10 de abril de 2020
11 de septiembre de 2008

"Activos naturales, instrumentos para la conservación ¿o para el cambio?". Por Cristina García Orcoyen de F.Entorno

"Activos naturales, instrumentos para la conservación ¿o para el cambio?". Por Cristina García Orcoyen de F.Entorno
F.ENTORNO

Si le abandonaran en una isla desierta, ¿quemaría su embarcación para calentarse y atraer la atención, o la conservaría para una posible salvación posterior?. Difícil decisión, ¿verdad?

Sin embargo, pocos nos paramos a pensar cuando tenemos que decidir sobre nuestro planeta. Y me incluyo porque en la mayoría de los casos, no pensamos en las consecuencias ambientales que rodean al dinero una vez que lo tenemos en el bolsillo.

¿Qué opciones le quedan entonces al planeta? Haberlas las hay, aunque algunas todavía suenen a conjuros mágicos. Está claro que necesitamos cambiar las reglas. Las actuales hacen muy difícil un compromiso político cuando deben tomarse decisiones impopulares, uno empresarial en un mercado que no ofrece margen u otro ciudadano basado en la pérdida del bienestar.

Recurramos a los expertos. La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio ('www.millenniumassessment.org') concluyó que dos tercios de los ecosistemas del planeta han sido degradados y ante este hecho, el estudio Globescan Survey of Sustainability Experts ('www.globescan.com/sose_overview.htm'), señala como prioritario la adopción de enfoques de mercado que permitan introducir los activos naturales en las corrientes económicas.

Si fueramos capaces de valorar en euros los servicios que nos ofrece la naturaleza, adquirirían peso para la toma de decisiones políticas, la obtención de financiación, el lanzamiento de nuevos productos y las pautas de consumo. El mercado sería capaz de seguir los intereses de la conservación y hacer de ésta una actividad rentable.

El sector turístico ya ha dado sus primeros pasos basando su oferta en el atractivo natural del entorno. Uno de los máximos ejemplos a nivel mundial es el complejo turístico de Mayacobá, desarrollado por OHL en la Ribera Maya del Caribe mejicano. La interdependencia entre rentabilidad y ecosistema hace que la conservación del entorno sea una prioridad para la viabilidad del negocio.

Este tipo de planteamientos podrían extrapolarse a todas las actividades bajo el lema de "no pérdida neta". Al igual que los bancos de carbono (con un movimiento cercano a los 60 billones de dólares en 2007), comienzan a tener peso mercados en los que intercambiar desechos de uso de capital natural.

Quizá los más extendidos sean los bancos de agua, firmemente establecidos en Australia y Estados Unidos, y también contemplados dentro del Plan A.G.U.A español. En el caso nacional, son los organismos de cuenca quienes buscan concesionarios de agua que estén dispuestos a vender temporalmente sus derechos a otros que quieran comprar su caudal.

El éxito radica en aplicar a la protección ambiental el extraordinario poder que mueve nuestra economía: la rentabilidad. Además, estos instrumentos ofrecen una manera innovadora de gestionar el conflicto naturaleza-humanidad que actualmente vivimos: la demanda de más capital natural creará oportunidades para aquellos que se dediquen a conservarlo y la eficiencia en el uso de recursos naturales impulsará la innovación.

No pequemos de exceso de confianza en "Papá Gobierno" y promovamos un marco en el que el sector privado pueda aportar nuevas capacidades financieras y de gestión para la conservación.