7 de abril de 2020
17 de marzo de 2008

China/Tíbet.- Las protestas en Tíbet salpican al Dalai Lama, a quien los activistas acusan de adoptar una postura tibia

Beijing advierte de que los intentos independentistas no triunfarán

BEIJING, 17 Mar. (EUROPA PRESS) -

Las protestas y la consiguiente represión por parte del Gobierno chino que se desarrollaban estos días en Lhasa y en otros puntos de Tíbet han llegado incluso a salpicar al Dalai Lama, a quien los activistas protibetanos han acusado de mantener una postura conciliadora frente a China. Por su parte, el gobernador de Tíbet, Qiangba Puncog, anunció que las autoridades serán más indulgentes con los manifestantes que se arrepientan de sus actos y advirtió de que los intentos independentistas no triunfarán.

Los líderes de las protestas subrayaron que la postura del "camino del medio" que defiende el líder espiritual no es compartida por la mayoría de los tibetanos. Pese a todo, expresaron su veneración hacia él. El Dalai Lama defiende un Tíbet verdaderamente autónomo dentro de China, mientras que los manifestantes quieren la independencia completa.

"El camino del medio existe desde hace 20 años y no ha salido nada de ello", afirmó el presidente del Congreso de la Juventud Tibetano, Tsewang Rigzin, ante la prensa en Dharamsala (India), donde cientos de tibetanos se manifestaron con velas en sus calles y monasterios.

Mientras, China mantiene una postura dura que ha transmitido a través de las declaraciones del gobernador de Tibet, quien anunció que los manifestantes tibetanos que cometieron crímenes graves serán tratados con dureza, pero aquellos que muestren arrepentimiento y delaten a sus conciudadanos recibirán algo más de indulgencia. En la medianoche de ayer se venció la hora límite para que los alborotadores se entregaran.

Puncog se refirió a los incidentes de la semana pasada en Lhasa y en las provincias chinas vecinas a Tíbet declarando que "el Gobierno ha manejado el asunto dentro de los límites de la ley" y defendió su actuación alegando que "ningún otro país habría permitido esta violencia".

También insistió en que no es verdad que se lanzaran disparos durante los disturbios, aunque los testigos aseguren lo contrario, y que se aplicará una política de "tolerancia cero" con los insurgentes. Puncog dijo que las fuerzas de seguridad chinas no utilizaron armas letales contra los manifestantes alborotadores de Lhasa, pero admitió que la Policía antidisturbios utilizó gas lacrimógeno y agua a presión para disuadir a la multitud, que causó múltiples destrozos materiales.

Asimismo, desveló que en los incidentes murieron trece "civiles inocentes" y que decenas de miembros del cuerpo de seguridad resultaron heridos. Sin embargo, los representantes de los exiliados de Tíbet en Dharamsala, India, aseguran que el número de fallecidos en Lhasa es de 80.

Asimismo, desde regiones como Aba, en Sichuan, fuentes independientes han informado de la muerte a balazos de al menos 18 personas, entre las que se incluían monjes, estudiantes, pastores, así como una mujer embarazada y al menos un niño, de 5 años.

Según Puncog, la mayoría de los fallecidos murieron en los incendios (un total de 300, según la misma fuente) causados por las turbas furiosas de tibetanos. Ninguno de las víctimas mortales sería tibetana, al contrario de lo que aseguran fuentes tibetanas en el exilio, de acuerdo con las explicaciones del gobernador. Entre la Policía no se produjeron víctimas mortales, aunque sí 61 heridos, seis de ellos graves.

Puncog defiende que los disturbios fueron premeditados, planeados y organizados por "fuerzas externas y domésticas de la camarilla del Dalai Lama" y los calificó de "daño serio". El Dalai Lama huyó de Tíbet en 1959, tras un intento fallido de alzarse contra el Gobierno chino. Por este motivo, Beijing le considera un separatista, aunque él afirma que sólo quiere más autonomía para esta región del Himalaya.

