26 de noviembre de 2020
11 de enero de 2020

Charo Zarzalejos.- Gobierno legítimo y ...

MADRID, 11 Ene. (OTR/PRESS) -

El Gobierno que va a presidir Pedro Sánchez es un Gobierno legítimo. Tan legítimo como débil. Tan legítimo como prisionero de aquellos que han apoyado su investidura. Tan legítimo como desconcertante para millones de españoles que se creyeron sus mensajes de campaña electoral. Tan legítimo como inmenso en su composición. Tan legítimo, en fin, como arriesgado.

Es un Gobierno débil porque ni de lejos cuenta con la mayoría absoluta y si la consigue no será a base de cumplir compromisos cuya cuantía económica desconocemos pero que, sin duda, va a requerir de un dinero que, según dicen los expertos, no tenemos. Es un Gobierno prisionero de grupos como ERC y Bildu. Los primeros, a modo de bienvenida, ya han presentado ¡¡¡200 preguntas¡¡¡ relacionadas, en su mayoría, con lo que consideran represión y además no se cansan de decir -y no mienten- que ellos lo que han votado es una solución política al contencioso mal llamado catalán. En realidad, es el contencioso del independentismo con el Estado. Algo parecido se puede aplicar a Bildu y ambos, Bildu y ERC, se disponen a hacer sus respectivas campañas electorales a lomos de Sánchez.

Es un Gobierno desconcertante si nos atenemos a la hemeroteca. Nada hacía pensar, seguida su ultima campaña, que iba a hacer justo todo lo contrario de lo que dijo. Ni para afirmarlo ni para hacer lo contrario ha movido un ceja. Tiene el Presidente esta cualidad: convertirse en un frontón. Dicen que no había otra opción y por mucho que lo afirmen, no deja de ser una forma de hacerse trampa en el solitario. Existe el Gobierno que Pedro Sánchez ha querido. Que nadie se llame a engaño.

Es un Gobierno que, todo apunta, será inmenso. Nada menos que cuatro vicepresidencias y desglose de los ministerios hasta ahora conocidos en nuevas carteras, muchas de ellas, como la de Consumo y otras más, sin apenas competencias ya que pertenecen a las comunidades autónomas. Y ello acompañado de una escena poco estética cómo es que una pareja -Iglesias y Montero- formen parte del Ejecutivo. ¿Con uno de los dos no era bastante? En este punto sorprende el acriticismo con el que amplios sectores de la opinión pública reciben el aumento de gasto que esta inmensidad gubernamental va a suponer. En teoría, la izquierda siempre ha tenido sentido crítico. Este ha desaparecido como ha desaparecido la menor exigencia de transparencia. Una cosa es no radiar en directo las conversaciones y otra esta opacidad calculada y aceptada sin chistar por quienes, como Iglesias, han hecho de esa transparencia una de sus banderas.

Es un Gobierno arriesgado por todo lo anterior. Si difícil es gobernar con números holgados e incluso con compromisos de gobernabilidad firmados, qué decir de un Ejecutivo que tiene que atender a numerosas agendas (gallega, vasca, valenciana, catalana) sin que ninguna de ellas hayan firmado acuerdos de Gobierno.

Pese a todo, Sánchez tiene a su favor, o cree tenerlo, que Podemos no piará haga lo que haga. Tocar el cielo bien debe valer el silencio. También cree saber que ERC por exigente que se ponga nunca facilitará nada que de manera directa o indirecta pueda dar cancha a la derecha. "El dolor viene después" le dijo el Rey y el Monarca sabe de lo que habla.

El Gobierno es tan legítimo como lo es la oposición. Lo sorprendente es que a muchos les escandalice más la intervención de Casado que la de los portavoces de Bildu y ERC que no dejaron títere con cabeza. A Casado el Presidente le vapuleó. A los otros les acunó, les cantó una nana. Y seguirá cantando hasta que aparezca otro Sánchez, cosa que no hay que descartar de ninguna manera.

Desde la legitimidad que tiene el PP, así como Ciudadanos y Vox, tiene para realizar su tarea de oposición, es Casado el que tiene que medir con especial inteligencia sus pasos a no ser que quiera alimentar el relato socialista de que todo aquel que no le apoya es fascista. Por eso, es imprescindible que el PP decida una estrategia que permita visualizarle como un partido de oposición y de Estado. Oposición para denunciar todo aquello que crea denunciable. De Estado para no quemar todos los cartuchos el primer día. Una buena manera de empezar sería dejar a las víctimas del terrorismo fuera del debate. Son tan plurales como España misma.