1 de abril de 2020
17 de marzo de 2008

RSC.- La CSI denuncia la discriminación laboral y de edad de las mujeres en las maquilas textiles guatemaltecas

Sin derecho a crear sindicatos, despedidas por quedarse embarazadas, sin seguridad ni salud laboral y con tiempo limitado para ir al baño

RSC.- La CSI denuncia la discriminación laboral y de edad de las mujeres en las maquilas textiles guatemaltecas
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MADRID, 17 Mar. (EUROPA PRESS) -

La militante de la Central General de los Trabajadores de Guatemala (CGTG), Silvia Marina Grevalo, denunció recientemente en una entrevista concedida al Boletín de la Confederación Sindical Internacional (CSI) la discriminación por sexo y edad que sufren las mujeres en las maquilas --fábricas cuya producción se exporta-- textiles de Guatemala "hace más de 20 años".

Grevalo fue despedida de una maquila por haber intentado sindicalizar al personal junto con otras compañeras. A su edad, 45 años, le resulta imposible encontrar trabajo en este mismo sector, donde las mujeres son objeto de múltiples discriminaciones.

"El trabajo dentro de las maquilas es durísimo. En principio, las jornadas comienzan a las 7 de la mañana y terminan a las 18:30, pero cuando la producción lo exige hay que trabajar hasta las 22:00", explica Grevalo en la entrevista, que añade que los propietarios "cierran las puertas y no se puede salir". Además, "es dificilísimo conseguir que paguen las horas extraordinarias", y habitualmente se trabaja de lunes a sábado. "Por supuesto, cuando aumenta la producción también hay que trabajar los domingos", apunta.

En materia de derechos sindicales, Grevalo asegura que directamente "no existen", porque cada vez que los trabajadores intentan formar un sindicato se les despide de inmediato. "Los derechos de los trabajadores se violan a diario", sentencia.

La mayoría de las maquilas de Guatemala están relacionadas con el sector textil. Grevalo trabajaba para el grupo SIMSA. Después de su despido, los empleadores cerraron la maquila y no pagaron nunca su indemnización. "Tras ponernos de acuerdo, denunciamos los hechos ante el Ministerio de Trabajo pero no conseguimos nada", recalca. El pasado año cerraron 37 maquilas en el país.

Como a partir del décimo año de actividad los empresarios ya no deben pagar impuestos, una vez que se cumple este periodo cierran y se instalan en otro lugar con otro nombre y el ciclo recomienza. "Cierran las maquilas y nos dejan sin nada", afirma, recordando que sólo en 2007 se quedaron en la calle casi 17.000 trabajadores.

ELEVADO NUMERO DE MUJERES.

Alrededor del 75% de las plantillas de estas maquilas son mujeres, aunque este dato varía de una empresa a otra. Uno de los grandes problemas que tienen las mujeres en las maquilas es la discriminación de la que son objeto según su edad: una vez que llegan a los 40 años se las considera "demasiado viejas para trabajar" y son obligadas a marcharse, porque se cree que ya no son suficientemente productivas. "Los empleadores no toman en cuenta la experiencia que tenemos. La discriminación es clarísima", asevera.

"Ser mujer en Guatemala supone hacer frente a numerosas dificultades; hay muchas mujeres solas que están a cargo de sus hijos y la discriminación es un factor más en contra nuestra. Debido a la falta de dinero, tenemos problemas para mandar a nuestros hijos a la escuela, porque en este país es muy cara. Incluso las escuelas públicas son caras y las familias tienen como promedio cinco hijos", explica Grevalo.

Asimismo, la diferencia salarial entre hombres y mujeres "es una realidad". Por el mismo trabajo, las mujeres perciben 50 quetzales (4,5 euros), por encima del salario mínimo, que es de 1.475 quetzales (aproximadamente 131 euros), mientras que los hombres perciben 150 quetzales (12,5 euros). "El trabajo que hacen es el mismo pero no el salario", sentencia.

La salud y seguridad laboral es también un problema para los trabajadores. Los empleadores no permiten que vayan al baño cuando lo desean. Solamente pueden hacerlo una vez por la mañana y otra por la tarde. "No suele haber un lugar donde comer y cuando llueve, no tenemos donde cobijarnos", añade. "No siempre se nos permite beber agua y ésta a menudo no es potable", remarca.

"Pero sobre todo, se trabaja bajo una enorme presión. Todas las mañanas se les da a los trabajadores una determinada cantidad de piezas que tienen que producir y que equivalen a un salario ya establecido. Todos los días aumenta tanto la cantidad de piezas que los trabajadores se esfuerzan y, por supuesto, no llegan nunca a hacer la cantidad de piezas que se les piden y, por ende, tampoco a percibir el salario que se les anunció", explica.

Además, cuando los empleadores se dan cuenta de que una mujer está embarazada, "la presionan para que renuncie". No se la despide oficialmente, pero se la obliga a irse. "Normalmente deberían tener derecho a dos meses de licencia de maternidad pero luego tienen que reanudar el trabajo y con esos horarios es difícil poder ocuparse de los hijos", asevera.

"Lo fundamental es comenzar por lograr que los trabajadores tomen conciencia de que tienen que luchar juntos para mejorar sus condiciones de trabajo. Unidos podemos lograrlo. Muchos trabajadores se dan cuenta de que el sindicato es algo bueno pero tienen miedo de perder el trabajo", concluye.