23 de abril de 2019
  • Lunes, 22 de Abril
  • 16 de febrero de 2008

    Un total de 36 presos de la cárcel de Palma siguen un programa de terapia para maltratadores

    PALMA DE MALLORCA, 16 Feb. (EUROPA PRESS)

    Un total de 36 varones que cumplen condena en la cárcel de Palma asisten en la actualidad a un programa de terapia específico para internos condenados por delitos de violencia de género, impartido por dos psicólogas, cuyo mayor trabajo consiste en lograr que estos hombres reconozcan sus delitos y adquieran herramientas para enfrentarse a situaciones de conflicto sin recurrir a la violencia.

    La mayoría de los presos que ingresan en la cárcel por delitos de violencia de género "se resisten" a reconocer su responsabilidad y la derivan en la víctima o simplemente se excusan con cualquier pretexto. Así lo explicó la subdirectora de Tratamiento del centro, Felipa Solís, que señaló que la "negación" de los hechos es muy corriente entre los internos, que en un primer momento "no creen que sean culpables de nada".

    En declaraciones a Europa Press, Solís afirmó que son muy habituales expresiones como "sólo lo hice una vez" o "se lo merecía" entre los hombres que no logran comprender que "en situaciones de conflicto con la pareja hay que buscar alternativas a la violencia para solventar las diferencias".

    Lo más importante, sin embargo, es que haya voluntad para acudir al programa. "Si conseguimos que asistan a terapia y tomen consciencia de su problema, tenemos casi la mitad del trabajo hecho", asegura.

    El programa se lleva a cabo desde el año 2000, cuando se puso en marcha en siete centros penitenciarios españoles como un proyecto piloto. Desde entonces, unos 70 presos han pasado por él en la cárcel de Palma. Con una durada de entre 10 y 12 meses, tiene como principal objetivo lograr que el maltratador aprenda a contenerse en una situación de máxima tensión.

    LA VIOLENCIA NO CONOCE CLASES SOCIALES

    Así, Solís explicó que no hay una clase social o un perfil determinado en el que encasillar a los hombres que pegan a sus parejas, como tampoco existen enfermedades mentales asociadas a este comportamiento. "El hombre que pega a su mujer no está enfermo ni necesariamente es un alcohólico", subrayó.

    En este punto, precisó que sin embargo sí es cierto que el alcohol está muy presente en los episodios de violencia, porque actúa como "deshinibidor" y "potencia la agresividad". "Utilizan el alcohol para atreverse a pegar a la mujer", añadió.

    "El objetivo del programa es modificar su conducta y borrar estereotipos como que la mujer es inferior al hombre o está para cuidar de él", destacó, insistiendo en que no puede afirmarse que se dé más violencia "en las clases bajas". El maltratador es una persona "aparentemente normalizada, con una trabajo y sin una problemática mental", remachó.

    CALCULAR EL ÉXITO DEL PROGRAMA

    Así, Solís señaló que es muy complicado calcular el éxito del programa, puesto que el "mayor éxito" está en lograr que no vuelvan a reincidir, pero es "casi imposible" saber si esto ocurre, porque no se hace un seguimiento posterior a la puesta en libertad del preso.

    En este punto, hizo especial énfasis en la "carencia" de un servicio o recurso externo que sirva de apoyo o control para estos hombres cuando abandonan la cárcel. Por ello, incidió en la necesidad de la puesta en marcha de un programa municipal de ayuda a los maltratadores, adonde la cárcel pueda derivarles, para que se les controle y se les haga un seguimiento.

    Solís pone como ejemplo el Centro de Atención al Drogodependiente (CAD), al que pueden acudir las personas con adicciones, pero en cambio no existe un centro de atención al maltratador. "Estos hombres, pese a ser responsables de su conducta, necesitan ayuda para que dejen de maltratar. Sólo con apoyo psicológico podrá lograrse un cambio de conducta, si no, siempre serán violentos y quien lo pagarán será siempre una mujer", lamentó la experta.