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    Francisco Muro de Iscar.- La vara de medir y la ejemplaridad

    MADRID, 21 Nov. (OTR/PRESS) -

    Todos los partidos, sin distinción de ideología, tienen su propia vara de medir, cambiante si se trata de juzgar actuaciones propias o ajenas. No juega la inteligencia, la ética o la realidad sino el partidismo o, mejor, el sectarismo. Lo que hacen los míos está siempre bien; lo que hacen los otros es siempre perverso. Nuestros políticos, todos, debieron faltar a clase cuando explicaron lo del reconocimiento de nuestros propios errores y lo de la autocrítica. O tal vez es que no se explica desde hace mucho en las aulas. Es posible que estemos renunciando a ser una sociedad ética o que los políticos no sean capaces de hablar, de negociar, de acordar y ser hayan acostumbrado a lo que tienen dentro de sus propios partidos: un poder concentrado, omnipotente, indiscutido e indiscutible que decide sobre todos y sobre todos.

    La reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía con la mayor condena a políticos por corrupción en nuestra democracia pone de manifiesto todo lo anterior. EL PSOE "actual" no tiene nada que ver con lo sucedido. Fantástico. Lo mismo sucedió en el PP con la Gürtel. Y, de otra manera, con los políticos presos del independentismo catalán, en la cárcel no por sus ideas políticas sino por haber violado la ley con alevosía. La justicia actúa contra los delincuentes y algunos de los condenados podrían ser llamados sin mal uso del lenguaje "delincuentes habituales", que no son solo los pequeños delincuentes reincidentes sino también quienes se valen de su poder para hacer legales sus ilegítimas pretensiones. Incluso, cambiando las leyes para favorecer el abuso de poder.

    Pero toda esta vergonzosa falta de autocrítica de los partidos, esta falta de ejemplaridad y de decencia, no esconde algunas realidades positivas. La primera que tenemos jueces independientes, de prestigio y decididos a actuar con respeto a la ley y sin someterse a las presiones políticas o económicas. Desde el Tribunal Constitucional hasta los más pequeños juzgados, pasando por el Supremo, la Audiencia Nacional, o los Tribunales Superiores de Justicia de Andalucía, Cataluña o cualquier otra autonomía, la inmensa mayoría de los jueces está cumpliendo con su deber. Sin miedo y sin casarse con nadie. Tenemos una Justicia lenta, sin medios suficientes, con serios defectos... pero que funciona y que sostiene, mejor que otros poderes, el Estado de Derecho. La Justicia está poniendo orden frente a la desafección y la burla de la ley de quienes deberían ser los primeros servidores del Estado, sea en Cataluña, Andalucía, Madrid o cualquier otro lugar. Ante situaciones como la sentencia de los ERE ahora, la Gürtel, antes, o el proceso independentista, los políticos están en el otro lado, en el de la falta de ejemplaridad y en la devaluación de las instituciones del Estado. Sin embargo, no les culpemos solo a ellos. Hagamos autocrítica nosotros. Hace poco, el director del Área de Acción Social de Cáritas Española, Francisco Lorenzo Gilsanz decía que "no nos faltan motivos para ser críticos con el poder político, pero es la sociedad la que merece más crítica, porque es difícil que una sociedad tenga una política con talla moral fuerte si esa talla no la tiene ya la sociedad civil". También hay que hablar de eso.

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