7 de agosto de 2020
7 de octubre de 2009

Los acusados de intentar introducir droga en la cárcel de Valladolid en un 'vis a vis' niegan que fuera de su propiedad

El Ministerio Fiscal mantuvo para ellos penas que suman 12 años de prisión

VALLADOLID, 7 Oct. (EUROPA PRESS) -

El preso Aquilino M. y su pareja sentimental Soraya J.G, acusados de intentar introducir droga en el Centro Penitenciario de Valladolid durante un 'vis a vis', negaron que las sustancias intervenidas fueran de su propiedad.

Así lo manifestaron durante el juicio celebrado hoy en la Audiencia Provincial de Valladolid por lo hechos ocurridos el 26 de agosto de 2006, cuando sobre una mesa de la sala donde se producía un encuentro entre la pareja se hallaron dos trozos de hachís, una papelina de heroína con un peso de 0,13 gramos y una pastilla de Trankimazin (alprazolam). Posteriormente, en un cacheo sometido a Soraya J.G. se incautó a ésta una bolsa con 100 pastillas iguales a la de la mesa.

El acusado, que actualmente se encuentra en prisión, explicó, en declaraciones recogida por Europa Press, que es imposible que él hubiera introducido las sustancias en la sala porque se encontraba en un módulo de aislamiento y se le practicaban cacheos "rigurosos" al entrar, incluso completamente desnudo, y había "mucho control".

Aquilino M. indicó además que no podía traficar al estar aislado por una sanción interna de la prisión y aseguró que ni siquiera pudo ver las citadas sustancias. Durante su declaración, también explicó que fue consumidor de cuatro pastillas diarias de Trankimazin.

Por su parte, la pareja del acusado, que se negó a declarar, sí añadió al final de la vista que esa bolsa en la que se encontraron cien pastillas estaba en el lugar cuando ellos entraron para mantener la 'comunicación'.

ALGO "RARO" SOBRE LA MESA

Durante la vista, el funcionario de prisiones que ese día se encontraba como jefe de servicio explicó que uno de sus compañeros encargado del "rastrillo" observó a través de una ventana de la citada sala que había "algo raro" que pudiera ser una papelina o hachís en una de las mesas en la que se encontraba Aquilino M.

Ante esta situación, el jefe de servicio entró en esta sala y suspendió la comunicación, pidió al preso que saliera del lugar, cogió lo que había sobre la mesa, una "bolsita pequeña", "alguna pastilla" y dos trozos de hachís, y pidió a una funcionaria que cacheara a la pareja sentimental del interno.

Posteriormente, explicó, la funcionaria autora del cacheo le hizo entrega del centenar de pastillas que encontró en una bolsa que llevaba Soraya J.G.

El funcionario explicó que las personas que entran a la prisión para mantener un 'vis a vis' pasan por un sistema de seguridad que incluye un arco detector de metales y cuando salen no se someten a un control, mientras que a los internos se les revisa más cuando salen de "comunicar" porque "se da por hecho" que cuando entran en la sala no llevan objetos.

Tanto el jefe de servicio en aquella jornada como otros funcionarios coincidieron al rechazar la posibilidad de que las sustancias pertenecieran a otra pareja que en ese momento participaba en la misma sala en otro encuentro similar, ya que se encontraba en otra mesa a cierta distancia.

Por su parte, la funcionaria que registró a Soraya J.G. explicó que halló las pastillas de Trankimazin en una bolsa que portaba la acusada, junto a cosas de uso personal.

El Ministerio Fiscal solicitó, por un delito contra la salud pública en grado de tentativa, la pena más dura, siete años de privación de libertad, para Aquilino M, al que aplica la agravante de reincidencia, al contar en su haber con varias condenas por delitos contra la salud pública, resistencia a agentes de la autoridad y robo con violencia e intimidación, mientras que para ella interesó una condena de cuatro años y siete meses. Además, la petición del fiscal incluye una multa de 900 euros para cada uno de ellos.

La acusación pública considera que no hay dudas de que las pastillas fueran suyas, al igual que el resto de las sustancias que se encontraban sobre la mesa de la sala donde mantenían la "comunicación", y tampoco sobre el hecho de que fuera la compañera sentimental del preso la que las introdujo en la prisión.

POSIBILIDAD REAL DE QUE ENTRARA LA DROGA

En cuanto a la posibilidad de que Aquilino M. pudiera intentar venderlas en la cárcel, explicó que hay presos que eluden los controles que se les realizan tras el 'vis a vis' mediante la introducción de objetos en cavidades corporales como la boca. Así, cree que hubo "posibilidad real" de introducirlas y de intentar distribuirlas.

Sin embargo, la defensa de Aquilino M. pidió la absolución de su patrocinado al entender que no hay pruebas concluyentes de que las sustancias fueran suyas ni testigos que tuvieran contacto con ellas. Tampoco considera que hay motivos para la condena por una "tentativa" de traficar porque deberían de darse otras circunstancias como la posesión de objetos para tal fin o que las sustancias ya estuvieran preparadas para ello.

Además, el abogado descartó que su fin fuera la venta, dado el escaso valor de las sustancias, diez euros en el caso de la heroína y cinco del hachís, aunque algo mayor en el caso del Trankimazin, que recordó que el acusado ha tomado en otras ocasiones en una cantidad tal que las cien dosis que se incautaron no habrían durado ni un mes.

Por ello, la defensa explicó que se abre la posibilidad de que las pastillas hubieran estado sobre la mesa y, en caso de duda, invocó el principio 'in dubio pro reo'.

Por su parte, la abogada de Soraya J.G. hizo suyas las conclusiones de su colega y pidió también la absolución de su defendida al considerar que no había quedado probado hecho delictivo alguno.