hora después que el francés Michel Desjoyeaux, pero ya se había convertido en el competidor, hombre o mujer, más joven de la historia de la prueba.

    Fueron tres meses de travesía en los que tuvo tiempo de pensar en su siguiente reto. "Al cabo de seis meses, decidí navegar alrededor del mundo de nuevo, pero ahora no en un carrera, sino para intentar ser la persona más rápida en navegar en solitario alrededor del mundo", recuerda.

    LA VUELTA AL MUNDO EN 71 DÍAS

    Su sueño, sin embargo, no estuvo exento de dificultades. MacArthur fracasó en 2003 en su intento de circunnavegación mundial por un mástil roto en el océano sur, y en 2004 se quedó a una hora y cuarto de romper el récord de cruce transatlántico de este a oeste. En cambio, 2005 le tenía reservado el mayor éxito de su carrera deportiva.

    Para ello contó con la única compañía de Moby, un multicasco de 23 metros de eslora en el que se embarcó a la aventura el 28 de noviembre de 2004 y con el que navegó 27.354 millas náuticas -50.660 kilómetros- los siguientes tres meses. "Cuando recorría el océano austral, por debajo de Australia, las personas más cercanas estaban en la Estación Espacial Europea. Uno está en el mismo centro de la nada", señala.

    Tras ganarle la partida a olas de 20 metros, a fuertes vientos y superar los temibles cabos de Hornos y de Buena Esperanza, haciendo frente a climas extremos en la Antártida, MacArthur completó su hazaña el 7 de febrero de 2005. Pisó tierra 71 días, 14 horas, 18 minutos y 31 segundos después de haber partido en la isla francesa de Ouessant, en el Canal de la Mancha, y establecía el nuevo récord de navegación en solitario sin asistencia y sin escalas, superando en más de un día y ocho horas el del francés Francis Joyon -que en 2008 recuperaría su marca-.

    Solo un día después era nombrada dama comendadora de la Orden del Imperio Británico, segundo grado de condecoración de la Corona, con 28 años, un honor al nivel del que habían recibido los navegadores Francis Drake (1580) y Francis Chichester (1967) tras sus respectivas circunnavegaciones. Francia también reconoció su gesta con su máxima distinción, la de Dama de la Legión de Honor.

    DEL MAR A LA ECONOMÍA CIRCULAR

    La aventura, sin embargo, había dejado un poso mucho más grande en la regatista británica. "Ninguna experiencia en mi vida podría haberme dado una mejor comprensión de la definición de la palabra 'finito'", afirma MacArthur, que recuerda que durante aquellos días tuvo que gestionar sus recursos en un escenario hostil. "La economía mundial no es diferente, es totalmente dependiente de materiales finitos que solo tenemos una vez en la historia de la humanidad", apunta.

    Así, en 2010 abandonó el deporte para centrarse en el "mayor reto" al que ha tenido que enfrentarse: la economía circular, un modelo económico basado en el fomento del reciclaje y en maximizar el valor de los materiales cuando se aproximen al final de su vida útil. Inspirada por ello, ese mismo año echó a andar la Fundación Ellen MacArthur, la precursora y mayor promotora mundial de la economía circular.

    Google, Ikea, Danone, Renault o Phillips son algunas de las grandes marcas que se han sumado al proyecto de la exregatista, que ahora dedica su vida a alertar sobre los problemas del consumo irresponsable y sobre la necesidad de apostar por modelos sostenibles que, entre otras cosas, ayuden a vaciar de plástico los océanos que durante años se dedicó a surcar.