16 de enero de 2021
26 de agosto de 2018

La luz que ilumina mi vida

  • La luz que ilumina mi vida
WORLD VISION

MOGADISCIO, 26 Ago. (Por Marion Alouch, World Vision Somalia) -

Rahma está tranquila mientras hablamos con ella, es la viva imagen de la dulzura y la tranquilidad; está contenta y feliz. La lucha, el sufrimiento y la incertidumbre del pasado están bien escondidas.

A los 15 años podría haber estado casada y es muy consciente de ello. Afortunadamente, a los 15 años, Rahma está en la escuela, cursando el segundo grado y no le importa absolutamente nada ser mayor que el resto de sus compañeros. Lo único que le importa es que está en la escuela. "Mi vida ha cambiado porque ahora estoy aprendiendo", dice Rahma.

Dejó su hogar, donde vivía con su madre y su tía, a 35 kilómetros de la ciudad de Baidoa, en el sur de Somalia Central, porque sus familiares querían que recibiera una educación. La casa de Rahma estaba en el medio de una zona escenario de frecuentes enfrentamientos entre grupos armados. Allí, las niñas nunca tuvieron la oportunidad de estudiar y la mejor opción para ellas era casarse poco después de llegar a la pubertad. De esta forma estaban protegidas frente a abusos, violaciones o la trata.

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La oportunidad que tuvo Rahma de abandonar su comunidad era única y decidió aprovecharla. Aun así, el viaje de Rahma siempre estuvo lleno de desafíos. Respecto a su edad iba algunos cursos retrasada por lo que debía esforzarse el doble para recuperar el tiempo perdido. La falta de luz era, sin duda, un impedimento. A medida que se acercaba la noche y el día se apagaba, también se acababan las oportunidades de estudiar pues su casa y su comunidad se quedaban a oscuras, sin nada de luz.

A través de un programa específico de World Vision para promover el estudio, Rahma recibió una lámpara solar para iluminar su habitación durante la noche y así poder avanzar en sus estudios de recuperación.

"A veces, es un detalle pequeño el que marca la diferencia entre que un niño se quede o abandone la escuela", dice Regina Marete, trabajadora dentro del proyecto de educación de World Vision Somalia y UNOCHA. "Las lámparas solares son una herramienta eficaz para que las niñas vayan a clase y puedan estudiar después las lecciones que imparte el maestro", añade.

"CON PAZ PODEMOS TENER ESCUELAS"

A pesar de la vida feliz que ahora tiene, Rahma aún anhela una cosa más: paz. "Si viviéramos en paz, todo estaría bien. Con paz podemos tener escuelas y movernos libremente", dice ella. "Quiero ser enfermera. La gente está sufriendo debido a la falta de asistencia y por eso quiero ayudar a mi comunidad", explica.

Según el informe de UNICEF 2017, los peores lugares de conflicto armado se concentran en partes del sur de Somalia donde los grupos armados, las fuerzas gubernamentales y las fuerzas de mantenimiento de la paz de la Unión Africana continúan enfrentándose. Además, la violencia también está vinculada a los enfrentamientos étnicos, las rivalidades políticas, los asesinatos por venganza y la lucha por los escasos recursos.

"En muchas partes de Somalia, el desarrollo de las niñas se ve amenazado por los ataques de los milicianos, el secuestro, la violencia criminal o la agresión sexual. Además de los riesgos de daño físico, estas condiciones privan a los niños de su libertad para jugar, moverse libremente o ir a la escuela. Sin educación, las niñas tienen menos oportunidades y su futuro es incierto", subraya Berryl Auma de World Vision Somalia, especialista técnica en educación y protección infantil.

"Las niñas necesitan un entorno en el que puedan estar seguras de alcanzar plenamente su potencial y contribuir adecuadamente a sus comunidades como adultas", sostiene.

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