25 de febrero de 2021
31 de enero de 2021

Siempre vivas

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Clemencia Carabalí, activista colombianaASOCIACIÓN DE MUJERES ASOM - ARCHIVO

MADRID, 31 Ene. (Por Lorena Rueda, PNUD Colombia) -

Ser mujer en Colombia no es fácil. La violencia de género, el desempleo, la desescolarización y las labores del hogar afectan desproporcionadamente a las mujeres. A pesar de las diversas medidas que se han formulado e implementado desde las instituciones gubernamentales, las diferentes formas de discriminación contra las mujeres parecen estar en aumento en todo el territorio nacional.

Pero, ¿qué significa afrontar esta situación siendo una mujer rural afrodescendiente en Colombia? Clemencia Carabalí lo sabe bien. Ella, una mujer afrodescendiente nacida en la vereda La Balsa del municipio de Buenos Aires, al norte del departamento del Cauca, vivió en su juventud el conflicto armado que golpeó con fuerza este departamento.

Clemencia creció y vivió la violencia sistemática que se dio contra las mujeres en el marco del conflicto armado y que se instauró en la sociedad colombiana gracias a esos imaginarios culturales que normalizan, toleran y sostienen la violencia contra las mujeres y que se entrelazan con otras formas de discriminación por raza y clase social que, de la mano de la separación geográfica de los territorios y la centralización institucional, ayudan a perpetuar los problemas de violencia estructural y desigualdad social.

La situación de Clemencia es la de cientos de mujeres afro que se enfrentan día a día a estructuras sociales que menosprecian, abusan y someten a las mujeres. Su labor ha sido difícil debido a la inseguridad del territorio donde nació. Sin embargo, esto nunca la ha detenido y desde la década de 1990, cuando comenzó a trabajar para visibilizar las diversas problemáticas que enfrentaban las mujeres de su comunidad, su trabajo ha transformado vidas.

PNUD Colombia

En la escuela técnica, especialmente en una materia llamada proyección a la comunidad en donde enseñaban "cómo servir a los demás", Clemencia se reconoció en las cientos de mujeres y personas afrodescendientes que se enfrentaban a situaciones que ponían en riesgo su bienestar, su integridad y hasta su vida. En ese momento, supo que dedicaría su vida a su comunidad.

El camino que escogió la llevó rápidamente a ser una vocera de la lucha por los derechos de las víctimas de las diferentes masacres que se dieron en el departamento, así como de decenas de mujeres torturadas, mutiladas y agredidas física, sexual, y psicológicamente.

Con el paso del tiempo y un trabajo riguroso en la defensa de los derechos humanos de las mujeres, se convirtió en lo que es hoy, una lideresa comunitaria que es un ejemplo nacional de resistencia, lucha y perseverancia. Un trabajo que ha sido reconocido en varios escenarios, como por ejemplo con el Premio Nacional a la Defensa de los Derechos Humanos como Defensora del año en 2019.

Sin embargo, su mayor reconocimiento sucede en su territorio y en su día a día, donde puede cumplir su propósito de vida, soportada por una amorosa familia y una comunidad unida.

UNA PERSONA CORRIENTE

Entre risas, no cree que tenga nada diferente a otras mujeres. Al contrario, se considera común y corriente. Es trabajadora, ya que se levanta a las cuatro de la mañana para hacer su devocional diario, los quehaceres del hogar, dejar listos a sus dos hijos y atender uno que otro correo y así poder irse a la oficina de la Asociación de Mujeres Afrodescendientes del Norte del Cauca (ASOM), donde inicia su labor comunitaria a las ocho de la mañana.

"Todos mis días son diferentes", afirma Clemencia. En la oficina de ASOM, siempre hay varios temas por tratar y responsabilidades que cumplir con organizaciones locales, nacionales e internacionales.

¡QUE LINDA ES LA VIDA!

