12 de agosto de 2020
22 de marzo de 2020

Gestas del deporte (VI): Kilian Jornet y sus dos Everest en una semana

Gestas del deporte (VI): Kilian Jornet y sus dos Everest en una semana
Kilian Jornet culmina su ascensión al Everest - PRENSA KILIAN JORNET - ARCHIVO

BARCELONA, 22 Mar. (EUROPA PRESS) -

Encumbrarse a uno mismo a lo más alto del planeta una vez no es suficiente para Kilian Jornet i Burgada (32 años), que en 2017 subió dos veces a la cumbre del Everest en apenas siete días, pese a encontrarse con unas condiciones climáticas adversas, y quedándose en su segundo asalto cerca del récord de velocidad, aunque cerrando con éxito su proyecto 'Summits of my life' y hallando un hueco para seguir haciendo historia en la montaña.

"No aparecerá en los libros de alpinismo, ahí no es nadie". A veces el mejor del mundo te puede menospreciar y asegurar que no eres "nadie" para él. La mentalidad de Kilian no es competir contra otros, sino contra sí mismo. Una filosofía que le puede llevar a hacer cambiar la opinión de Reinhold Messner, el considerado como mejor alpinista de la historia.

De momento, Jornet ya tiene un 'ochomil', por duplicado, en su incipiente página de alpinismo extremo dentro de su extenso currículo de triunfos y gestas en carreras de montaña ('skyrunning') y esquí de montaña. El catalán es el mejor en sus dos disciplinas predilectas, y pese a que ser padre pueda 'variar' algo su rumbo, si se lo propone será el mejor en el alpinismo, donde más en contacto puede estar con la montaña; su hábitat natural.

Nació en Sabadell pero se crió en La Cerdanya, en el refugio de Cap del Rec donde su padre ejercía de guía de montaña y guardia. Casi 2.000 metros de altura que ayudaron a desarrollar el animal que Kilian tiene dentro. Es un portento físico, capaz de hacer cosas inimaginables para la raza humana, como hacer una primera cumbre de 3.000 metros a los 3 años, cuando subió el pico Mulleres. "Para mí era normal hasta que vi que no", reconoce su madre, Núria Burgada.

En un entorno pirenaico que era su patio de juegos, viviendo al lado de una estación de esquí nórdico, Kilian pronto encaminaría su vida hacia el deporte de montaña, pero siempre siguiendo sus propias normas. Cuando se hizo un nombre y fue mediático, paró. Cuando se dio cuenta, en la veintena, que había ganado todas las carreras de montaña que había anotado en una lista de sueños cuando era pequeño, se vino abajo. Una mentalidad única, especial.

Se puede ser conformista en esta vida, seguir por los caminos establecidos previamente por la sociedad, o se puede optar por buscar nuevas vías que te lleven hacia más allá de tus sueños. Y Kilian Jornet alcanzó antes de los 30 todas sus metas y optó por crearse un proyecto a medida con el que dejar atrás una época autodestructiva, como describe su propia madre, e ir en busca de una cumbre que le dijera bien alto y claro: 'Kilian, está todo por hacer'.

"Fue un momento más de tristeza que de alegría. Ya había conseguido mis sueños", reconocía Kilian en la película 'Path to Everest' que recoge el punto final a su proyecto 'Summits of my life', la nueva meta que le sacó del pozo, le alejó de su 'yo oscuro' y le llevó a la luz, a coronar por dos veces el Everest.

Y es que esa cima que le tenía que cambiar la vida era el techo del planeta, con sus 8.848 metros. Y la coronó dos veces en apenas siete días, algo casi imposible para cualquiera pero no para Kilian Jornet, a quien el 'sherpa' Pubra --que ha hecho cumbre en once ocasiones-- le dijo, a los pies del Sagarmatha o Qomolangma, Everest para occidente: 'Tú no ser persona, tú mono'.

Contra las inclemencias climáticas, contra la media de cuatro días que alpinistas ya expertos tardan en alcanzar la cumbre más alta del Planeta, contra las alucinaciones o edemas cerebrales que puedas encontrar en un camino lleno de placas de nieve y hielo, de avalanchas. Contra todo ello luchó Kilian, en solitario y sin oxígeno embotellado, sin teléfono por satélite, casi sin material, para hacer dos cumbres, nocturnas ambas, y hacer historia.

