7 de junio de 2020
11 de diciembre de 2008

Policías resaltan las versiones dispares dadas por la acusada de asesinar al bebé en la guardería de El Ejido (Almería)

ALMERÍA, 11 Dic. (EUROPA PRESS) -

Dos de los policías nacionales del Grupo de Homicidios que intervinieron en las diligencias de investigación incoadas tras la muerte en 1996 del bebé de 14 meses en una guardería ilegal de El Ejido (Almería) subrayó hoy ante el jurado popular las versiones dispares que la cuidadora y acusada de asesinato, M.R.A., ofreció en Comisaría en las 24 horas posteriores a que se consumara el fallecimiento del pequeño.

Durante la tercera sesión de la vista oral que se sigue en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, uno de los agentes relató que, una vez el equipo médico que atendió al menor en el complejo hospitalario de Torrecárdenas confirmó que el daño mortal "era producto de una fuerza brutal y nunca de una caída casual", M.R.A. se limitó a explicar que se lo había encontrado tirado en el suelo y sin respuesta a los estímulos.

Sin embargo, según aseguró, cuando fue detenida un día después apuntó que, al caerse de la tumbona donde estaba durmiendo su cuerpo había impactado con una muñeca de plástico que se encontraba tirada en el suelo, versión a la que ante el segundo agente instructor del atestado en prestar declaración ante la sala añadió que su hijo, de entonces siete años de edad y una niña a la que también cuidaba, podrían haber estado saltando sobre el abdomen de la víctima.

Un tercer efectivo integrado en la Policía Científica confirmaba durante su testifical que la tumbona, que describió más bien como una "cama baja turca", no distaba del suelo más de 30 centímetros y afirmó no recordar si el juguete al que hizo mención la procesada durante su declaración se encontraba junto a ella o si le fue entregado directamente por el marido de M.R.A. cuando se realizó la inspección ocular de la vivienda usada como guardería clandestina.

Menos revelador para la sala fue el testimonio prestado por el hijo de la procesada, quien no aportó ningún dato sobre los hechos que se remontan al 3 de diciembre de 1996 y que precedió en el estrado al pediatra particular del menor, quien pese a estar citado por el letrado de la defensa como testigo, cuestionó que el impacto que, según se recoge en autos, causó la sección mortal de la vena cava inferior no hubiese lesionado antes "órganos más sensibles como el riñón, el bazo o el hígado".

El facultativo, quien describió a la madre, María Dolores L.M., como "muy celosa en el cuidado" de la víctima y rechazó haber detectado signos del maltrato durante los siete meses que lo tuvo bajo supervisión, llegó a insinuar incluso que las lesiones internas detectadas no se hubieran generado "ni siquiera en un accidente de tráfico".

También prestaron declaración los dos cirujanos del servicio de Pediatría del complejo hospitalario de Torrecárdenas que operaron al pequeño. Ambos, de manera contundente y con la expresión "me pone los pelos de punta sólo pensarlo", desmontaron una de las líneas de estrategia procesal de la defensa y rechazaron que la sección de la vena cava pudiese producirse en quirófano.

Ambos, en calidad de testigos, describieron al jurado popular que la citada lesión, así como los desgarros en el mesenterio --membrana que recubre los vasos que irrigan de sangre el intestino delgado-- y el músculo Soax, que "dejaba al aire" la columna vertebral del pequeño, se produjeron debido a una "contusión necesariamente muy fuerte o una agresión brutal que --ahondaron-- se corresponderían con el hematoma externo de seis centímetros de diámetro que tenía en la región sacro lumbar".

M.R.A. se enfrenta a una petición fiscal de 18 años de prisión por un presunto delito de asesinato con alevosía y el pago de una indemnización de 150.000 euros que la acusación particular rebaja en 30.000 euros aunque solicita una pena de 20 años de cárcel al considerar que concurre la agravante de abuso de confianza. La defensa ha interesado un veredicto de inculpabilidad pese al informe forense, prueba de cargo principal en la causa, que relaciona el fallecimiento con un "impacto brutal y voluntario".