19 de febrero de 2019
21 de abril de 2018

Los refugiados en Ruanda cada vez más hambrientos ante la reducción de la ayuda

Unos 130.000 refugiados en campamentos dependen del PMA para su alimentación pero eso solo no es suficiente

  • Los refugiados en Ruanda cada vez más hambrientos ante la reducción de la ayuda
NOEL DUKUZUMUREMYI/WFP

KIGALI, 21 Abr. (Por Noel Dukuzumuremyi, Programa Mundial de Alimentos) -

La reducción desde hace cinco meses de la asistencia del Programa Mundial de Alimentos (PMA) a los refugiados en Ruanda están generando en la actualidad un hambre creciente.

Esto se produce en medio de los temores generalizados de que su sufrimiento, junto con la desnutrición entre mujeres y niños, solo se agudizará a menos que los recortes sean revocados.

Stella Mukasine, de 36 años, es una madre congoleña que además de sus cuatro hijos cuida a cuatro sobrinos que quedaron huérfanos durante el conflicto en República Democrática del Congo (RDC). Ella, su marido e hijos huyeron a Ruanda en 1996 y se establecieron en el campo de Gihembe, en el norte del país.

Los recortes en la asistencia del PMA para los refugiados desde noviembre pasado han tenido un impacto inmediato en su familia, cuenta. "Recibimos los subsidios de este mes la semana pasada pero no queda nada. Con ello, tenía que pagar las deudas que contraje para ser capaz de mantener algo para mis hijos durante el mes pasado", explica Stella, junto a su hija de 2 años.

Aunque su marido es tendero y gana 18.000 francos ruandeses (unos 20 dólares) al mes, la familia nunca consigue saldar sus deudas por sus necesidades alimentarias. "Cuando pienso en estas deudas interminables me deprimo. Estamos seriamente endeudados... No sé cómo vamos a superarlo", admite. Dado que los niños reciben a media mañana crema de avena del PMA en la escuela, la familia ahora solo come junta una vez al día, a las 15.00 horas.

"Cuando la escuela cierre para las vacaciones, no sé cómo me las voy a apañar, solo Dios lo sabe", añade Stella, intentando contener sus lágrimas.

PRIMEROS RECORTES EN LA ASISTENCIA DEL PMA DESDE 2012

Las raciones completas para los refugiados aportan 2.100 kilocalorías por persona al día, el mínimo para una vida saludable. Hasta noviembre de 2017, el PMA ofrecía 17 kilos de comida a cada refugiado en el campo de Mahama al mes, principalmente maíz, judías, aceite vegetal y sal.

Los refugiados en los otros cinco campos en toda Ruanda recibía 7.600 francos ruandeses (9 dólares) cada uno en dinero del PMA, para comprar sus alimentos en los mercados locales. Pero la falta de fondos hizo que el PMA redujera en un 10 por ciento su asistencia en noviembre y diciembre. Este fue el primer recorte en las raciones en Ruanda desde 2012. La continuada falta de fondos supuso que el PMA redujera los alimentos y el efectivo un 25 por ciento a partir de enero.

Motivadas por las reducciones en la ayuda alimentaria, los refugiados congoleños del campo de Kibiza realizaron protestas y se enfrentaron con la Policía en febrero, y un total de once refugiados murieron y 50 resultaron heridos. Los refugiados también se quejaban de la falta de oportunidades de subsistencia y de cuestiones relativas a la protección.

Pese a las reducciones, el PMA ha mantenido las raciones completas de apoyo nutricional selectivo a refugiados identificados como particularmente vulnerables, como niños menores de 2 años, escolares, y mujeres embarazadas y lactantes, así como personas con VIH y pacientes con tuberculosis bajo tratamiento. Un total de 70.000 refugiados, incluidos 50.000 niños escolares están recibiendo asistencia.

CRECIENTE PEAJE PARA LAS FAMILIAS REFUGIADAS

Un sondeo realizado en febrero por el PMA entre 1.000 refugiados en los seis campamentos, comparado con otro realizado poco antes de los recortes, ha detectado que un 10 por ciento menos de familias afirman que consideran que su consumo de alimentos es aceptable.

El porcentaje de refugiados que dicen tener un consumo en el límite o escaso de alimentos se ha duplicado desde el 10 por ciento en octubre de 2017 al 20,4 por ciento en enero. La cifra de refugiados que dice que tiene un consumo escaso de alimentos subió del 1 por ciento antes de los recortes en noviembre de 2017 al 2,7 por ciento en enero de 2018. El porcentaje con un consumo al límite pasó del 9 por ciento al 17,4 por ciento.

La cantidad de tipos de alimentos consumidos por los refugiados ha caído de 4,3 el pasado octubre a 2,4 en enero. Los grupos alimentarios observados incluyen féculas, legumbres, carnes, aceites y grasas, verduras, fruta, y leche y productos lácteos.

El estudio detectó que las familias sufrían un creciente estrés ante cómo cubrir sus necesidades diarias de alimentos. Las medidas más comunes para racional la comida fueron reducir la cantidad, reducir el número de comidas y depender menos de alimentos favoritos.

El número de familias que redujeron la cantidad de comida que ingirieron pasó del 34 por ciento en octubre al 88 por ciento en enero. La cifra de quienes limitan el número de comidas pasó casi de forma idéntica del 34 por ciento en octubre al 89 por ciento en enero.

Entre los que dijeron que todavía se las apañaban para mantener su acceso a comida, el 58 por ciento dijeron en enero que ahora pedían prestada comida o dependían de la ayuda de familiares o amigos en comparación con el 25 por ciento en octubre de 2017.

El porcentaje de familias que dijeron que ahora optaban por alimentos que les gustaban menos pero eran más baratos subió del 52 por ciento en octubre al 78 por ciento en enero.

En cuanto a qué se han visto obligados los refugiados a recurrir para sobrevivir, el número de los que envían a sus hijos a trabajar pasó de ninguno antes de los recortes al 3 por ciento en enero. Una incremento similar se ha producido en las familias que dijeron que enviaban a sus hijos a mendigar, que pasaron de cero en octubre al 2 por ciento en enero.

El porcentaje de familias que dicen pedir prestado dinero o que incurren en deudas ascendió hasta el 90 por ciento frente al 37 por ciento de octubre pasado.

El PMA depende de las contribuciones voluntarias. Necesita 2,5 millones de dólares al mes para ofrecer la asistencia alimentaria o de efectivo completa a los refugiados congoleños y burundeses en Ruanda. Unos 8 millones de dólares hacen falta para restaurar el pleno apoyo para los próximos seis meses.