2 de diciembre de 2020
12 de enero de 2020

La autoescuela femenina de Mazar-i-Sharif, emblema de la lucha contra el tabú de la dependencia masculina

KABUL, 12 Ene. (Xinhua/EP) -

El carnet de conducir se ha convertido en un objetivo prioritario para muchas mujeres de Afganistán, emprendedoras e inmunes a la presión social en un país donde este derecho rara vez es ejercido dada la violencia reaccionaria contra la mujer.

No hay demostración más evidente de este deseo que la rutina diaria en la autoescuela de Mazar-i-Sharif, la capital de la provincia de Balj, en el extremo norte del país. Allí, el departamento provincial para Asuntos de la Mujer ha puesto en marcha una iniciativa para facilitar el aprendizaje de las mujeres en el centro Emroz va Faraday-e-Darajsan (Luminoso hoy y mañana).

"Vivimos en una sociedad tradicional y los hombres no dejan de ponernos obstáculos y pegas a nuestras ganas de conducir. Es cuestión de echarle valor para lograr lo que queremos", ha declarado una de las estudiantes, Munira Ghanizada.

La alumna ha constatado un aumento de los centros de conducción durante los últimos años en todo el país; un crecimiento que está alcanzando un punto de ebullición suficiente como para "romper de una vez este tabú y otras malditas tradiciones en Afganistán".

El centro al que acude ha adiestrado a unas 300 mujeres en los últimos tres años, señal de que esta práctica se está extendiendo más allá de la capital, Kabul -- donde 1.189 mujeres recibieron el carnet entre 2012 y 2016 -- hasta las remotas provincias fronterizas del país a base de ejemplos.

"La única mujer taxista del país está trabajando aquí, en Mazar-i-Sharif, y lleva su propio negocio y está ayudando a su familia a sobrevivir", explica otra de las alumnas, Saliha. "Este programa ha hecho maravillas por nosotras en la provincia de Balj", añade.

SARA BAJAI, TAXISTA DE PROFESIÓN

La taxista es Sara Bajai, de 44 años y seis como conductora en la ciudad. "Estoy orgullosa de ser taxista", sostiene. "Estoy sirviendo a mi Afganistán, a mi pueblo. Las mujeres, principalmente, se siente muy cómodas viajando en mi coche", explica, antes de incidir en que si hubiera más mujeres taxistas, utilizar un servicio de este tipo sería más seguro para ellas. Gana al día entre 500 y 1.000 afganis (entre 7 y 15 euros).

"Cuando mis pasajeros son hombres, les hablo de los derechos de las mujeres, lo que generalmente les lleva a decirme amenazas directas y personales. Me dicen: 'No conduzcas o te mataremos' pero no me preocupa. Simplemente sigo con mi día y continúo trabajando", relata.

Además de como taxista, Bajai sigue trabajando como apicultora y produce cada año unos 40 kilos de miel con sus colmenas. "También tengo colmenas, que dan muchos beneficios. Las mujeres deberían implicarse en esto también. Impulsaría su economía y ayudaría a sus necesidades económicas", señala.

En su cuenta de la red social Facebook, Bajai se presenta como titulada por la Universidad de Balj y muestra fotos en las que aparece con su taxi, algunas de las entrevistas que ha concedido y una intervención suya en una conferencia sobre el liderazgo de las mujeres afganas, entre otras instantáneas.

La cadena de televisión Tolo News, uno de los medios que ha destacado su ejemplo, ha subrayado que Bahai ilustra "la fortaleza de las mujeres que son independientes y valientes" porque ayudan a sus familias "rompiendo los tradicionales tabús".

El programa cuenta con la coordinación del Departamento de la Policía de Tráfico de la provincia. De hecho, varios agentes ejercen también como profesores de autoescuela, pero las mujeres no están del todo cómodas y prefieren tener a mujeres como profesoras.

Para Hamida, una de las profesoras, esta actitud obedece a un deseo de romper el hábito de dependencia masculina en la sociedad afgana. "Tenemos una enorme cantidad de problemas en este país. Los hombres siguen sin aceptar que las mujeres somos parte de esta sociedad. La clave es insistir hasta minimizar estos problemas", asegura.

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