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    Fermín Bocos.- Información y libertad

    MADRID, 29 Sep. (OTR/PRESS) -

    Digámoslo pronto: las reflexiones de la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, acerca de los límites de la libertad de información obedecen a un impulso propio de gobernantes que se sienten acosados por las informaciones sobre los escándalos que generan dimisiones y turbulencias en sus equipos de gobierno. Proponer regular la libertad de información en un país como España que tiene un Código Penal que establece penas severas para los delitos que atentan contra el derecho al honor: calumnias, injurias o cuando se trata del delitos de odio o de incitación a la violencia, sería tanto como ceder a una pulsión censora inducida, en este caso, por el clima de dificultad política por el que navega el actual Gobierno.

    Publicar lo que se ha publicado acerca del plagio que llevó a la dimisión de la señora Carmen Montón como ministra de Sanidad ¿era extralimitarse en nombre de la libre circulación de ideas y noticias? ¿Han hecho mal los medios al hacerse eco de las dudas que suscita el contenido y la autoría de la tesis doctoral del ciudadano Pedro Sánchez? ¿O las irregularidades en la obtención de un máster que desembocaron en la dimisión de Cristina Cifuentes como presidenta de la Comunidad de Madrid? La respuesta es que no. La libertad de información es la piedra angular del sistema democrático porque la democracia se sustenta, precisamente, sobre las libertades de información y de expresiones políticas.

    Lleva razón, en cambio, Carmen Calvo cuando denuncia que la llamada "posverdad" es la mentira de toda la vida y también cuando señala que hay medios que no le hacen ascos a las "fake news". Pero frente a la falsedad: Código Penal, no censura. Porque en España las leyes ya prevén límites a la información. Y la "regulación" y "la intervención", que según ella se estarían planteando en algunos países, huele a censura. O lo que es lo mismo, a no haber entendido que es la prensa libre la que garantiza la supervivencia de la democracia. Parece que sobre cuestión tan capital, hace ya dos siglos, Thomas Jefferson tercer presidente de los EE.UU. y padre de la Declaración de Independencia de aquella democracia pionera, tenía las ideas bastante más claras: "Estoy a favor de la libertad de prensa y contra toda violación de la Constitución para silenciar mediante la fuerza y no la razón, las quejas o críticas, justas o injustas, de nuestros ciudadanos contra la conducta de sus gobernantes" .

    Por tener las cosas claras Jefferson dejó escrito que prefería una prensa sin gobierno que un gobierno sin prensa. Entiendo que otros, en períodos de acoso informativo, sugieran que habría que controlar la información. Es un error recurrente; un error que han cometido todos los gobiernos cuando se sienten asediados por sus propios escándalos. Parafraseando a Orwell, podríamos decir que la libertad es el derecho a decirle a los gobiernos lo que no quieren escuchar.

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