19 de junio de 2019
  • Martes, 18 de Junio
  • 8 de junio de 2019

    Afganistán sigue siendo el epicentro del opio mundial a pesar de una década de esfuerzos

    EEUU lamenta que el tráfico de drogas en Afganistán "se ha caído de la agenda internacional" en las conversaciones sobre el futuro del país

    Afganistán sigue siendo el epicentro del opio mundial a pesar de una década de esfuerzos
    EJÉRCITO DE EEUU

    MADRID, 8 Jun. (EUROPA PRESS) -

    Ninguna de las múltiples iniciativas para disminuir la producción y el tráfico de opio en Afganistán han arrojado más que un "modesto progreso" en un país donde la droga sigue generando una cuarta parte del Producto Interior Bruto y se mantiene como una herramienta imprescindible de supervivencia para gran parte de su población, hasta el punto de que corre el peligro de convertirse en un "narcoestado", según un informe del Congreso de Estados Unidos.

    Los 8.900 millones de dólares (unos 8.600 millones de euros) invertidos desde 2002 por Estados Unidos para limitar el impacto del opio en el país no han conseguido ni reducir la extensión del terreno de cultivo (unas 263.000 hectáreas en 24 de las 34 provincias del país) ni el número de adictos (en 2015, uno de cada diez afganos dio positivo por drogas).

    Al final, solo la sequía y los bombardeos han conseguido mellar el curso de esta epidemia. La falta de agua ocasionó en 2017 que el país registrara una reducción del 20 por ciento en el cultivo de opio pero, a pesar de ello, fue el segundo año más productivo de la década.

    Por su parte, los ataques aéreos ejecutados por Estados Unidos entre noviembre de 2017 y mayo de 2018 solo costaron a los insurgentes talibán que tienen bajo control los campos de opio unos 86 millones de dólares en pérdidas. Las familias recolectoras obtuvieron, de todos modos, unos 600 millones de dólares de beneficios.

    LA SEGURIDAD DEL OPIO

    "No le tengo miedo a nadie. Mientras estamos cultivando opio nadie puede hacernos daño", asegura a Reuters Mohamad Ahmadi, un joven recolector de la provincia de Kandahar, en el sur del país, una de las grandes zonas de conflicto.

    Con lo obtenido por el opio, Ahmadi se basta para dar de comer a una familia de 14 personas. El joven, además, apunta a otro factor importante: la falta de apoyo institucional. "Yo querría seguir estudiando pero si el Gobierno no me ofrece empleos, qué remedio me queda", explica.

    A su modo, las autoridades estadounidenses coinciden por completo con Ahmadi. "A pesar de ciertos progresos, la constante incapacidad institucional a todos los niveles de gobierno está lastrando el desarrollo del país y los esfuerzos para reducir la producción y la venta de drogas", explica el informe del Congreso, "la misma incapacidad que forzó la cancelación de la Iniciativa de Buenos Resultados, un programa de recompensas a aquellas provincias que consiguieran bajar su producción de opio".

    "Simplemente", añade por su parte del jefe antinarcóticos de la provincia, Gul Mohamad Shukran, "no estamos capacitados para aniquilar el cultivo de opio en el país". Una tarea cada vez "más y más difícil", según explica también a Reuters el viceministro del Interior Mohammad Hashim Aurtaq, por el incremento de los combates en la provincia.

    EL FACTOR TALIBÁN

    Los insurgentes, que llegaron a anunciar públicamente hace casi 20 años la prohibición del cultivo de opio en el país, han dejado caer que podrían repetir su decisión si se cumple una de sus demandas más importantes en las actuales conversaciones de paz: la posibilidad de acceder a cargos en el Gobierno afgano, algo que las autoridades de Kabul consideran innegociable.

    Otro factor en contra: muchos talibán locales se muestran reticentes a acabar con este sistema económico clandestino del que forman parte y reciben 'tajada'. Desde el grupo se escudan en que cualquier descenso de la producción afectaría negativamente a las familias. "Supondría ir contra los pobres, y ahora mismo no es el momento adecuado", explica su portavoz, Zabibulá Muyahid. Así que la política actual y a corto plazo sobre el cultivo de opio es la de "ni prohibirlo ni alentarlo", de acuerdo con Muyahid.

    El tercer y más importante factor, sin embargo, reside simplemente en la propia dinámica del narcotráfico, ajena a cualquier tipo de progreso. "Un acuerdo de paz no va a cambiar nada", apunta el informe del Congreso, que recuerda el caso de Colombia.

    "Firmaron la paz con (las guerrillas de) las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 2016. Un año después, el cultivo de cocaína batió un récord histórico. Afganistán corre el peligro de convertirse en un narco-estado, con o sin proceso de paz", añade el documento, que termina con aciagas perspectivas. Todas las partes están dando el proceso por casi imposible.

    "El tráfico de drogas en Afganistán se ha caído de la agenda internacional. El Departamento de Estado de EEUU ha dejado de desarrollar una iniciativa específica. La agencia para ayuda internacional (USAID) ha cancelado sus programas contra los narcóticos en Afganistán. El Departamento de Defensa de EEUU se ha desentendido, el Ministerio de Antinarcóticos afgano se ha disuelto en el Ministerio del Interior, y el Gobierno afgano deja actuar a los grandes traficantes porque hay gente en ese país, gente con poder, que sigue por encima de la ley", sentencia el informe.

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