25 de agosto de 2019
29 de noviembre de 2008

El Gobierno chino adapta su política de control de medios ante la huelga de taxis en el centro del país

MADRID, 29 Nov. (EUROPA PRESS) -

Cerca de dos millones y medio de personas se encuentran afectadas por lo que se conoce como la huelga en cadena más larga de la historia de la República Popular de China. Es el número de residentes de Chaozhou, en la provincia de Guandong, donde los conductores de taxis repitieron esta semana la huelga organizada a principios de mes en Chongqing, una de las metrópolis más pobladas del centro de China.

Los motivos por los que se ha tenido que iniciar una negociación en firme entre autoridades y los representantes de los taxistas chinos son, principalmente, dos: la proliferación de taxis ilegales, y los enfrentamientos entre las compañías de taxis y los funcionarios locales, corruptos en gran parte.

La del pasado miércoles es la octava vez en cuatro semanas que los conductores de taxi se han negado a trabajar. Estos niveles de descontento laboral pueden terminar convirtiéndose en una prueba para el Gobierno del presidente Hu Jintao, concretamente sobre su política de control de información y el sistema de gestión oficial por el que, según el análisis realizado por el magacín estadounidense 'Time', se insta a las autoridades a reprimir las malas noticias y emplear a los medios oficiales para controlar eventos no programados como huelgas, protestas o incluso desastres naturales.

Los complejos métodos que Beijing emplea para gestionar la información son contemplados desde ciertos países de Occidente como una forma de gestionar las corrientes populares de pensamiento, y un elemento clave de la permanencia del Partido Comunista en el poder. Pero con la profundización de la crisis económica, el Gobierno central ha tenido que variar algunos aspectos de su estrategia de propaganda.

Queda por ver cuánto éxito tendrá a la hora de controlar la forma en la que se están desarrollando estos eventos, que podrían evolucionar hasta convertirse en disturbios civiles a gran escala que podrían minar la unidad del partido.

POLÍTICA DE CONTENCIÓN

En general, la respuesta de las autoridades a la huelga ha hecho gala de una contención encomiable. Además, se ha concedido a esta huelga una cobertura sin precedentes, en particular por los medios estatales --como la agencia de noticias Xinhua, que ha detallado en largos artículos los esfuerzos del gobernador local y miembro del Politburó, Bo Xilai, para resolver la disputa.

Esta nueva estrategia fue impulsada por el propio presidente chino en 2007, y recibió un fuerte impulso el pasado mes de junio durante un discurso ante los miembros del partido en el que se instaba a fortalecer la influencia del Gobierno en los medios de comunicación.

"Esta nueva política tiene lugar porque estos incidentes son cada vez más habituales y se están dando cuenta de que no pueden controlar el ritmo de expansión de las noticias", indicó el experto del Proyecto sobre la Información en China de la Universidad de Hong Kong, David Bandurski, para el que el caso de la huelga de taxis es un "caso de libro de texto" sobre esta nueva política informativa, a la que calificó de "Control 2.0".

EL PROCESO

Según explica Bandurski, "lo primero que hace el Gobierno es establecer una agenda de temas controvertidos al permitir informaciones como las publicadas por Xinhua. Pero al mismo tiempo, restringe el acceso a los periodistas de los llamados "periódicos de ciudad", más comerciales, y con carácter de tabloide". Estos rotativos dependen de la publicidad, así que de vez en cuando tienen que recurrir a informaciones que denuncian el comportamiento negligente de las autoridades.

"Es ingenioso, porque el Gobierno termina dando primero su versión de las noticias, y podemos colegir que los periódicos de ciudad carecen de cobertura sobre el evento, y por lo tanto se ven obligados a usar la versión oficial", explicó Bandurski, quien considera que la credibilidad de estos nuevos medios de comunicación urbanos, como el 'Southern Metropolis Daily' es ampliamente superior a los de los antiguos periódicos.

Pero la ola de protestas subraya el peligro que conlleva dar una cobertura extensa a cualquier huelga, sea desde un punto de vista oficial o no: se corre el riesgo de que se reproduzcan incidentes similares en todo el país.

Según el magacín, la Policía esta deteniendo o encarcelando a los líderes de estas huelgas, por lo que los involucrados se muestran comprensiblemente reticentes a discutir sus motivaciones. Analistas citados por la revista Time consideran que no hay duda de que la amplia cobertura que se ha concedido a las primeras huelgas en los medios oficiales han dado legitimidad a protestas posteriores.

"A lo largo de los últimos años se han registrado algunas huelgas, pero nunca tantas en tan corto período de tiempo", declara un miembro de la ONG Civil Rights & Livelihood Watch. "Es un efecto dominó, aunque incluso los conductores lo nieguen: las huelgas iniciales han sido una inspiración para las que vinieron después", comentó.

En otros eventos, las tácticas del Gobierno chino han dominado la cobertura inicial hasta que la historia sigue su curso y termina muriendo. Pero con una cuestión como la de las huelgas de los taxis, que son el resultado de quejas largamente ignoradas, no están dirigidas contra el Partido Comunista, específicamente, por lo que los medios oficiales han destacado una cobertura inusual sobre la noticia, que ha terminado alcanzando un interés inusitado.

De momento, ahora que el descontento de los taxistas se ha extendido al resto del país, ya no existe mucha cobertura por parte de la prensa nacional. De hecho, el notable descenso del espacio dedicado a este suceso en la prensa estatal es un fenómeno significativo que revela que las autoridades han decidido que es hora de seguir adelante. Pero es posible que la población no se distraiga fácilmente.

Algunos analistas, entre ellos el antiguo editor, Li Datong, han expresado su optimismo sobre la posibilidad de que el Gobierno permita un análisis más exhaustivos de incidentes como huelgas o desastres naturales. Pero Bandurski opina que, si acaso, lo que es cierto e lo contrario. "Habla con cualquier redactor y te dirá que el control es cada vez más férreo, incluso en las editoriales. Ahora no hay nada. Es preocupante. Escalofriante, incluso", aseguró.