26 de septiembre de 2020
14 de enero de 2009

Forenses rechazan que el ex guardia civil acusado de matar a su novia en Castellón sufriera trastorno mental

Uno de los hijos de la víctima es expulsado de la sala tras afirmar que no quería dinero, sino que el procesado se "pudra" en la cárcel

CASTELLÓN, 14 Ene. (EUROPA PRESS) -

Los forenses del Instituto de Medicina Legal (IML) de Castellón que examinaron al ex guardia civil acusado de matar a su compañera sentimental en 2007 en la localidad castellonenese de Villareal aseguraron hoy que el procesado no padecía ningún trastorno ni enfermedad mental que le impidiese saber qué hacía o que anulase el control de sus acciones. Por contra, un psiquiatra propuesto por el abogado de la defensa aseguró que el hombre "estaba seriamente trastornado o padecía una enfermedad mental en el momento de cometer los hechos".

Durante la segunda sesión del juicio con jurado que se sigue en la Audiencia Provincial de Castellón, uno de los hijos de la víctima fue expulsado de la sala por parte del magistrado-presidente tras intervenir en un momento determinado para señalar: "el dinero que se lo quede él y se pudra en la cárcel", y lamentó que el presunto agresor, al que llamó "canalla", aún "tenga fuerzas para defenderse".

Así, uno de los médicos forenses del IML declaró que, tras examinar al acusado en comisaría después de ser detenido, "estaba confundido y no se acordaba bien de lo ocurrido", mientras que añadió que la memoria la tenía bien y tan sólo presentaba una laguna respecto al momento de los hechos, que el perito consideró que respondía sólo a una actitud procesal para obtener beneficios.

Además, aclaró que el procesado no había estado en tratamiento médico hasta un mes antes del crimen, periodo en el que tuvo dos atenciones terapéuticas breves por ansiedad e insomnio, para lo que se le prescribieron tranquilizantes, y visitó una clínica privada en la que se le recetaron antidepresivos.

Sin embargo, en las muestras de sangre del acusado analizadas no se detectaron restos de antidepresivos, aunque sí en las de orina, así como de sedantes en dosis por debajo de las recomendadas médicamente, "lo que indica que no seguía el tratamiento antidepresivo prescrito cuando se produjeron los hechos, aunque sí los tomó los días anteriores", según el forense.

El perito también aseguró que el acusado tiene un carácter extrovertido, maniaco, jovial e impulsivo, "es decir, reflexiona poco sus decisiones, predomina en él un humor depresivo y si no tiene la aprobación de los demás, su vanidad se ve afectada y se deprime". En su opinión, el crimen fue "producto de un estado pasional de ira, es decir, de la necesidad de acabar con un elemento que le está torturando psicológicamente en su vanidad".

Por su parte, el psiquiatra propuesto por la defensa apuntó que el acusado padece un trastorno narcisista de la personalidad, "de tal forma que contratiempos que serían livianos para otras personas, en él pueden provocar rencor y agresividad". Según destacó, en la época previa al crimen el procesado se encontraba arruinado económicamente y pasó de una fase maníaca a otra depresiva, "en la que empezó a interpretar lo que sucedía en su medio de forma psicótica, de tal forma que pensó que su compañera le iba a abandonar".

"Al dejar la medicación para la depresión, su cuadro se agravó y se produjeron los hechos", agregó el perito, que declaró que el acusado "padecía un estrechamiento importante de la conciencia" cuando mató a su compeñera, y matizó que "el delito que comete es típico del enfermo mental, ya que no tiene características del crimen con motivación".

En definitiva, el psquiatra consideró que el procesado, en el momento de los hechos, "sabía lo que hacía, pero con un nivel de conciencia muy bajo, lo que le pudo afectar a su capacidad de inhibición para actuar de la forma en que lo hizo".

En la sesión de hoy también declararon los peritos encargados de analizar las muestras biológicos recogidas del acusado y de la víctima, los cuales indicaron que en algunas uñas de la mujer había ADN coincidente con el de su presunto agresor, por lo que debió de existir contacto físico entre ambos.