30 de octubre de 2020
9 de mayo de 2020

Del genocidio a la pandemia: una ruandesa, en primera línea de la lucha contra la Covid-19 en Sudán del Sur

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  • Del genocidio a la pandemia: una ruandesa, en primera línea de la lucha contra la Covid-19 en Sudán del Sur
Emilienne Cyuzuzo trabajando en una campaña de prevención frente a la Covid-19 en Sudán del SurSCOVIA FAIDA CHARLES/WORLD VISION

   YUBA, 9 May. (Por Emiliene Cyuzuzo, gerente del Programa de Asistencia en Efectivo y Alimentos en World Vision Sudán del Sur) -

Es terrible ver y sentir el miedo de las madres mientras la pandemia de la COVID-19 impacta lentamente en las comunidades de Sudán del Sur. Muchas de las mujeres con las que me reúno y hablo ya estaban entre las más vulnerables antes de que todo esto comenzara. Estas familias viven en espacios de Protección de Civiles (POC) y otros campamentos de desplazados, en tiendas de campaña abarrotadas, compartiendo baños y aseos con al menos 50 hogares o más.

La congestión de estos campamentos hace prácticamente imposible el distanciamiento social y el aislamiento recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para prevenir la propagación del virus. Las instalaciones higiénicas son limitadas y el sistema de salud es débil. Todos estos factores hacen que tengamos el foco puesto en que la pandemia no se extienda especialmente en estas áreas, o lamentablemente habrá que lamentar la pérdida de muchas vidas.

Esta pandemia cambió mucho nuestra forma de trabajar. Tuvimos que revisar la
metodología, poner algunas actividades en espera e incluir medidas preventivas en
nuestras actividades. En mi caso, como gerente que supervisa la distribución de
alimentos para miles de personas, esto significa que debemos asegurarnos de que la
gente sea consciente de las amenazas y de lo que tiene que hacer. Esto no es fácil, ya que la gente está más preocupada por conseguir su suministro de comida, eso es su prioridad en este momento.

Este nuevo orden me ha puesto a mí y a mi equipo bajo una gran presión para cumplir con lo que esperan de nosotros. Debemos tener en cuenta que trabajamos en una actividad que salva vidas, la gente debe recibir comida para sobrellevar el encierro y otras restricciones provocadas por la pandemia de la COVID-19.

Scovia Faida Charles / World Vision

Esto significa que tenemos que hacer nuestro trabajo más rápido, imponer procesos adicionales ya que también tenemos en cuenta nuestra propia seguridad. Esto nos expone a riesgos inimaginables para la salud mientras nos reunimos e interactuamos con miles de personas para cumplir nuestra misión.

La necesidad de asistencia humanitaria en Sudán del Sur es enorme. Me duele cada vez que veo a la gente dividiendo la escasa ración de alimentos que distribuimos para llegar a fin de mes y encontrar medios para sus otros suministros básicos. Esto a menudo lleva a una alimentación inadecuada y a una desnutrición desenfrenada entre los niños. Entiendo que la gente tiene que hacerlo para sobrevivir diariamente.

MI HISTORIA COMO TRABAJADORA HUMANITARIA

Yo vine de Ruanda y he sido trabajadora humanitaria desde 2011. Soy una profesional de la salud pública titulada con amplia experiencia en nutrición, seguridad alimentaria, medios de subsistencia e intervenciones basadas en las microfinanzas, tanto en programas de emergencia como de desarrollo.

Mi pasión por el trabajo humanitario comenzó cuando era joven. Crecí en un país que se vio enormemente afectado por la guerra que condujo al genocidio de 1994 en Ruanda, pero el mundo ya conoce esta historia.

Yo misma he vivido los desafíos de crecer en un estado frágil, especialmente durante el período más difícil de Ruanda, ya que mi familia se vio enormemente afectada por el genocidio. Literalmente sobrevivimos gracias a la caridad y al apoyo humanitario hasta que el país se estabilizó. Hubo una trabajadora humanitaria que me inspiró mucho en esa edad. Su pasión por escuchar a los niños era interminable.

Scovia Faida Charles / World Vision

Venía y nos leía cuentos e historias. Un día me llevó a su oficina, me sentó en su despacho y me dijo que cuando creciese, sería como ella y haría lo que ella estaba haciendo en diferentes países. Tenía entonces siete años.

Equilibrar el trabajo humanitario y la vida personal no es fácil, especialmente la maternidad. Requiere compromiso y sacrificio. Con la difusión de la COVID-19 en todo el mundo, incluyendo Ruanda, me siento triste como madre por estar lejos de ellos.

Me preocupa que no reciban suficiente atención y apoyo. Pero tenemos suerte y
gracias a la tecnología, puedo comunicarme y darles consejos sobre cómo pueden
evitar la COVID-19. Su padre está junto a ellos para darles el apoyo que necesitan. Eso es mucho más de los que otros niños tienen.