7 de junio de 2020
24 de febrero de 2020

Setsuko Thurlow, superviviente de Hiroshima, avisa: "Mientras haya armas nucleares no hay garantía de seguridad"

La ICAN alerta de que el "reloj del apocalipsis" marca el riesgo más alto de destrucción de la Humanidad

Setsuko Thurlow, superviviente de Hiroshima, avisa: "Mientras haya armas nucleares no hay garantía de seguridad"
Memorial por el 61º aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima - GETTY IMAGES / JUNKO KIMURA - ARCHIVO

MADRID, 24 Feb. (EUROPA PRESS) -

Setsuko Thurlow, superviviente de la bomba atómica lanzada por Estados Unidos sobre la ciudad japonesa de Hiroshima en 1945 que ha viajado por todo el mundo para concienciar sobre las "consecuencias humanitarias" de las armas nucleares, ha insistido este lunes desde Madrid en que "mientras haya armas nucleares no hay garantía de seguridad".

Thurlow tenía 13 años cuando Estados Unidos lanzó la primera bomba atómica de la Historia. Lo hizo el 6 de agosto de 1945 para poner fin a la Segunda Guerra Mundial. "Estábamos preparados para un ataque incendiario de Estados Unidos" pero no de esas características, ha contado en una mesa redonda sobre 'El desarme nuclear humanitario y Latinoamérica', celebrada en Casa América.

Estaba junto a otros estudiantes de su colegio en una instalación militar recibiendo formación para decodificar "mensajes secretos" cuando la bomba atómica cayó sobre Hiroshima. "De repente vi una luz muy fuerte por la ventana, tuve la sensación de estar flotando en el aire y perdí la consciencia", ha relatado. Al despertar estaba atrapada en un edificio en ruinas y en llamas. Ella logró salir pero muchos de sus compañeros, unos 30 niños, "murieron quemados vivos".

Aunque eran las 8.15 horas de la mañana, parecía de noche por las partículas en el aire. "Me di cuenta de que había unos objetos moviéndose hacia mí. Era una procesión fantasmagórica de seres humanos. No parecían personas, estaban sangrando, quemados, a algunos se les caía la piel, otros llevaban los globos oculares en las manos", ha detallado Thurlow.

Los soldados indicaron a los supervivientes que subieran a unas instalaciones militares que había en una colina, el equivalente a "dos campos de fútbol", llenos de muertos y moribundos. "Pedían agua", ha recordado Thurlow. Pero no había ni eso, así que ella y otros supervivientes fueron a un arroyo cercano, se lavaron, empararon sus ropas y se las dieron a los heridos para que bebieran de ellas. Fue la única respuesta de emergencia.

Thurlow perdió a varios familiares. Su hermana y su sobrino de 4 años cruzaban un puente de camino a una clínica de Hiroshima cuando explotó la bomba atómica. Cuando les encontraron "estaban tan quemados que eran irreconocibles". Murieron días después y fueron enterrados junto a las demás víctimas en una exhumación masiva "sin ningún sentimiento humano".

Su tío sobrevivió pero a los pocos días del lanzamiento le empezaron a salir "unas manchas moradas por todo el cuerpo". "Sus órganos, vísceras e intestinos simplemente se habían podrido y licuado". También murió en los días siguientes. Desde entonces, todos los supervivientes convirtieron en "una rutina diaria" examinar sus propios cuerpos en busca de esas manchas moradas. "Pasamos así meses", ha indicado.

En Hiroshima murieron más de 140.000 personas y en Nagasiki, más de 70.000. Sin embargo, "aún hoy, 75 años después, la gente sigue muriendo por el efecto retardado de la radiación", ha enfatizado Thurlow, que ejerce de portavoz de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), ganadora del Nobel de la Paz en 2017.

"DE VÍCTIMA A ACTIVISTA"

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos desplegó tropas en Japón para conseguir dos cosas "la desmilitarización y la democratización del país". "Hicieron cosas buenas", pero también hubo "mucho secreto, desinformación y mentiras" sobre lo ocurrido en Hiroshima y Nagasaki, ha denunciado la activista japonesa. Las autoridades llegaron a requisar objetos personales como cartas, diarios y poemas que los supervivientes escribieron como una forma de lidiar con el dolor.

Thurlow siguió con su vida. Estudió psicología en Japón, y entonces entendió porqué no había sido capaz de llorar --"Por lo visto es un fenómeno muy común en experiencias de este tipo"--, tras lo cual viajó a Estados Unidos para continuar con sus estudios. Allí le sorprendió la noticia de que el país había hecho pruebas con bombas de hidrógeno en las Islas Marshall, en el Pacífico sur. "Estaban haciendo lo mismo", ha dicho indignada.

Ese fue su "punto de inflexión", el hecho que le hizo pasar "de víctima a activista". "Decidí que no iba a fingir que no había pasado nada", ha explicado. Empezó a dar entrevistas para contar lo vivido y recibió cartas y mensajes de odio instándola a volver a Japón. Fue ahí cuando se dio cuenta de que en Estados Unidos "Hiroshima y Nagasaki no se percibían como atrocidades", sino como un "triunfo tecnológico" y "algo necesario para acabar la guerra", por lo que, aunque fuera "doloroso", había que contar la verdad.

Thurlow ha considerado "una locura" pensar que las armas nucleares sirven para protegerse del "enemigo". "Mientras las armas nucleares existan no hay garantía de seguridad. Cuantas más eliminemos, más seguros estaremos", ha afirmado sin dudar. Para la superviviente de Hiroshima, "ya no usarlas, sino simplemente tenerlas, es inmoral".

Por eso, ha dedicado su vida a concienciar a gente de distintos países sobre las consecuencias de las armas nucleares sobre la vida humana. "La imagen de mi sobrino de 4 años transformado en carne quemada y fundida sigue conmigo y es la fuerza que me empuja a seguir luchando por el desarme nuclear", ha declarado.

"RELOJ DEL APOCALIPSIS"

Carlos Umaña, de la ICAN, ha avisado de que el "reloj del apocalipsis", creado por el Boletín de Científicos Atómicos para medir el riesgo de destrucción de la Humanidad en minutos hacia la medianoche, para 2020 "marca la medianoche menos cien segundos", lo que supone "el riesgo más alto" desde que se creó en 1947.

El activista costarricense lo ha atribuido a tres factores: "la retórica incendiaria de los líderes de los estados nucleares y sus amenazas a la ligera de usar sus arsenales nucleares"; al cambio climático, que puede degenerar en conflictos donde se usen armas atómicas; y al "riesgo creciente de una detonación accidental" --solo en Estados Unidos se han documentado más de mil--.

Umaña ha hecho hincapié en que las consecuencias humanitarias de las armas nucleares trascienden con mucho las de una guerra convencional porque no solo provocan muertes y arrasan ciudades, sino que "la zona que destruyen se vuelve inhabitable" y las personas afectadas sufren sus "espantosos" efectos durante todas sus vidas.

Thurlow ha valorado que en los últimos años han pasado "cosas muy emocionantes", en alusión a la adopción en 2017 del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares. Umaña ha subrayado que es "un paso muy importante porque supone una estigmatización" que a largo plazo conduce a la desaparición, como ha ocurrido con otras armas de destrucción masiva.

Ana Helena Chacón, la embajadora en España de Costa Rica, país que promovió la adopción de dicho tratado desde la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), ha abogado por "invertir más en desarrollo humano y menos en armamento" para que "ninguna niña de 13 años tenga que caminar sobre cadáveres para llegar a un lugar seguro".

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