Son en total 220 mujeres de diferentes edades, diferentes caminos y diferentes luchas las que se reúnen en la ASOM. La asociación, creada en 1997, existe como respuesta a las múltiples necesidades que las mujeres del norte del Cauca han tenido que vivir en las últimas décadas por la falta de políticas públicas adecuadas para recibir un trato digno, la ausencia de oportunidades para tener una participación activa y un trato equitativo, el manejo inadecuado de los recursos naturales que afectan su vida cotidiana y la relación con su entorno, pero sobre todo, a la violación de su derecho a la vida y al pleno disfrute y en condiciones de igualdad de todos sus derechos humanos.

Estas mujeres están unidas con el objetivo de fortalecer los procesos organizativos de las afrodescendientes a través de tres líneas de trabajo: derechos humanos étnicos, desarrollo sostenible y formación y capacitación. Estas líneas les han permitido garantizar una mayor comprensión de la situación de las mujeres en el territorio e impulsar cambios de actitud que faciliten la defensa y ejercicio de sus derechos.

"Reconocer el papel desempeñado por las mujeres en los procesos sociales de cambio que requiere el país es fundamental. Nosotras trabajamos incansablemente por consolidar la paz en nuestros territorios y le seguimos apostando a la esperanza de vivir en comunidades en donde se pueda ser y estar " expone Clemencia.

Con conocimiento de causa de cómo operan las estructuras patriarcales en territorios históricamente marginados, estas mujeres caucanas intentan dar respuesta a las múltiples necesidades de las mujeres como son la violencia, la contaminación de su territorio, las pocas alternativas de independencia económica que existen y que debido a la pandemia han recrudecido el cierre de negocios y emprendimientos de mujeres, la falta de educación y conectividad, así como la inseguridad y el reclutamiento forzado de sus familiares para el cultivo y recolección de la hoja de coca.

"Para nosotras, en estos momentos de pandemia, ha sido muy difícil llegar a los territorios más apartados. No solo porque esta crisis mundial obligó a optar por la virtualidad sino porque nosotras no tenemos ni siquiera los elementos y mucho menos el acceso a internet que se necesita para realizar nuestras labores. En muchas veredas donde trabajamos toca mandar el papelito porque ni señal les llega" afirma Clemencia.

Es por esto que la oficina de Asuntos Étnicos de la Gobernación del Cauca, en articulación con el PNUD y gracias a la financiación de la Embajada de Suecia en Colombia, pudo brindar más de 30 elementos de mobiliario y tecnología como computadores, vídeo beam y sillas para la adecuación del espacio físico de ASOM.

Estos elementos, solicitados por las organizaciones, buscan no solo suplir una necesidad exacerbada por la pandemia y dar continuidad a los procesos participativos y colectivos que tienen estas organizaciones sino también apoyar las iniciativas de autoprotección y vigilancia que adelantan las organizaciones como ejercicios autónomos para la prevención de la violencia y promoción de espacios en paz.

Para Clemencia, "estas acciones que hacen organizaciones como PNUD son muy importantes porque están contribuyendo a nuestra labor y sin duda son un aporte para la superación de las situaciones complejas que se viven en nuestro territorio".

De acuerdo con Alex Mina, Asesor de Asuntos Étnicos de la Gobernación del Cauca, esta entrega se hace en un "momento en el que el departamento del Cauca vive un ambiente de reconfiguración de los grupos armados que se disputan el control territorial y del narcotráfico".

"En la Gobernación del Cauca --añade-- buscamos diferentes estrategias excepcionales al uso de la fuerza para cumplir con las obligaciones constitucionales que tenemos de garantizar el libre tránsito territorial, la armonía y la paz. Estamos tratando de hacer estrategias muy diferentes, de la mano de otras instituciones, que permitan reconocer, legitimar y garantiza acciones de fortalecimiento de gobernanza propias a través de los ejercicios con las guardias cimarronas, campesinas e indígenas".

((Esta tribuna fue publicada originalmente aquí: https://pnudcolombia.exposure.co/siempre-vivas))

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