27 de noviembre de 2020
27 de junio de 2006

Un padre se enfrenta a dos años de cárcel en Valencia por pagar la droga de su hijo al camello que después le mató

El vendedor de la cocaína admite el asesinato y su defensa pide 19 años de prisión, la misma pena que el fiscal

VALENCIA, 27 Jun. (EUROPA PRESS) -

Un padre se enfrenta a dos años de cárcel por pagar la droga que consumía su hijo al camello que posteriormente acabó matando de tres tiros al joven en el espigón de la playa de Valencia. El acusado del asesinato, por su parte, reconoció los hechos y su defensa se mostró de acuerdo con la petición fiscal de que cumpla 19 años de prisión.

El padre, que, según el fiscal se encontraba "preso de angustia" por la situación que atravesaba su hijo y buscaba que tuviera una fuente "regular y fiable" de suministro hasta encontrar una solución al problema, también admitió que compraba la sustancia y que encubrió al camello porque, de acuerdo con el ministerio público, consideraba que le había ayudado mucho.

Por este motivo, la defensa del padre se adhirió a la petición fiscal de que su cliente cumpla un año de prisión por un delito de encubrimiento y otro contra la salud pública, aunque pidió a la sala, la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia, la suspensión de la ejecución de la pena, petición a la que no se opuso la representante del ministerio público. Ni el principal acusado ni el padre quisieron utilizar su derecho a la última palabra en la vista, celebrada hoy en la que las partes renunciaron a la práctica de la prueba a la vista del reconocimiento de los hechos.

La defensa del principal acusado, por respeto al secreto profesional, no quiso entrar en los detalles de por qué su cliente adoptó la decisión de matar al hijo del comprador. Los dos procesados están en libertad en este caso, el vendedor de la droga desde cuatro meses después del crimen, fecha en la que su letrado le consiguió la libertad.

Según explica el ministerio fiscal en su relato de hechos admitido por las partes, José Antonio M.B. tenía un bar del que era cliente el otro acusado, Luis R., cuyo hijo tenía dependencia a los estupefacientes y había estado en tratamiento de desintoxicación en diversos centros aunque no había podido abandonar el consumo, que era cada vez mayor. La situación se agravaba porque, según el fiscal, esta persona carecía de recursos económicos.

José Antonio M. convino con el padre, en abril de 2003, que suministraría a su hijo cocaína "tantas veces como ambos acordaran por teléfono, lo que se tradujo en una entrega matutina casi diaria de esta sustancia y en ocasiones también por la tarde".

El padre consintió en llegar a este acuerdo "preso ya de la angustia que le producía ver el deterioro físico y psíquico de su hijo" e incapaz de aceptar el seguir llevándolo él mismo a la zona de Las Cañas de Valencia y otras zonas de venta de droga a las que el hijo era "asiduo" y a las que hacía que su padre le acompañara para que le pagara las sustancias que tomaba.

El progenitor sabía que ésta era la "única posibilidad" de que el hijo dispusiera de una "fuente regular y fiable de suministro" de drogas hasta que encontrara alguna solución al problema. De esta forma pagaba unos 90 euros diarios por la droga que compraba a José Antonio M. para su hijo. Asimismo, le dijo al vendedor que le adelantara a su familiar el dinero que éste le pidiera para heroína, con el fin de controlar el suministro del hijo.

El 4 de julio de ese año, Luis R. presenta una demanda de incapacidad por trámite de urgencia de su hijo para terminar con la situación que sufre. Sin embargo, diez días después, éste queda con el vendedor para que le dé la dosis de cocaína y ambos deciden ir al espigón de la playa de Valencia donde el joven suele consumir. Una vez allí, y cuando el acusado José Antonio M. se encontraba a "muy escasa distancia" detrás del hijo, saca un revólver con el que le dispara dos tiros que le afectan en la región lumbar y otro más en el cráneo, éste último "de gracia", que le producen la muerte.

Al no acudir el hijo al domicilio como era habitual ni tampoco llamarle para pedirle dinero, Luis R. se pudo en contacto con el vendedor, porque sabía que había quedado con su hijo, y cuando le preguntó por él, éste le dijo: "descansa, tus problemas se han terminado" y le comunicó la muerte de su familiar.

El 18 de julio se encontró el cadáver de la víctima, con restos de estupefacientes y alcohol en sangre, y el padre, a sabiendas de lo que había sucedido, compareció dos veces en el juzgado y otras dos en la Policía en las que no ofreció ningún dato que aproximara la investigación hacia el vendedor. Por contra, proporcionó datos "inconcretos" respecto a otros vendedores e incluso pidió a un amigo de su hijo que no mencionara el nombre de esa persona porque le había "ayudado mucho y no quería causarle problemas". La investigación policial pudo identificar al procesado, que fue detenido el 14 de enero de 2004.

Fiscal y defensa se mostraron conformes con que José Antonio M. cumpla 15 años de prisión por asesinato; tres por un delito contra la salud pública y otro más por tenencia ilícita de armas (inicialmente le reclamaban 29 años y medio de cárcel) y dos para el padre, uno por encubrimiento y otro por salud pública (frente a los tres de la petición inicial).