Quizá no haya sido el más rápido en hacerlo. El austriaco Christian Stangl subió en 2006 del Campo Base Avanzado (CBA) a la cumbre del Everest y volvió al punto de origen en 22 horas y 42 minutos, rebajando en tres minutos el tiempo hecho por el italiano Hans Kammerlander en 1996. Pero son hazañas poco comparables, ya que Jornet, antes de dejar el 27 de mayo de 2017 en 28 horas y 30 minutos su tiempo, había hecho siete días antes, el día 20, una primera cima.

El proyecto 'Summits of my life' le tenía que llevar a romper récords de velocidad en ascenso y descenso de montañas míticas llevando el mínimo de material, corriendo casi 'a pelo'. Siguiendo el camino iniciado, sin saberlo, su ídolo Bruno Brunod. Rompió esos récords en el Cervino, el Mont Blanc, el Denali (Monte McKinley) y el Aconcagua, pero no pudo hacerlo en el Everest.

Aún así, la gesta es tan grande como colosal era el escenario. Hacerlo por duplicado, en solitario y sin guías ni cuerdas fijas ni oxígeno, no estaría al alcance de nadie más. ¿Que puede darle más heroicidad? Pues tener diarreas en el primer ascenso, o combatir un fuerte viento que anuló las tentativas de hacer cumbre del resto de expediciones en el segundo. Intentaron ubicar y detener a Kilian, pero este, sin conexión alguna con el mundo, tiró igualmente hacia arriba.

El primer ascenso lo inició en el monasterio de Rongbuk, a unos 5.100 metros y a unos 22 kilómetros de distancia del Campo Base Avanzado. Su idea era subir y bajar el Everest desde Rongbuk en 30 horas. Su malestar y el mal tiempo dejaron en 38 horas el recorrido entre el monasterio, la cima y el Campo Base Avanzado, donde se detuvo. "Me sentí mareado, pero contento de hacer cima y ver la puesta de sol tras el Lothse", comentaba Jornet sobre esa primera cumbre.

Fue el 20 de mayo, y el 27 de mayo emprendió casi sin aviso un segundo intento, también un éxito. Partiendo esta vez desde el CBA, tardó 17 horas en llegar a la cumbre del Everest, y 28 horas y media en completar todo el trayecto. Cerca del récord, pese a ese viento infernal, y con ganas de repetir. Si cuando tachó los nombres de la lista de carreras por ganar se sintió vacío y triste, esta vez no.

"No he terminado triste. He cumplido un sueño en el Everest y no estoy triste porque creo que un proyecto acaba bien cuando te abre puertas, y te hace soñar más. Y este 'Summits' ha acabado diciéndome: 'Está todo por hacer, nada es imposible'. Y creo que esto es precioso", reconoció Jornet.

Palabras que apuntan a nuevos desafíos tras culminar las cimas de su vida ('Summits of my Life'); superando una línea fina ('A Fine Line'), dejándose vivir (Déjame Vivir') y ayudando al Nepal ('Langtang') tras los terremotos que anularon en 2015 su intento de culminar su obra en su camino al Everest ('Path to Everest'). Los títulos son los de las películas que recogen su aventura, grabadas y producidas por su compañero y amigo Sébastien Montaz.

Pero su vida no es ficción, y tiene muchas más imágenes que captar. Desde su solitaria casa en Noruega, donde vive con su pareja Emelie Forsberg y su hija, entrena como quiere y se prepara para hacer mella en el alpinismo más puro, el alpino. Ha empezado por el techo del mundo y tiene la 'espinita' del récord, pero también puede abrir nuevas vías en ese u otro pico y hacerlo como quiera.

"Mi interés por Kilian como alpinista crecerá cuando encuentre nuevas líneas y rutas y deje de cronometrar lo que hace", le lanzó Reinhold Messner, el 'mesías' del alpinismo, el primero en coronar los 14 'ochomiles' del Planeta, el pionero de llegar al Everest sin oxígeno en 1978 y el primero en hacerlo en solitario, dos años después. ¿Aceptará Kilian el reto? "Nada es imposible".