7 de julio de 2020
6 de junio de 2020

Turquía cambia las tornas en Libia y pone a Haftar en retirada frente al Gobierno de unidad

  • Turquía cambia las tornas en Libia y pone a Haftar en retirada frente al Gobierno de unidad
Combatientes leales al Gobierno de unidad de Libia en uno de los frentes en TrípoliAMRU SALAHUDDIEN/DPA - ARCHIVO

Egipto plantea una iniciativa que incluye un alto el fuego tras los varapalos sufridos por Haftar

MADRID, 6 Jun. (EUROPA PRESS) -

El conflicto en Libia por la ofensiva lanzada en abril de 2019 por Jalifa Haftar contra Trípoli derivó con el paso de los meses en un escenario en el que están implicados múltiples países y en el que finalmente el apoyo militar de Ankara al Gobierno de unidad ha supuesto un cambio de los equilibrios sobre el terreno que ha forzado al mariscal de campo a aceptar un alto el fuego y un proceso político.

La ofensiva de Haftar, que llegó a asediar Trípoli y a amenazar con hacerse con la capital a principios de año, ha sufrido sin embargo una serie de derrotas de envergadura en las últimas semanas que han provocado que sus fuerzas se batan en retirada hacia el este.

La internacionalización del conflicto existe desde el levantamiento en 2011 contra el líder libio Muamar Gadafi, que derivó en una guerra civil caracterizada por la injerencia extranjera, incluida la de la OTAN y varios países regionales, en apoyo de diversas milicias que finalmente derrocaron y ejecutaron al 'rais'.

La transición quedó marcada por bandos asociados a Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Qatar, que han mantenido sus posiciones y a los que se han ido sumando otros actores internacionales en apoyo de los mismos, tal y como recoge el 'think tank' Africa Center for Strategic Studies.

Esta situación derivó en un estancamiento del esfuerzo de reunificación frente al surgimiento de núcleos de poder respaldados por milicias, acentuado tras las parlamentarias de 2014, en las que el órgano electo se trasladó al este tras la controversia electoral y ante la proclamación de una nueva administración en la capital.

Es en este contexto en el que volvió a surgir con fuerza la figura de Haftar, apartado tras la revolución debido a su papel durante el régimen del 'rais' y a su falta de respaldos a nivel interno, algo que quedaría compensado por los apoyos que empezaría a recibir desde el exterior.

Así, obtuvo el apoyo de Egipto para emular un proyecto como el vivido en El Cairo --con el fortalecimiento del Ejército tras el golpe que alzó al poder a Abdelfatá al Sisi y dio carpetazo a la transición democrática tras la caída de Hosni Mubarak-- y lanzó una ofensiva contra Estado Islámico y otros grupos yihadistas en el este del país.

ANGELOS TZORTZINIS/DPA

El Parlamento en el este optó entonces por designar a Haftar y a sus fuerzas como las Fuerzas Armadas y, si bien los contactos mediados por Naciones Unidas derivaron en 2015 en un acuerdo para un Gobierno de unidad, éste vio finalmente la luz en 2016 sin que se pactara una unificación administrativa, manteniendo la bicefalia.

FALTA DE ACUERDO POLÍTICO

La falta de acuerdo derivó en parte de la falta de voluntad de Tobruk de lograr un acuerdo debido a que el mensaje de lucha contra el terrorismo había atraído más apoyos internacionales, entre ellos el de Francia, cada vez más implicado en el combate contra los grupos yihadistas en el Sahel, que tenían una importante lanzadera en Libia.

Además, el Gobierno de unidad, liderado por Fayez Serraj, una figura política poco conocida hasta entonces, surgió como un proyecto débil ante la fuerza de las distintas milicias, algunas de las cuales optaron por prestarle su apoyo, lo que llevó a Tobruk a rechazar con más claridad la vía política.

Los infructuosos contactos entre Serraj --respaldado también por Italia-- y Haftar para organizar elecciones llevaron al mariscal de campo a viajar a finales de marzo de 2019 a Arabia Saudí para reunirse con la cúpula de este país y EAU de cara a lograr apoyos para lanzar una ofensiva contra Trípoli, lo que hizo una semana más tarde.

