Raúl Castro vota en las elecciones municipales de Cuba
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Actualizado: sábado, 2 diciembre 2017 9:37

Los cubanos solo votan en la fase inicial y el resto del proceso depende de las organizaciones 'castristas'

MADRID, 2 Dic. (EUROPA PRESS) -

Raúl Castro gobierna Cuba desde 2006, cuando su hermano Fidel abdicó en él por problemas de salud. Sin embargo, el poderío de la familia Castro se remonta a la Revolución de 1959. Esta era, que ha marcado la historia de la isla y hasta de la Guerra Fría, llegará a su fin el próximo año, cuando Raúl se despide del cargo. Su sucesor (ya cacareado) se elegirá en un proceso electoral que el Gobierno señala como ejemplo de "verdadera democracia", pero que en realidad controla por completo a través de sus múltiples tentáculos.

El pistoletazo de salida fueron las elecciones municipales del 26 de noviembre. Hace solo una semana más de seis millones de cubanos acudieron a las urnas para elegir a los 27.221 aspirantes a integrar las 168 Asambleas Municipales repartidas por todo el territorio nacional. Y ya no lo harán más. Esa será toda la participación que tendrán en una sucesión clave para el futuro de Cuba.

La Constitución y la Ley Electoral de la isla configuran "un proceso indirecto y escalonado", explica Rafael Rojas, historiador, investigador y profesor cubano residente en México, que ha participado como coordinador en el libro 'El cambio constitucional en Cuba', del Fondo de Cultura Económica, en una entrevista concedida a Europa Press en Casa América.

El primer peldaño de esta escalera electoral son las votaciones municipales de la semana pasada, de las que han salido los candidatos a integrar las Asambleas Municipales. Ya sin intervención directa de los votantes cubanos, los delegados locales serán escogidos por la Comisión de Candidaturas Municipales.

En un segundo nivel, las Asambleas Municipales nominarán a los candidatos a las Asambleas Provinciales, que serán nuevamente filtrados por la Comisión de Candidaturas Provinciales. Los delegados regionales nominarán a los postulantes a la Asamblea Nacional, aunque la decisión final recaerá otra vez sobre la Comisión de Candidaturas Nacionales.

Así se alcanza la cúspide de la pirámide electoral: la Asamblea Nacional, cuyos miembros tienen la responsabilidad de ungir al próximo presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, cargos que acapara la misma persona. En este caso, elegir al sustituto de Raúl y los Castro.

"EL GOBIERNO LO CONTROLA TODO"

El aparato oficialista asegura que esta maquinaria electoral es más democrática que la conocida en las sociedades capitalistas porque --defiende-- la legitimidad descansa en el voto del pueblo cubano (solo a nivel municipal), tal como ocurre con los votantes de otros países, y a partir de ahí se cimienta en la representación indirecta gracias a las comisiones de candidaturas.

Rojas señala que el truco está precisamente en estas comisiones de candidaturas. "El hecho de que el Gobierno no intervenga de forma directa en el proceso electoral no quiere decir que no lo controle. De hecho, lo controla todo a través de las organizaciones sociales del Estado", que son quienes, por ley, integran las controvertidas comisiones.

La Ley Electoral establece que sus miembros procederán exclusivamente de la Central de Trabajadores de Cuba --el sindicato único--, los Comités de Defensa de la Revolución y las asociaciones nacionales de estudiantes universitarios y de enseñanza media, pequeños agricultores y mujeres.

"Estas organizaciones sociales cumplen un papel fundamental en el filtro de los candidatos (...) Esto es lo que explica que la gran mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional siempre sean militantes del Partido Comunista de Cuba (PCC) y que los que no lo son pertenezcan al liderazgo de las organizaciones sociales. O sea, son elecciones del Estado", precisa Rojas.

NI UNO SOLO

Muestra de ello es que este año, a pesar de que ha habido un récord de candidatos opositores en las elecciones municipales, "ni uno solo ha logrado pasar" al siguiente nivel. El primer vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, ya se encargó de anticipar que el Gobierno se había fijado como prioridad "desacreditar" a los aspirantes independientes porque, si superaban esta prueba de fuego, "sería legitimar la contrarrevolución".

La Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y otros grupos opositores han denunciado que el régimen 'castrista' ha recurrido a detenciones arbitrarias, denuncias falsas, acoso e intimidación, y "hasta a la toma de un pueblo", para bien forzarles a retirar su candidatura, bien incapacitarles.

"La seguridad del Estado me amenazó", ha contado a Reuters Abdel Legra. Por su parte, Hildebrando Chaviano se ha descartado este año. En 2015 ya lo intentó y, según su versión, las autoridades electorales alteraron su biografía para decir que tenía vínculos "contrarrevolucionarios".

La oposición también ha denunciado presiones sobre los votantes. La UNPACU asegura que a muchos con simpatía por la disidencia las fuerzas de seguridad que custodiaban los colegios electorales les dijeron que no aparecían en las listas de electores y no les dejaron comprobarlo.

UNA "CAJA DE RESONANCIA"

Ni siquiera los elegidos para formar parte de la Asamblea Nacional tendrán libertad de acción, indica Rojas. El Parlamento cubano "no es un órgano activo, ni en la deliberación ni en el proceso legislativo, es más bien una caja de resonancia del Consejo de Estado y, sobre todo, una plataforma de legitimación" para la cúpula gobernante, explica.

En febrero, cuando se constituya la nueva Asamblea Nacional, su primera tarea será renovar el Consejo de Estado, incluido su presidente: Raúl Castro. Pero "lo hará a partir de las listas diseñadas por el propio Gobierno". El resultado está tan predeterminado que el nombre del próximo líder cubano es de sobra conocido. Se trata del actual 'número dos', Miguel Díaz-Canel.

Habrá relevo en el poder, sí, aunque la oposición y Rojas advierten de que no equivale al fin de los Castro (todavía). Raúl renunciará a la Presidencia del Consejo de Ministros y se mantendrá como secretario general del PCC al menos hasta 2021, por lo que se vislumbran al menos tres años de bicefalia.

La ex presa de la Primavera Negra de 2003 Martha Beatriz Roque alertaba en otra entrevista de que mientras Castro siga a los mandos del PCC seguirá a los mandos de Cuba porque "el partido es el que dirige todo". Para Rojas, todo dependerá del perfil que asuma Díaz-Canel como presidente y, muy especialmente, del poder que Raúl decida retener.

"Si es una Presidencia pasiva, subordinada a la figura del secretario general del PCC, seguramente el control de los tiempos del cambio se mantendrá en manos del sector más inmovilista". Sin embargo, Rojas apuesta por que Díaz-Canel asumirá "un protagonismo mayor" porque "ha estado muy visible durante el proceso electoral y en el área internacional".

"Si eso es así, cabe la posibilidad de que, en efecto, Díaz-Canel se convierta en portavoz del sector más reformista" y cumpla los cambios anunciados a bombo y platillo por el mismo Raúl en 2012 y que han quedado paralizados en el último año por la reversión del diálogo con Estados Unidos.

Entre las transformaciones prometidas, destacan una apertura económica --que está en estado embrionario-- y una ansiada reforma constitucional para reconocer los derechos civiles y políticos que los hermanos Castro han negado a los cubanos década tras década, hasta sumar casi seis, con su "modelo estalinista" de Estado.

Para Rojas, el salto de Cuba al siglo XXI llegará antes o después, de la mano de Díaz-Canel (con el plácet de Castro) o de la mano de los cubanos, que gracias a Internet y al contacto con la diáspora y con las masas de turistas son conscientes del contexto en el que viven. "Esto es irreversible".

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