1 de diciembre de 2020
19 de octubre de 2019

El difícil equilibrio entre la respuesta de emergencia y fomentar la resiliencia en Burkina Faso

El PMA apuesta por soluciones creativas para poder cumplir con este doble objetivo

  • El difícil equilibrio entre la respuesta de emergencia y fomentar la resiliencia en Burkina Faso
Mujeres agricultoras en Burkina FasoWFP/GEORGE FOMINYEN

UAGADUGÚ, 19 Oct. (Por George E. Fominyen, portavoz del Programa Mundial de Alimentos para África Occidental y Central) -

"Cuando llegamos, no sabíamos dónde dormir, por eso el jefe local nos permitió quedarnos", cuenta Tasseré Sawadogo. Antes de verse forzados a marcharse, Tasseré y su familia llevaban una vida tranquila en la localidad de Dablo, en el noroeste de Burkina Faso.

La violencia está aumentando en esta parte del Sahel --una vasta región semiárida que se extiende del oeste al oeste de África desde Senegal a Sudán--. La crisis de seguridad en Burkina Faso es tan grave que corre el riesgo de deshacer gran parte del buen trabajo que el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha logrado en el último año.

El pasado 9 de septiembre, el PMA activó su nivel de respuesta de emergencia más elevado en el Sahel central, que cubre a Burkina Faso, Malí y Níger. El creciente conflicto combinado con la sequía de la estación de carestía, que comenzó en junio, han dejado a más de 5,1 millones de personas en los tres países necesitadas de asistencia alimentaria urgente, 1,3 millones de las cuales se encuentran en Burkina Faso.

Ataques, asesinatos y secuestros se han convertido en algo frecuente en el país. Más de 280.000 personas han tenido que abandonar sus hogares. El acceso para el personal humanitario está restringido en las provincias del norte y el este y en las áreas fronterizas con Malí.

       WFP

El PMA está trabajando con sus socios en proyectos diseñados para las necesidades a medida que evolucionan en el terreno. Esto está permitiendo la asistencia, el despliegue de expertos en operaciones de emergencia a tiempo completo, el refuerzo de las oficinas locales existentes y el establecimiento de las presencia en otros lugares en todo el país.

"Estamos llegando en la actualidad a unos 120.000 desplazados", explica David Bulman, director del PMA para Burkina Faso. "Y estamos incrementando nuestra capacidad para llegar a al menos 210.000 antes de final de año, pero la cifra de desplazados sigue aumentando", subraya.

El PMA se enfrenta al reto de atender las crecientes necesidades humanitarias mientras que protege los resultados obtenidos en materia de resiliencia: actividades de inversión centradas en las mujeres y los jóvenes para apoyar medios de vida, restaurar ecosistemas, crear empleos, forjar la cohesión social y apoyar a las autoridades a la hora de lograr el desarrollo sostenible.

HAY QUE BUSCAR SOLUCIONES CREATIVAS

Salvaguardar los logros en materia de resiliencia mientras que se abordan las crecientes necesidades humanitarias requiere que los equipos del PMA ofrezcan soluciones creativas. En Bissighin, por ejemplo, las comunidades que trabajan con el PMA han integrado con éxito a personas desplazadas como Tasseré y su familia.

Junto con otras 21 familias desplazadas, se les concedió una parcela de tierra que estaba siendo rehabilitada en el marco de la iniciativa 'Comida para la creación de bienes' del PMA en Bissighin, a unos 15 kilómetros al suroeste de Kaya, capital de la región de Centro-Norte. "Ya hemos sembrado", cuenta Tasseré. "Ahora esperamos que las cosechas den fruto. Eso mejoraría nuestras condiciones de vida", añade.

      WFP

El pasado agosto, durante su visita a Bissighin, el director ejecutivo del PMA, David Beasley, fue testigo de mujeres y hombres que trabajaban labrando, sembrando y regando en un amplio terreno comunitario. Hubo sonrisas cuando vieron el maíz y las alubias que brotaban de la tierra.

"La tierra solía estar muy dura, no podíamos usarla", le contó Rasmata Sawadogo. "Ahora soy capaz de cultivar... estamos muy contentos", añadió la mujer, mientras regaba el mijo que había crecido en una media luna cavada en el duro terreno.

Rasmata y su familia figuran entre los más de 1.000 miembros de la comunidad con los que trabajan el PMA, sus socios y el Gobierno para restaurar unas 85 hectáreas de terrenos degradados usando técnicas como las llamadas medias lunas.

SIEMBRA EN MEDIA LUNA

En los lugares donde las lluvias son erráticas, las medias lunas retienen el agua. Durante lo que debería ser la estación seca, reúnen la poca agua de lluvia que hay para que penetre, lo que permite que las semillas germinen.

Esto forma parte del enfoque de Asistencia alimentaria para la creación de bienes del PMA, que prevé suministrar a las familias comida o dinero en efectivo mientras realizan actividades para rehabilitar tierras para mejorar la cosecha. El año pasado en Burkina Faso, 1.424 hectáreas de tierras degradadas fueron rehabilitadas, y se construyeron diez estanques artificiales, con una capacidad de 3.000 metros cúbicos cada uno, con apoyo de las comunidades.

El PMA está ampliando sus operaciones de resiliencia para invertir en la construcción de bienes comunitarios, promover la educación, mejorar la nutrición y la salud, y crear empleos para jóvenes. Busca apoyar a 2 millones de personas en 800 comunidades en los cinco países del Sahel --Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania y Níger-- hasta 2023.

En palabras de su director ejecutivo, David Beasley: "Lo que queremos es generar éxito, sostenibilidad y resiliencia. En unos pocos años más, el PMA no necesitará estar aquí porque la gente se hará cargo de sí misma y serán más fuertes para ello".

Sin embargo, con la continuación de la violencia, los éxitos, sostenibilidad y resiliciencia que se han alcanzado mediante la inversión del PMA corren el riesgo de perderse.