1 de diciembre de 2020
18 de enero de 2020

Dormir sobre el barro y la humedad: el invierno en un asentamiento informal en Líbano

  • Dormir sobre el barro y la humedad: el invierno en un asentamiento informal en Líbano
Los residentes en un asentamiento informal de LíbanoWORLD VISION - ARCHIVO

MADRID, 18 Ene. (Por Isabel Iglesias, directora de Marketing y Comunicación de World Vision) -

Raab Issa es libanesa de nacimiento y se casó con el padre de sus 8 hijos hace ya algunos años. "Él es sirio y vivían felizmente en Damasco donde tenían trabajo y un hogar, acceso a servicios médicos y sus hijos iban a la escuela", traduce mi compañero de World Vision Líbano
mientras ella aguarda mirando al suelo de su tienda en el asentamiento informal del valle de la Beká. "Nuestra vida era normal", añade.

Nadie de la familia tiene la residencia: para tenerla hay que pagar alrededor de 1.000 euros al año por persona, y eso es algo inalcanzable para ellos y para muchos de los más de 1,5 millones de refugiados sirios en Líbano.

Sin la residencia no pueden cruzar los puntos de control y circular libremente fuera del asentamiento para ir a trabajar, por ejemplo. Si no trabajan no tienen ingresos, y no pueden conseguir la residencia, y no pueden ir a trabajar, y no tienen ingresos, y no... mi mente entra en bucle y tengo que hacer un esfuerzo para volver a prestar atención a mi compañero mientras nos sigue traduciendo las palabras de Rabab Issa.

Al poco de estallar la guerra dejó atrás Damasco. Huyó en un coche con sus hijos e hijas mayores (los más pequeños han nacido en el asentamiento) mientras su marido se quedaba en Siria arrestado, le quitaron el dinero y la documentación, pero tras dos meses, pudo salir también del país y reencontrarse con su familia.

Desde entonces viven allí, en esa lona, sobre ese suelo duro que ahora estoy pisando y sobre el que duermen en finos camastros. Ese suelo que en los últimos siete inviernos se ha inundado sistemáticamente, y se ha convertido en un barrizal sobre el que comer o dormir durante los meses más fríos del año.

APENAS HAY TRABAJO

El marido de Rabab Issa a duras penas consigue trabajo dos días a la semana, en lo que encuentra, evitando pasar por los puestos de control para no ser arrestado y en el peor de los casos, ser deportado. Con los escasos recursos que genera su trabajo, la familia tiene que hacer frente al alquiler de la lona en la que habitan, al coste de la luz y de la recogida de basuras, agua, comida...

Me parece imposible, aún con la ayuda que World Vision les ofrece a través de los programas de entrega de efectivo: cada mes disponen de una tarjeta con fondos asignados (unos 300 euros) para ayudarles en los gastos corrientes o en lo que necesiten con más urgencia.

World Vision

Intento imaginar cómo doce personas (el matrimonio, ocho hijos y dos abuelos que viven en la tienda) pueden sobrevivir con eso, cómo es vivir constantemente teniendo que tomar decisiones entre comprar medicinas para un hijo enfermo, o comida, o ropa de abrigo, o una cacerola para cocinar porque la que tienen se ha roto, elegir si comprar combustible para calentar la tienda, o comida... mi mente vuelve a entrar en bucle y de nuevo, tengo que hacer un esfuerzo para volver a prestar atención a la traducción de mi compañero.

Justo en ese momento nos está contando cómo el verano pasado pudieron levantar una capa de hormigón sobre el piso de arena y piedras y, mirando el suelo con una leve sonrisa, relata que espera que este año el agua no entre en la tienda y puedan así permanecer secos y sobrellevar mejor los meses de frío. "Aunque no es nada seguro todavía", añade. Intuyo que quizás dependa de la cantidad de lluvia y de si lo han hecho bien y no se acaba colando el agua en la tienda.

Ya ha llegado el invierno, y aunque volví de Líbano hace dos meses, todavía me sorprendo muchos días mirando en la aplicación meteorológica de mi móvil qué tiempo hace en la Beká y, si veo que llueve, pienso que ojalá ese suelo haya resistido. Que ojalá Rabab Issa y su familia no estén viviendo un nuevo invierno sobre barro y humedad. Que ojalá estén pisando suelo firme.

Para leer más