15 de noviembre de 2019
13 de enero de 2010

Las pruebas periciales sitúan a uno de los procesados en la escena del crimen de Socuéllamos (Ciudad Real)

CIUDAD REAL, 13 Ene. (EUROPA PRESS) -

Los peritos policiales y científicos que hoy testificaron en el juicio que se sigue en la Audiencia Provincial por el presunto asesinato de Marcelina García, de 74 años, la noche del 27 de julio del año 2006 en Socuéllamos (Ciudad Real) situaron en la escena del crimen a uno de los tres imputados en el crimen, el ciudadano rumano Gheorghe Ghise, de 26 años.

Según declararon en la tercera sesión de la vista con jurado popular, la huella en la cinta de embalar con la que la víctima fue maniata, y restos de piel en las uñas, se corresponden con la identidad de Ghise, quien reconoció haber estado en la casa de la víctima.

De su lado, los expertos afirmaron que no se encontraron rastros de los otros dos acusados, José Antonio Villar y su novia, Raquel Cano, aunque las acusaciones mantuvieron que participaron activamente en los hechos.

De todas maneras, quedó patente, según las declaraciones de los agentes, la crueldad con la que fue atacada la mujer, de complexión menuda. En concreto, los guardias civiles que realizaron las pruebas oculares señalaron que fue excesiva la fuerza que emplearon los autores del crimen, ya que le pegaron en la cabeza con múltiples golpes, algunos de ellos "importantes e intensos", como el que le dieron contra el suelo de cemento del patio de su casa.

De hecho, esta brutalidad fue expuesta en el juicio con las fotografías que los agentes tomaron de la escena del crimen, en las que mostraba la colocación posterior del cadáver, dispuesto boca arriba, en una posición que podría formar parte de una ceremonia funeraria.

Esta teoría toma forma porque los forenses corroboraron que la anciana murió boca abajo, mientras que cuando la encontró su hijo, la mujer tenía la cabeza recostada en el escalón de una escalera y a su lado había una vela encendida y una botella de agua.

Al parecer, existe un rito en algunas zonas de Rumanía para despedir a los difuntos y que consiste en encender un cirio para alumbrar el tránsito del alma, y poner agua para que el muerto beba.

El fiscal pide 22 años y medio de cárcel para José Antonio V.A., de 45 años; 23 para el ciudadano rumano, Gheorghe G., de 26 años; y 19 años para Raquel Cano, de 27 años. El juicio quedará esta tarde visto para sentencia.