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    Francisco Muro de Iscar.- La superioridad intelectual de la izquierda

    MADRID, (OTR/PRESS) Hay que partir de una verdad axiomática: la izquierda es superior intelectual, moral y éticamente a la derecha. Lo ha establecido la propia izquierda y no admite discusión ni debate. Y esta "superioridad" se incrementa en estos tiempos de carencia de intelectuales -o de ausencia de éstos en la vida pública- y de cultura kleenex, de usar y tirar, inmediata, sin trascendencia en el tiempo ni en la propia cultura. Todo sucede en un momento y desaparece en el siguiente para pasar a otra cosa. En las últimas décadas, la izquierda se apropió de la cultura, como de la Universidad, al tiempo que la derecha, miope y temerosa de que le llamaran lo que es, dejó el terreno libre a este supuesto grupo de intelectuales. La Universidad se ha ido alejando poco a poco de la sociedad de la que vive y ni ha empujado el cambio ni ha sido capaz de regenerarse.

    Nos hemos cargado la filosofía de la enseñanza y hemos quitado los valores que antes informaban la sociedad sin sustituirlos por otros. En busca de una falsa igualdad y una pedagogía retórica, impuesta por la izquierda, hemos igualado a todos por abajo, en lugar de impulsar la excelencia y ofrecer oportunidades reales de mejora a todos. Y en el terreno de la cultura, el abandono de la derecha ha dejado campo libre a muchos oportunistas. Hay que subvencionar el cine, pero no el teatro porque lo dicen las izquierdas que dominan el cine, aunque las salas de teatro estén llenas y las de cine cada vez más vacías. Los empresarios son gente perversa que trata de aprovecharse del mundo salvo cuando son empresarios de cine y financian películas dirigidas o interpretadas por artistas de izquierdas. El arte es bueno y tiene todos los privilegios si es de izquierdas o provocador o revolucionario. Importa menos que sea arte, porque eso también lo dicen los críticos, mayoritariamente de izquierdas. Joan Manuel Serrat es grande si va a favor de corriente, pero se le despedaza si se opone a una política ilegal que divide a los catalanes y margina a la mitad de los ciudadanos de Cataluña. El arte tiene que ser provocador o no, pero una provocación no es siempre arte. Casi siempre es solo una provocación interesada.

    En muchos lugares de España algunos artistas son silenciados permanentemente porque no juegan en la liga de los que mandan en la cultura, pero eso no es censura, porque lo hace la izquierda. Se puede hacer una portada en la que se ve al Rey de España sodomizado y eso es libertad de expresión. Hay tuiteros que agreden a personas desde las redes sociales y eso es libertad de expresión. Una canción puede insultar a las víctimas de ETA o a la Iglesia Católica -siempre es a la misma Iglesia- y eso es libertad de expresión. Pero si se hace a otras religiones, a otras víctimas o a determinados grupos sociales es intolerable y un ataque a la libertad de expresión. La libertad de expresión es una conquista irrenunciable y marca nuestro grado de tolerancia. Las personas son siempre respetables y todas valen lo mismo. Las ideas, no. Y mucho menos cuando se usan para el engaño, el insulto o el daño. Como en el desplante irresponsable y mezquino al Rey en Barcelona el fin de semana. El respeto a los demás es también un valor fundamental y necesario de una sociedad democrática. Y la izquierda debería encabezar también esa defensa. Sin fisuras.