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    Rafael Torres.- Les conocemos más

    MADRID, 19 Sep. (OTR/PRESS) -

    La parte buena es que en éstos cinco meses en que los líderes políticos han estado holgando a cuenta del Presupuesto, nos ha dado tiempo a conocerlos más. Es cierto que hubiéramos preferido conocer a otros, o a éstos no llegar a conocerlos tanto, pero, contra la extendida suposición de que las nuevas elecciones arrojarán resultados idénticos a las del pasado abril, ese mayor conocimiento de los gerifaltes de los principales partidos pudiera ser determinante a la hora de reorientar el voto, o de dejar que se pierda si uno lo ve irreversiblemente desorientado.

    Ésta segunda alternativa, la de la abstención, si bien rigurosamente legítima, y comprensible visto lo visto, pudiera no ser, sin embargo, aconsejable, pues equipararía a quienes sí saben hacer su trabajo, los electores, con los que no saben, los políticos de tres al cuarto que tenemos en nómina. Que no saben o que no quieren, que para el caso es lo mismo. ¿Qué creerán los Sánchez, Iglesias, Casado y Rivera, esos pollos, que es la Política, sino pacto, acuerdo, ten con ten, generosidad y mano izquierda?

    Conociéndolos mejor, como hemos podido hacer en éstos cinco meses de afasia e inanidad mientras el inmediato futuro anuncia chuzos de punta, se ha podido conjeturar que las carencias comunes a esos cuatro ciudadanos pudieran tener un origen generacional. ¿Qué pasó hace unos cuarenta años para que los actuales postulantes a la gobernación del país hayan salido así? No había móviles, ni tabletas, ni Internet, ni "youtubers", ni aplicaciones chorras, ni "influencers", ni ninguna de esas cosas que vuelven a la gente, según se ha pronunciado la Ciencia, estúpida. ¿Qué pasó?

    Algo tuvo que pasar, ciertamente, para que esos señores que, no siendo estrictamente ni jóvenes ni viejos, se hayan saltado la madurez. Obran como si, por haber sido votados, la nación les perteneciera y pudieran hacer con ella, con los millones de españoles que precisan un gobierno inteligente y benigno, lo que les diera la gana a razón de 140 millones de euros cada cita electoral. Ni las necesidades de la población, ni sus limitados recursos, ni su dignidad, se avienen a ese juego pueril de egos y cuernos que suplanta a la Política.

    La parte buena es que se les conoce mejor. Con gusto, sin embargo, habríamos prescindido de ella.