Antonio Gamoneda, uno de los grandes poetas de mitad del siglo XX, protagoniza la VI Jornada de Poesía y Vino de Vivanco

Antonio Gamoneda, uno de los grandes poetas de mitad del siglo XX, protagoniza la VI Jornada de Poesía y Vino de Vivanco
10 de noviembre de 2018 FUNDACIÓN VIVANCO

LOGROÑO, 10 Nov. (EUROPA PRESS) -

El premio Cervantes 2006, Antonio Gamoneda, uno de los grandes poetas de mitad del siglo XX, ha protagonizado la VI Jornada Nacional de Poesía y Vino Fundación Vivanco.

Antonio Gamoneda ha pronunciado la conferencia 'Naturaleza y funciones de la poesía'. La lectura posterior de algunos de sus poemas, traspasados de memoria, ha quedado esculpida entre las ánforas, odres, prensas centenarias y barricas de la Sala 3 del Museo Vivanco de la Cultura del Vino de Briones.

Igual que el vino viaja en el tiempo en este escenario, donde las apreciaciones del color y los aromas nos remiten a su esencia, los versos hondos del poeta han viajado a esas raíces donde brotan su desgarrada melancolía, su dolor ante la injusticia y su contemplación de la belleza.

Un escenario idóneo para un hombre que en una entrevista, ante una pregunta relativa a la petición que recibió para formar parte de la Real Academia de la Lengua respondía "Este es mi mundo: los árboles, mis amigos, el vaso de vino... echar un vistazo al mundo desde aquí, desde este lugar al que he llegado y estoy en él sin saber muy bien cómo".

ENCUENTROS POÉTICOS

En su afán por divulgar la Cultura del Vino a través de diversas manifestaciones artísticas, la Fundación Vivanco para la Cultura del Vino promueve estos encuentros poéticos que alcanzan este 2018 su sexta edición y que, en anteriores ocasiones, han contado con algunas de las voces poéticas más significativas de nuestro país. Entre ellas, la de Antonio Carvajal, Sara Pujol, Enrique Cabezón, José Manuel Caballero Bonald, Juan Carlos Mestre, Olvido García Valdés, Antonio Hernández, Miguel Ángel Muro, Ginés Liébana, Jesús Hilario Tundidor, Ignacio Elguero, Antonio Lucas, Cecilia Quílez, Bernardo Reyes, Francisca Aguirre, Félix Grande y Abel Robino.

ANTONIO GAMONEDA

Uno puede nacer en un lugar, pero sentir que su alma y su vida también pertenecen a otro. Es lo que sucede con Antonio Gamoneda, considerado un escritor leonés por la evocación hermosa y doliente de sus paisajes. Nació en Oviedo, en 1931, pero su madre y él se trasladaron a León en 1934. Allí arraigó el muchacho pobre y autodidacta, en medio de aquella España desgarrada por la Guerra Civil y por la hambrienta y mísera posguerra. Un niño amparado siempre por la fortaleza de su madre, que poco a poco descubre que "la poesía convierte el sufrimiento en una forma de placer".

Si de algo ha huido Gamoneda es de los encasillamientos. Por edad, podría pertenecer a la llamada Generación de los 50, pero siempre ha sido una voz personalísima al margen de las corrientes y movimientos realistas de su época. El jurado que le concedió el Premio Cervantes en 2006 destacó que "su voz sonó nueva, fue una voz distinta que tendría eco en las minorías poéticas; una voz que no traduce, sino que crea un sentido en la palabra y que borra la anécdota realista para hacer poesía cargada de símbolos de difícil acceso".

Su visión única del dolor ante las injusticias, su empatía con los que sufren y la melancolía lacerada que destilan sus paisajes han convertido su obra poética en una de las más relevantes del siglo XX, traducida a varios idiomas, y reconocida con otros galardones, además del Cervantes. Entre ellos destaca el Premio Nacional de Poesía (1988) por su libro Edad y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana por el conjunto de su obra (2006) y el Premio Quijote de las Letras Españolas (2009).

LA FRUSTRACIÓN DE UNA ESCUELA CASI SIEMPRE CERRADA

Esa curiosidad, ese afán por asomarse al mundo por sus propios medios, se reflejan en una biografía marcada por una ausencia. Aprendió a leer y descubrir la causa musical en las palabras, con el único libro que escribió su padre, un poeta cercano al modernismo que falleció en 1932, titulado Otra más alta vida. Rimas y Leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer fue el segundo que cayó en sus manos.

El tercero, Segunda Antolojía Poética de Juan Ramón Jiménez, uno de cuyos poemas leyó Antonio Gamoneda, por primera vez, en voz alta.

Esos versos heredados fueron la cartilla del niño Antonio: en 1936 no había escuela, una frustración con la que aprendió a vivir, pero sí estaban abiertas para él las palabras de su progenitor. Su aprendizaje académico fue breve y limitado. Las necesidades acuciantes de la vida se imponían y Antonio Gamoneda trabajó como empleado de banca entre 1945 y 1977. Su primera misión fue encender la calefacción. Sin embargo, el anónimo hombre de traje que iba a la oficina bullía por dentro, como lo demuestran sus colaboraciones en revistas como Espadaña y Claraboya: un respiro en un país casi yermo en lo cultural.

Su nombre empieza a sonar en 1960, cuando publica Sublevación inmóvil. Ya demostró entonces que no era un poeta más del realismo imperante en esos años. Descripción de la mentira (1977), León de la mirada (1979), Blues castellano (1982) y Lápidas (1987) dan fe de ello. Edad (1988), Arden las pérdidas (2003), Cecilia (2004) o recopilaciones como Esta luz (2004) son otros de sus libros más relevantes. La cultura siempre ha sido el motor de su vida. Cuando dejó de trabajar en la banca, sus inquietudes le llevaron a ser gestor de los servicios culturales de la Diputación Provincial leonesa entre 1969 y 1977, donde creó y dirigió la colección Provincia de poesía. Siempre los versos como cincel de su vida, calor del alma para sus lectores, para intensificar la conciencia.

Para este hombre, forjado en un dolor profundo, la poesía no procede necesariamente del razonamiento, "sino de intuiciones verbales que se manifiestan al hilo de una conducta musical inherente al desarrollo de un poema". Una melodía que se expresa en versos como los que siguen y que han quedado esculpidos en el aire, entre los frutos inmemoriales de la Sala 3 del Museo Vivanco de la Cultura del Vino.

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