16 de enero de 2021
26 de agosto de 2018

El aumento de la violencia étnica en Etiopía amenaza la ola de reformas del primer ministro

El aumento de la violencia étnica en Etiopía amenaza la ola de reformas del primer ministro
REUTERS / TIKSA NEGERI - ARCHIVO

La elección de Abiy Ahmed ha reavivado conflictos históricos donde los jovenes de su etnia, los oromo, aparecen con ganas de ajustar cuentas.

CHELELEKTU, 26 Ago. (Reuters/EP) -

El incremento de la violencia étnica en Etiopía está emergiendo como una de las principales amenazas a la ola de reformas que intenta poner en marcha el nuevo primer ministro del país africano, Abiy Ahmed. Los enfrentamientos han desplazado a casi un millón de personas en los últimos cuatro meses en el sur del país y se están extendiendo por otras regiones.

Según algunos observadores, la elección de Ahmed se encuentra directamente relacionada con este aumento de la tensión. Jóvenes del grupo étnico del primer ministro, los oromo, se han envalentonado por su ascenso y están atacando a otros grupos en venganza por años de marginación.

Este estallido también está relacionado con la confusión que reina en el aparato de seguridad de Etiopía, uno de los objetivos de la reforma de Ahmed. La profesora de Ciencias Políticas de la universiad de Addis Abeba, Asnake Kefale, cree que "algunas personas se han aprovechado de esta situación", dijo.

El Gobierno etíope se enfrenta así a los llamados "qeerroo": los jóvenes oromo implicados en el movimiento de protesta en los últimos tres años que culminaron con la renuncia del ex primer ministro Hailemariam Desalegn.

Los "qeerroo" tiene como objetivo a gente como Tihun Negatu, que escapó de un ataque contra su aldea en junio. Ella y sus dos hijos han estado viviendo en una escuela convertida en refugio, usando la ropa en la que huyeron.

"El Gobierno no está dispuesto a llevarlos ante la justicia", lamenta Negatu en referencia a los oromo que expulsaron a su comunidad agrícola de sus tierras y quemaron su casa, así como un bar que ella dirigía.

El Gobierno niega hacer la vista gorda. El jefe de la Administración Federal para la Gestión de Desastres, Mitiku Kassa, ha asegurado que se ha formado un comité de ministros y funcionarios regionales para supervisar los esfuerzos de rehabilitación y reconciliación. Casi 400 personas en Oromiya han sido arrestadas bajo sospecha de incitar a la violencia entre gedeos y oromos. Sin embargo, "si no se detienen por completo, tales incidentes son muy peligrosos para el país, ya que pueden extenderse", ha avisado.

CAMBIOS

Uno de los movimientos más audaces del mandatario ha sido aflojar el control de un estado que había gobernado con mano de hierro. El primer ministro ha mantenido que es necesario cortar de raíz los abusos de las fuerzas de seguridad, se ha levantado el estado de emergencia y se han liberado a miles de presos políticos.

Abiy, de 42 años, fue designado por el gobernante Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF) para aliviar las tensiones étnicas y atraer a los jóvenes descontentos. Los radicales cambios, sin embargo, han despertado conflictos históricos sobre la tierra, los recursos y el poder local. Las divisiones étnicas subyacentes también se han disparado.

Los gedeos, que han vivido como minorías en la actual Oromiya durante generaciones, dicen que aunque han sido víctimas de la violencia de los oromos en el pasado, los peores ataques comenzaron un día después de que Abiy asumiera el cargo. Desde entonces, el primer ministro ha recorrido Etiopía extensamente, pero no ha visitado las zonas de los combates.

"Es difícil que la gente confíe en su retórica a menos que prácticamente trabaje para lograr una paz duradera para todos los etíopes, independientemente de su origen étnico o religioso", explicó recientemente un grupo de gedeos en la diáspora en una carta abierta a Abiy.

En una declaración realizada esta semana, el primer ministro reconoció la naturaleza puramente criminal de parte de la violencia: "Los cambios han traído la justicia de la mafia, alimentada por algunos segmentos de los jóvenes en algunas áreas, socavando el estado de derecho".

Este mes, las multitudes saquearon propiedades pertenecientes a minorías en la capital de la región de Somalí, Jijiga. El gobierno federal reconoció que los disturbios habían sido avivados por los funcionarios regionales enfrentados con las autoridades en Adis Abeba.

A principios de este mes, un hombre fue linchado y colgado boca abajo en una plaza pública en la ciudad de Shashemene, en Oromiya, por una turba que sospechó erróneamente que portaba una bomba. La Policía se quedó "de brazos cruzados", según un testigo presencial.

La violencia plantea preguntas sobre la estructura del Estado: una república federal donde los límites regionales se volvieron a trazar sobre las líneas étnicas en 1994.

Aprovechando el poder después de una larga guerra de guerrillas, el EPRDF ha indicado que el acuerdo permitiría empoderar a los grupos étnicos marginados. Los críticos dicen que ha erosionado la unidad nacional.

"La naturaleza étnica de nuestra política ha enfatizado nuestras diferencias en los últimos 27 años", dijo el político opositor Lidetu Ayalew. "Tenemos que encontrar una salida a esto si este país va a permanecer intacto".

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