A pesar de que la situación se ha calmado, la organización Free Tibet Campaign informa hoy de que, desde Lanzhou, el Ejército chino está organizando un contingente de 20.000 paramilitares que se repartirán por diversas localidades de la provincia de Gansu, entre las que se cita Tsoe (Ganan, en chino), Labrang (Xiahe, en chino), Machu, Luchu o Bora.

LAS PROTESTAS SE DESPLAZAN

Desde Beijing se está transmitiendo el mensaje de que la situación en Lhasa está bajo control. Las autoridades aseguran que las clases se han reanudado hoy y que los comercios y los principales mercados de la ciudad operan con normalidad.

Una vez sofocado, Ejército mediante, el levantamiento de Lhasa, las fuerzas de seguridad chinas se enfrentaron a las protestas en localidades limítrofes con la región de Tíbet y en las que la población tibetana también es mayoritaria, como las provincias de Sichuan, Gansu y Qinghai. Estos incidentes reducen las posibilidades de que se estabilice la situación, amenazando incluso la celebración de los Juegos Olímpicos del próximo verano en Beijing.

Las manifestaciones se desplazaron hoy hasta al capital china, donde entre 50 y 100 estudiantes tibetanos hicieron una "sentada" pacífica en solidaridad con los violentos sucesos registrados en Tíbet. En Beijng, los jóvenes, tiberanos de distintos cursos, se reunieron en el campus de la Universidad de las Nacionalidades, en silencio y con velas.

Esta protesta, en cualquier caso, ha sido mucho menor, y más contenida, que las ocurridas en otros lugares como Lanzhou (provincia de Gansu), donde en la Universidad Nacional del Noroeste cientos de estudiantes tibetanos participaron en una manifestación.

CONTROL DE LA INFORMACIÓN

La maquinaria policial en Beijing ya ha comenzado a hacer mella. En los últimos días ha aumentado visiblemente el número de fuerzas de seguridad apostadas en las calles, y los lugares estratégicos, como embajadas y zonas diplomáticas, cuentan con más guardias que de costumbre.

Entre personas implicadas o interesadas en los acontecimientos, como los periodistas, se ha empezado a generar cierta paranoia, ante la certeza de que el aparato represor ya se ha desperezado y llamadas y correos comienzan a estar pinchados. Las autoridades chinas, según ha denunciado el Club de Corresponsales de China (FCCC), han expulsado a más de una veintena de reporteros de distintas áreas tibetanas y puesto en práctica una interferencia informativa.

Reporteros Sin Fronteras se ha sumado a la denuncia del FCCC, y añade: "La censura en la Red se está transformando en racismo, con comentarios en los que se urge a matar a los separatistas tibetanos, mientras que todas las noticias independientes sobre los acontecimientos están siendo censuradas", reza el comunicado.

REACCIÓN INTERNACIONAL

La comunidad internacional se ha mostrado cauta, absteniéndose de condenar la actuación de las autoridades chinas. No obstante, la Unión Europea (UE) y la Comisión Europea (CE) expresaron una gran "preocupación" por los disturbios e instaron tanto a Beijing como a los manifestantes a contenerse. También solicitaron a las fuerzas de seguridad chinas que se abstengan de utilizar la fuerza.

Además, la Presidencia de la UE emplazó a ambas partes a iniciar un "diálogo constructivo y sustancial con vistas a alcanzar una solución sostenible y aceptable para todos que respete la cultura, religión e identidad tibetanas".

No opina igual Rusia, que pidió a China, mediante un breve comunicado emitido por el Ministerio de Asuntos Exteriores, que haga lo que sea necesario para detener los "actos ilegales" que se están produciendo en Tíbet. También criticó los "intentos de politizar los Juegos Olímpicos", calificándolos de "inaceptables".

"Manifestamos nuestra esperanza de que las autoridades de la República Popular China tomen todas las medidas necesarias para detener las acciones ilegales y asegurar la rápida normalización de la situación en la región", dijo el Ministerio en el comunicado, que reiteraba la posición de Moscú sobre Tíbet al explicar que es una "parte inalienable" de China.