25 de mayo de 2020
18 de diciembre de 2008

El acusado de encargar 90 kilos de marisco en Avilés (Asturias) y no acudir a la cena dice que era para médicos del HUCA

OVIEDO, 18 Dic. (EUROPA PRESS) -

El acusado de encargar 90 kilos de marisco del cantábrico para una cena de 34 comensales, en el restaurante Casa Falo de Avilés a la que no acudió nadie, manifestó hoy que la mariscada estaba prevista para médicos del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) que no se presentaron "por discrepar con el pedido de 20 kilos de percebes". Además de la cena, el hombre había encargado una orquesta.

El juicio, que se celebró hoy en la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Oviedo, quedó visto para sentencia después de que declarase el acusado, los propietarios del restaurante, un camarero del local y un policía que realizó el reportaje fotográfico de la comida servida en la mesa.

El imputado, C. G. G., que colaboraba con la empresa de hostelería haciendo extras, manifestó que fue un médico en el hospital, el doctor Vaquero, quien le hizo el encargo de la cena para "varios médicos del HUCA".

El acusado explicó que se encontraba en la cafetería del hospital con un pintor amigo suyo que estaba rehabilitando la fachada del HUCA y con un doctor a su vez amigo del pintor cuando habló que trabajaba en Casa Falo. En ese momento, relató C. G. G. el médico se interesó por el lugar y le encargó una cena.

El procesado se lo comunicó al gerente del restaurante y escribió el menú en la hoja de presupuestos. Una andarica, un bogavante de un kilo y un centollo del mismo peso, todo por persona, y 20 kilos de percebes y una parrillada de pescado de roca. Todo ello junto a varias botellas de vino de Alvariño y de Rioja.

Según el acusado, el día 1 de junio de 2004 se desplazó al Hospital San Agustín de Avilés donde había quedado con los médicos para llevarles hasta el restaurante y fue cuando estos le comunicaron que se negaban a ir al mostrarse en desacuerdo con el pedido de los 20 kilos de percebes. "Ellos me preguntaron si conocía otro sitio para cenar en Avilés y yo les dije otro", apuntó.

C.G.G. señaló que "en ningún momento tuvo algún problema con los propietarios del restaurante avilesino" y manifestó haber sido una "víctima" por haber querido hacerle un favor a su amigo el pintor.

A preguntas del ministerio fiscal y del juez sobre la no comparecencia del médico que encargó la cena ni de su amigo el pintor en el juicio para corroborar su versión, el procesado señaló que "las dos veces que fue al hospital tras los hechos no encontró al doctor" y respecto al pintor, manifestó que no acudió al juicio porque "está de vacaciones en Tenerife".

"No puse mucho empeño en buscarles porque como tengo la conciencia tranquila pensé que esto se iba a solucionar sin problemas", apuntó el acusado, y añadió "tener problemas de depresión a raíz de este accidente". "Estoy un poco fuera de mi", añadió.

"TRAICIONÓ NUESTRA CONFIANZA"

Por su parte los propietarios del local, C. S. y su marido J. R. V. manifestaron que el acusado "traicionó" su confianza ya que además de una relación laboral habían llegado a entablar amistad. A pesar de que el procesado señaló en su declaración que fue el encargado de poner la mesa para los 34 comensales la propietaria aseguró que "ese día no apareció en todo el día. Dijo que iba a cenar con los médicos pero no supimos nada más de él hasta el día de hoy".

La mujer comentó que no le encontraba lógica a lo sucedido y dejó claro que las cantidades de marisco las escogió el acusado. "Todo lo organizó él y nadie apareció. Tuvimos que tirar la mayoría del marisco y otro poco lo pusimos para pinchos. En mi restaurante no se pone nada congelado" añadió.

Por su parte, su marido J. R. V. señaló que el perjuicio de la cena fue "muy grande" porque además de alquilar todo el salón y de que el marisco era de "primera calidad" tuvo que traer los 20 kilos de percebes desde Galicia. "Ese día por la mañana entró en el bar y salió como una flecha sin dar la cara", añadió.

Por su parte, otro de los camareros del local reforzó el testimonio de los propietarios y declaró ante el tribunal que fue el acusado quien escribió el pedido y quien realizó las cantidades de marisco por persona argumentando que era para unos médicos.

Por ello la fiscalía pide un año y nueve meses de prisión para el acusado por un delito de estafa y argumentó que ni siquiera tuvo el acto de disculparse ni de molestarse en buscar a nadie para que corroborase su versión. Por su parte la acusación particular, ejercida por Juan Carlos Páyer, se mantuvo en la petición inicial y solicita seis años de prisión por un delito de estafa y de lesiones y además, ambos piden una indemnización de 6.000 euros.

Mientras, el abogado de la defensa pide la libre absolución para su cliente argumentando que "no existe ningún delito de estafa ya que no hubo ningún lucro por parte del acusado" y manifestó que su defendido fue víctima de una actuación desafortunada".

El letrado señaló además que los propietarios del establecimiento "no adoptaron ninguna protección" ante la posibilidad de que los comensales decidiesen no acudir.

Los hechos sucedieron el 1 de julio de 2004. El acusado exigió que la comida se sirviese a la plancha, a las 21.30 horas, y que las piezas de marisco "estuviesen calientes" para el horario contratado.