Antonio Pérez Henares.- La mentira como forma de gobierno

6 de noviembre de 2018

MADRID, 6 Nov. (OTR/PRESS) -

Todo gobierno, en la diversas formas de mentir que van desde el silencio al embuste y de la ocultación de la verdad a la tergiversación, miente en ocasiones a los gobernados. Lo dejó establecido nada menos que Abraham Lincoln: "Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo... se puede engañar a algunos todo el tiempo... pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo". Pero nuestro presidente ha ido más lejos y en apenas unos parpadeos de Gobierno. Sánchez miente en todo, miente siempre y miente a todos. Ha convertido a la mentira en su forma de Gobierno.

Lo ha hecho desde antes mismo del primer minuto. Lo hizo para llegar al poder, prometiendo elecciones cuanto antes, y violando su palabra de no hacer jamás lo que hizo pactar con el separatismo y la ultraizquierda. Y ha seguido, desde entonces, fiel a la mentira y sin moverse un milímetro y en todos los aspectos, incluido el personal, ese doctorado fraude, con negro, corta y pega y tribunal a la carta, sobre el que se niega a someterse a preguntas y menos del parlamento pues no tiene respuesta que pueda dar y que sea creíble.

La lista aumenta y se agrava cada día y llega en su justificación al paroxismo en estos últimos cuando tras haber aseverado su condena a la rebelión separatista no solo da marcha atrás sino que fuerza al Estado, con las más zafias presiones y de nuevo mintiendo hasta en haberlas ejercido, a través de su Abogacía a bajarse los pantalones y dejar inerme a España. Algo que tiene gravísimas consecuencias a corto plazo, y, aún más a largo plazo, si el asunto llega al Tribunal de Estrasburgo pues esa Abogacía del Estado ha quedado inhabilitada para defender tal imputación al haberse opuesto ahora.

El dislate para excusarlo de la perpetua dislatada Carmen Calvo ha superado cualquier esperpento. Que cuando Sánchez dijo y repitió aquello no era Presidente del Gobierno y que por tanto el Presidente del Gobierno no había afirmado tal cosa. Vamos que el Presidente del Gobierno no existía como ser humano antes de serlo y que lo que pudo decir antes no le concierne ahora como persona. La brújula para descifrar sus intenciones no es otra que entender que aquello que niega que nunca hará es exactamente lo que tiene pensado hacer. Y que lo pondrá en marcha por tramos, sabedor de lo que repugna dicho por entero y de partida y siguiendo máximas de Goobels, para que se lo vaya tragando el personal a cachos y ya no le vaya pareciendo tan terrible.

La mentira es pues, y a ello debemos atenernos, nuestra forma de Gobierno. Pero no se equivoquen, Sánchez no es un mentiroso compulsivo sino un embustero muy consciente, un felón en el que prevalece su ambición y que ha hecho del poder su única referencia. Nada que no sea conservarlo le importa en absoluto. Le da lo mismo si se descuartiza España y que lo que quede de ella se sumerja en el caos y la miseria. Mientras él siga gobernando eso le parece una minucia. Algo que alboroza a quienes quieren descuartizarla y a los que pretenden enterrarla como patria común de todos para enarbolando el odio y la revancha convertirla en un gulag venezolano. Sus aliados y sus cómplices.

Porque Sánchez confía en que el axioma del Lincoln no vaya con él. Confía en lograr engañar, aunque a todos no, sí a un número suficiente, y durante el tiempo preciso, para poder amarrarse a la Moncloa. Para ello cuenta con la propaganda de lavado de cerebro masivo tras haber convertido a los grandes medios de comunicación de masas en megáfonos de sus proclamas y silenciador de sus mentiras. Con la mayoría de las teles "amigas", sumisas u "okupadas", lo de TVE que iban a regenerar y pluralizar es otra silenciada tropelia, convertidas en la base esencial de su agritrop lo cierto es que puede perfectamente lograrlo.

Con un elemento más aún a su favor. No pocos de quienes le apoyan saben que miente pero aceptan como buenas sus mentiras, porque es de los "suyos" porque atienden a un bien futuro y superior que es su triunfo y la victoria de la sigla sobre la perversa derecha y con ello les basta. Y aún más, el silencio cobarde y responsable de dirigentes de su partido conscientes de todo el desastre final que esto puede suponer para la Nación entera y su ciudadanía y callan. Con ello otorgan, sin rechistar siquiera, patente de corso para que él y su tropa asalten todo lo que se les antoje, la Constitución en su esencia y principios, la soberanía nacional incluida. Poco a poco, píldora a píldora, embuste a embuste, para que no se note, para que no repugne, para que no haya respuesta hasta que el desastre ya sea irreversible. Si es que ya no es inevitable.

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