2 de julio de 2020
28 de septiembre de 2018

Charo Zarzalejos.- Ni piedad ni perdón

MADRID, 28 Sep. (OTR/PRESS) -

Es lo que tiene ir por la vida de inmaculado, que a la menor la realidad se convierte en un cruel fantasma. Acompaña siempre a quienes desde una supuesta superioridad moral se erigen en jueces implacables de los demás. En esta tarea de juez, la presunción de inocencia no existe y, por supuesto, se da credibilidad a papeles de delincuentes declarados. Cuando se va de inmaculado, da igual que los hechos sean de antes de ayer que de hace diez años. Da igual. No hay ni piedad ni perdón.

El Presidente Sánchez llegó a Moncloa haciendo bandera de la limpieza, la honestidad, la transparencia. Se presentó a sí mismo como el adalid de lo impecable, de lo absolutamente almidonado pero resulta que la vida y las personas tenemos todas nuestras arrugas y los políticos también.

Cuando el PSOE estaba en la Oposición, Rajoy no era una persona decente y los papeles de un condenado como Luis Bárcenas se convirtieron en la biblia de ataque. La verdad es que los sucesivos casos de corrupción que han asolado a los populares daban motivo para la critica, la exigencia de explicaciones, y el pasmo de los ciudadanos. Una frase en una sentencia en la que se señalaba que el testimonio de Rajoy en su calidad de testigo no era del todo convincente sin que esta apreciación no pasara de ser una apreciación sin consecuencias, fue el argumento definitivo para la moción de censura, alentada en primera instancia por Ciudadanos pero ganada finalmente por Pedro Sánchez. Con su llegada y según sus palabras se abría, nada menos, que una nueva época.

Ahora los días difíciles son para los socialistas que ven, con enorme desasosiego, "que nos vendrá hoy". De momento han venido dos dimisiones. Maxím Huerta y Carmen Montón. Y otros dos tienen algún que otro dolor de cabeza como es la ministra de Justicia y el Ministro de Educación. Estos cuatro casos son bien distintos. Maxím Huerta tuvo sus problemas con Hacienda, fue a los tribunales y saldó su deuda. Estaba limpio cuando fue nombrado ministro. Tan limpio como el que cumple su condena y se convierte en ciudadano en plenitud de derechos. Con el no hubo ni piedad ni perdón.

Carmen Montón, copió parte del trabajo final de su máster. Sabía perfectamente que lo había copiado y este fue su problema. No reconocerlo desde el primer momento y no decir la verdad en política es algo inaceptable. Más que copiar unos cuantos folios.

Y es el problema de la ministra de Justicia. De no conocer a Villarejo a compartir mesa y mantel y conversaciones, cuando menos un tanto chabacanas. Son conversaciones privadas, es verdad, pero una vez conocidas se produce un antes y un después para Dolores Delgado. Por mucho que se quiera endulzar la cuestión parece bastante obvio que para una inmensa mayoría de compañeros ya no será la que era y es probable que ella misma en algún momento no pueda mirar a los ojos, con tranquilidad, a jueces y fiscales. En términos políticos, es el "caso" más grave de todos los acontecidos. Baste imaginar que la ministra en cuestión fuera de otro partido. El PSOE no hubiera sido menos critico que lo que hoy son Ciudadanos, PP e incluso Podemos.

Villarejo está en prisión, pendiente de juicio. Igual que Luis Bárcenas cuyos papeles también fueron filtrados y sirvieron para un placaje absoluto sobre el PP y, sobre todo, sobre Mariano Rajoy. Delincuente uno, delincuente otro. ¿Si unos dieron por bueno guiarse por los papeles de un delincuente, por que ahora no hay que dar por buenas las cintas insoportables de Villarejo?.

En su momento me escandalizó y me irritó que Luis Bárcenas condicionara la vida política del país y ahora me parece execrable que anden circulando cintas que un personaje como Villarejo ha venido grabando desde hace años a todo aquel que se le acercara con el único fin de enriquecerse y extorsionar. Ahora le ha tocado a Dolores Delgado, ¿quien o quienes serán los siguientes?.

Sin que Villarejo tenga nada que ver, el ultimo mal rato le ha tocado a Pedro Duque. Sociedades como la suya, en principio no ilegal, han florecido en España. Toda prudencia a la hora de juzgar me parecerá siempre poca pero como no ha habido ni hay ni piedad ni perdón, ya es otro ministro "tocado".

La vida política se está convirtiendo en un territorio más que peligroso. Solo pueden llegar a ella con tranquilidad los que en su vida han hecho nada, los que nada han estudiado, los que nada tienen. Todos los demás que osen lanzarse al que ha sido y sigue siendo uno de los oficios más dignos del mundo, que tengan cuidado, mucho cuidado. Creo que se impone una reflexión colectiva que debe comenzar por los propios responsables políticos para imponerse unos a otros una rotunda exigencia de transparencia, de verdad, de rectitud pero sin matarse entre ellos, sin convertirse en trituradoras no ya de una vida política, sino incluso personal. No puede ser que la política se convierta en un matadero en donde anide el cainismo por encima de la verdad. Pero en esas estamos desde hace mucho tiempo. Ocurre que en esta nueva época algunos son esclavos de sus palabras y las palabras no se las lleva el viento.