4 de julio de 2020
3 de junio de 2009

Una estadounidense se reencuentra con su hija en El Cairo tras una larga batalla judicial de 12 años

NUEVA YORK, 3 Jun. (del corresponsal de EUROPA PRESS, Emilio López Romero) -

Sarah tenía tres años cuando en 1997 se montó en un avión rumbo a Egipto. Iba a visitar a su familia paterna pero no sabía que el billete sólo era de ida y han tenido que pasar 12 años, y una larga batalla judicial de por medio, para poder reencontrarse con su madre.

Janet Greer, de nacionalidad estadounidense, ha visto cumplido su sueño este mismo miércoles en El Cairo, después de que la familia de su ex marido aceptara el reencuentro entre madre e hija, que se produce unas horas antes de que el presidente, Barack Obama, inicie una visita oficial a Egipto.

Fue la Embajada de Estados Unidos en El Cairo la que confirmó el reencuentro de Greer con su hija, que en la actualidad tiene 15 años, gracias a las gestiones del Departamento de Estado, con Hillary Clinton a la cabeza, y la intercesión del ministro del Interior egipcio, según informa la cadena ABC.

Todo comenzó un día de 1997, cuando su ya ex marido logró sacar de Estados Unidos a la niña, a la que llaman cariñosamente 'Dowsha', con la complicidad del entonces novio de Janet, quien llevó a la pequeña junto a su padre para pasar el fin de semana. Dos días después no volvió a casa.

O quizá la pesadilla había empezado unos años antes, cuando conoció a Magdy el Gohary durante unas vacaciones en Hawaii. Janet se enamoró del taxista egipcio y en 1994 nació Sarah. Meses después se transformó en una relación violenta que terminó en una separación.

Después de varios años de demandas, un tribunal egipcio concedió la custodia de la niña a su madre en 2005, pero El Gohary pasó entonces a utilizar su extensa red de contactos familiares para impedir que se ejecutara el fallo.

Y de un día para otro Sarah, que pasó a llamarse Aiya y a quien tiñeron su cabellera castaña de color negro, empezó a desaparecer misteriosamente cada vez que las autoridades iban en su búsqueda para cumplir la orden judicial.

"Quiero mirar a sus ojos. Verla antes de morir", afirmaba Janet hace unos días desde su vivienda en la localidad de Asheville, en el estado de Carolina del Norte. "Es mi única hija. Sólo quiero verla, necesito ver a mi hija", añadía entre lágrimas. Ahora las lágrimas seguro que tienen otro significado.