La ofensiva llegó en un momento en el que el país se preparaba para celebrar una conferencia internacional que había sido impulsada por la ONU, cuyo secretario general, António Guterres, se encontraba de hecho en el país abordando algunos flecos y quien tuvo que salir de Libia rápidamente ante el anuncio de Haftar.

De esta forma, el país quedó finalmente dividido entre las zonas controladas por las fuerzas de Haftar, que ha contado igualmente con el apoyo de mercenarios desplegados por EAU y países de la región como Sudán, y las del Gobierno de unidad, centradas principalmente en torno a Trípoli.

EL PAPEL DE RUSIA Y TURQUÍA

Pese a que Haftar contaba en ese momento con que la ofensiva implicaría una entrada marcial de sus fuerzas en la capital, el conflicto se estancó y las líneas de frente quedaron rápidamente fijadas, lo que provocó la implicación de Rusia a través del envío de mercenarios del Grupo Wagner, dirigido por un aliado del presidente, Vladimir Putin.

Los esfuerzos de Rusia, que buscaba con ello fortalecer su posición en el flanco sur del Mediterráneo, se alineaban con una política similar mostrada previamente en la guerra en Siria y a sus alianzas con las autoridades de EAU y Egipto.

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Fue precisamente la decisión de Rusia la que precipitó la entrada en el tablero de Turquía, firme aliado de Qatar --bloqueado por los países del Golfo desde 2017-- y con importantes intereses económicos en Libia, que firmó un acuerdo con el Gobierno de unidad para dar apoyo militar y delimitar la frontera marítima que garantiza unos derechos de explotación que han hecho saltar las alarmas en Grecia y la Unión Europea (UE).

Así, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, movió ficha ante la tibieza de los apoyos a Trípoli y empezó a desplegar en enero a militares y rebeldes sirios --a los que apoya frente al Gobierno de Damasco, respaldado por Rusia--, lo que desequilibró la situación sobre el terreno.

Las fuerzas del Gobierno de unidad iniciaron entonces una serie de ofensivas --respaldadas por drones turcos que han logrado batir a los sistemas antiaéreos rusos Pantsir-- que les permitieron tomar la franja costera al oeste de Trípoli, la base militar de Uatiya, el Aeropuerto Internacional de Trípoli y varias localidades en los alrededores.

AVANCES DEL GOBIERNO DE UNIDAD

Así, el Ejecutivo de unidad ha declarado la toma de la totalidad del Gran Trípoli, poniendo fin a la ofensiva de Haftar, y ha continuado avanzando hacia Sirte a pesar de que las partes acordaron reiniciar las conversaciones entre sus delegaciones militares para alcanzar un alto el fuego.

La situación ha tenido su reflejo en el viaje realizado por Haftar a Egipto este sábado, en el que Al Sisi ha planteado una nueva iniciativa para alcanzar un acuerdo que incluye un alto el fuego desde este lunes, la retirada de mercenarios, el desarme de las milicias y la priorización de las conversaciones mediadas por la ONU.

STRINGER/DPA

Sin embargo, el Gobierno de unidad se ha negado a aceptar esta vía y ha pedido la rendición total de mariscal de campo, al tiempo que ha puesto la vista en la recuperación de los importantes yacimientos de petróleo del este, una de las principales fuentes de ingresos del país africano.

El presidente del Alto Consejo de Estado de Libia, Jaled al Misri, ha destacado que Haftar "sólo tiene una opción", que supone su rendición y ser sometido a un juicio militar, algo que parece poco probable que vaya a aceptar, especialmente si consigue mantenerse firme en el este, donde podría hacer frente a las embestidas de Trípoli.

Haftar dependerá por ello de sus apoyos internacionales, ya que si éstos deciden apartarle para apostar por una vía política como la propuesta por el presidente de la Cámara de Representantes, Aguila Salé --igualmente presente en El Cairo para la reunión con Al Sisi--, perdería finalmente los respaldos acumulados a partir de 2014.

La propuesta de Salé --a la que Haftar respondió con un golpe interno contra las autoridades civiles-- había sido aceptada por Serraj y por la ONU, siendo el mariscal de campo el escollo declarado para estos esfuerzos, dado que ha reiterado en múltiples ocasiones la nulidad del acuerdo político del que surgió el Ejecutivo de unidad.

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