27 de junio de 2019
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  • 22 de abril de 2019

    Llegar a acuerdos entre inquilinos y propietarios es posible

    Llegar a acuerdos entre inquilinos y propietarios es posible
    SABADELL

    Buscamos una vivienda que alquilar y finalmente damos con esa en la que queremos vivir. Ahora toca negociar. En esta posición se encuentran muchos arrendadores, pero también los arrendatarios que buscan sacar rendimiento de su inversión previa. ¿Cómo podemos llegar a un acuerdo en el precio del alquiler? Te damos algunas claves a la hora de negociar.

    ¿En base a qué estamos negociando?

    Antes de firmar un contrato de alquiler, es importante saber sobre qué servicios y condiciones partimos. ¿Está internet incluido? ¿El precio del alquiler incorpora la comunidad, o se paga aparte? Y, de ser así, ¿de qué cantidad hablamos? Tener claro qué ofrecemos como arrendatario y qué recibiremos como inquilinos es imprescindible a la hora de hacer ofertas… o recibirlas.

    Podríamos, por ejemplo, sacar la línea telefónica del contrato para hacernos cargo como inquilinos. O cerrar el gas para usar calefacción eléctrica y, con lo que el casero se ahorra de cuota fija, bajar el precio anual del alquiler. Como inquilinos, hemos de cuidarnos de las descripciones ambiguas. Además, todos estos conceptos incluidos en el alquiler deberán aparecer en el contrato.

    ¿Cómo está el alquiler en la zona?

    Realizar búsquedas locales sobre el precio del alquiler nos es muy útil si, como arrendadores, descubrimos que el alquiler mensual es algo elevado. Puede servirnos como palanca a la hora de conseguir mejores condiciones. También para no realizar ofertas descabelladas que hagan perder el tiempo a ambas partes.

    Estas mismas búsquedas servirán al dueño a la hora de fijar un valor mínimo de alquiler que se corresponda con la demanda de la zona, y así no perder un buen trato. De este modo podrá aceptar ofertas coherentes de inquilinos cuando surjan, en base al valor real de mercado.

    En las negociaciones hemos de ser flexibles

    En toda negociación, ambas partes buscan sacar el mejor trato posible, pero hay que hacerse a la idea de que ceder en algunos puntos ayuda a cerrar un buen acuerdo. Un precio cerrado puede ser una barrera a la hora de alquilar nuestra propiedad, y hay más factores además del puramente económico.

    La duración del alquiler, el perfil económico del inquilino o la estabilidad laboral son factores relevantes que nos sirven de apoyo a la hora de negociar. Por ejemplo, un contrato largo puede favorecer al propietario al darle estabilidad y, por tanto, puede servirnos como inquilinos para lograr bajar algo el precio.

    Si como inquilinos buscamos un mejor trato, aportar datos sobre nuestra situación económica puede hacer que el dueño se decante por nosotros en lugar de por otro candidato, aunque exijamos un precio más ajustado. La flexibilidad es importante.

    Negociar sobre el contrato, punto por punto

    Si en el contrato no se establece ninguna duración, por ley esta es de un año más otros cuatro años de “renovaciones forzosas” (a menos que durante estos años alguna de las partes manifieste la decisión de poner fin al contrato). Tras esta prórroga forzosa se produce la renovación automática del contrato durante tres años más. Es lo que se conoce como “prórroga tácita”.

    Sin embargo, la inclusión o no de cláusulas que invaliden estas renovaciones automáticas (o que fijen la fecha de salida de los inquilinos) pueden ser usadas como factor de negociación. Como inquilino podemos conseguir un precio más bajo si pactamos una fecha de salida que dependa de una futura renegociación, quizá porque al dueño le interese tener la casa ocupada con efecto inmediato.

    Además, hay cláusulas que podrían extinguir el contrato antes de tiempo. Por ejemplo, que el propietario necesite la vivienda para usarla para sí mismo. Incluir o no estas cláusulas también pueden negociarse, y con ello subir o bajar el precio del alquiler y sus servicios.

    Llegar a un acuerdo en el alquiler o compra de la vivienda implica negociar y, por tanto, tener que renunciar a alguno de los puntos iniciales para poder ganar en otros. Es importante destacar que, sin acuerdo escrito, siempre tenemos oportunidad de buscar otra opción.


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