12 de noviembre de 2019
  • Lunes, 11 de Noviembre
  • 14 de octubre de 2019

    El Lehendakari afirma que ETA fue "una aberración ética", un "error político" y nunca debió existir

    Se opone a que haya "una exaltación épica del final de ETA, una organización terrorista que dejó 853 víctimas mortales"

    El Lehendakari afirma que ETA fue "una aberración ética", un "error político" y nunca debió existir
    El lehendakari, Iñigo Urkullu, en un acto organizado por la Fundación Sabino Arana en Bilbao.EUROPA PRESS

    BILBAO, 14 Oct. (EUROPA PRESS) -

    El Lehendakari, Iñigo Urkullu, se ha querido dirigir este lunes a las generaciones que sufrieron la violencia de la ETA y también a las venideras, para asegurar que la banda "fue una aberración ética", un "error político", de principio a fin, y nunca debió existir. Además, ha recordado que su Gobierno se ha opuesto a que haya "una exaltación épica del final de ETA, una organización terrorista que dejó 853 víctimas mortales", y ha considerado que es "una tarea pendiente" la autocrítica a su pasado por parte de la banda y la izquierda abertzale.

    Durante la clausura del Seminario 'Miradas antes y después del final de ETA, organizado por la Fundación Sabino Arana, Urkullu ha aseverado que se han opuesto "a las pretensiones de instaurar un sincretismo memorial o una exaltación épica del final de ETA".

    En este contexto, ha explicado que su Gobierno ha desarrollado una política integral para un final ordenado de la violencia. Urkullu ha remarcado que "recurrir a la violencia equivale a sentirse, en última instancia, un dios que decide sobre la vida y la muerte". "Recurrir a la violencia o al terrorismo es un error fatal y radical, error ético, político y democrático", ha manifestado.

    Según ha aseverado, "nadie es dios, nadie puede disponer de los derechos humanos de las otras personas". "Quienes practicaron o apoyaron el uso de la violencia, creyeron que podían decidir sobre la vida de otras personas porque la defensa de 'objetivos superiores' les legitimaba para ello. ETA fue un error de principio a fin. Nunca debió existir. Nunca más debería repetirse una deriva similar", ha añadido.

    A su entender, este es el mensaje de "pedagogía ética para las generaciones que sufrimos esta realidad y es, muy especialmente, el mensaje que queda como legado para las generaciones venideras". "El final de ETA es la ratificación de que nunca debió existir. Confirma que recurrir a la violencia es una aberración ética, un inmenso error político y una pretensión inútil y contraproducente", ha asegurado.

    CONTRIBUCIÓN DEL GOBIERNO VASCO

    El Lehendakari ha afirmado que la contribución de su Gobierno a "cerrar una etapa y abrir una nueva" es el Informe 'Descripción y valoración del papel desempeñado por el Gobierno Vasco en el desarme y disolución de ETA'.

    El presidente del Gobierno Vasco ha afirmado que la banda "ha acabado, pero el rastro de sus consecuencias se extenderá por mucho tiempo todavía". Además, ha recordado que el Ejecutivo no pretendió "atribuirse ningún especial protagonismo en el logro" de la desaparición de ETA. "El final de ETA llegó demasiado tarde como para que nadie pretenda atribuirse méritos. Su desarme y disolución definitiva son el resultado de una acción coral con muchas contribuciones. La del Gobierno Vasco fue una más", ha destacado.

    A su juicio, el fin de la banda "es consecuencia de una larga lista de intentos fallidos y estrategias ensayadas que no dieron resultado". "Realmente, el principal agente catalizador de su final es el empecinamiento de la propia ETA al tratar de prolongar, contra toda lógica y razón, su existencia y su acción terrorista", ha subrayado.

    CONTRIBUCIÓN EN TRES FASES

    Iñigo Urkullu ha especificado que han sido tres las fases de la contribución del Gobierno Vasco al desarme y disolución de ETA: una primera de predisposición abierta, la segunda de colaboración exigente y la tercera de afirmación ética.

    La primera de ellas se extiende desde diciembre de 2012 hasta marzo de 2014. En este sentido, ha recordado que, cuando era presidente del PNV, mantenía contactos con los grupos "facilitadores" en el proceso y que las reuniones con estos y con representantes de la izquierda abertzale permitían confiar en "pasos para un cierre definitivo y ordenado".

    "Tanto mediadores y líderes de la izquierda abertzale como el Gobierno Vasco coincidíamos en el diagnóstico", ha apuntado, para señalar que, conocida la postura del Gobierno del PP, "nada podía esperarse de un marco de relación bilateral entre el Gobierno español y ETA o la izquierda abertzale".

    Por ello, la banda y su entorno tenían que dar "pasos" para el desarme y la disolución, en "el cambio de estrategia en relación con la legalidad penitenciaria y la lectura crítica sobre el pasado", y se auguraba que se iban a dar en los meses siguientes al verano de 2013. Sin embargo, "algunos signos" evidenciaron que "la realidad no iba a coincidir con las previsiones".

    El primero, según ha apuntado, fue la carta que ETA dirigió al Lehendakari en septiembre de 2013, con "abruptas descalificaciones". En su opinión, "la prueba definitiva de que ETA no estaba madura y de que el proceso se iba a prolongar" fue el denominado 'mini-desarme' del 21 de febrero de 2014. El Lehendakari ha manifestado que este 'gesto' había sido adelantado al Gobierno Vasco como "la inminencia de un 'gran paso'", pero fue "menor".

    La fase de 'colaboración exigente' va desde marzo de 2014 hasta el anuncio de la disolución el 4 de mayo de 2018, cuando "la enorme decepción que provoca el 'mini-desarme' de ETA y el incumplimiento de buena parte de los anuncios sobre lo que iba a ocurrir, matizan la posición del Gobierno Vasco".

    En este sentido, ha subrayado que "no se hizo público un comunicado de ETA confirmando que el primer gesto era muestra de una voluntad de desarme 'irreversible, incondicional, definitivo y completo'".

    Además, ha apuntado que el Gobierno decidió no participar en un 'Aiete II', al constatar que no iría acompañado de los pasos definitivos de ETA.

    Es en ese momento, según Urkullu, cuando se abre la segunda fase de 'colaboración exigente', al constatar su Ejecutivo que ETA "va a especular con su final", y se justificaba en que "había distintas sensibilidades".

    "Este es un pretexto universal que se ha utilizado para no moverse o moverse lo menos posible", ha asegurado, para precisar que "el tiempo acabaría confirmando" que la razón "tenía que ver con la tentación de utilizar políticamente el final de ETA" porque "quería seguir negociando con su final".

    Iñigo Urkullu ha asegurado que el Gobierno Vasco "no estaba dispuesto a participar en ese juego" e "hizo valer la capacidad de influencia". "El Gobierno hizo valer su peso a base de mantener, cuando fue necesario, discrepancias y tensiones con los mediadores internacionales y la izquierda abertzale", ha añadido.

    El Lehendakari ha afirmado que esa "colaboración exigente contribuyó a que el desarme y la desaparición fueran definitivos y no se dilatasen en maniobras tácticas o estrategias de dosificación, escenificación y gestión política del final de ETA".

    AFIRMACIÓN ÉTICA

    Sobre la tercera fase de 'afirmación ética', el Lehendakari ha destacado que se pudo constatar "que ni ETA, ni la izquierda abertzale estaban maduras para ofrecer una lectura minimamente crítica" de lo que hicieron.

    En relación con el desarme, el Ejecutivo no participó en los actos organizados en Baiona ni en los actos desarrollados en Cambó, de escenificación del fin de ETA, sino que elaboró la Declaración de Bertiz, junto a la presidenta navarra, Uxue Barkos.

    "Nuestro objetivo era que el componente ético y la consideración que merecían las víctimas de ETA no quedasen relegados a un terreno accesorio o meramente decorativo", ha aseverado.

    Además, ha remarcado que el Gobierno Vasco "contribuyó a que el desarme de ETA fuera legal, definitivo y sin contrapartidas". También
    ayudó a que "las personas presas, su entorno y la izquierda abertzale modificaran su estrategia en relación con la legalidad penitenciaria y dejaran de rechazar sus posibilidades en materia de beneficios penitenciarios y progresión de grados". No obstante, ha admitido que "la política penitenciaria es una tarea pendiente", al igual que una reflexión crítica sobre el pasado.

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