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    El Abanico.- 12.330 desaparecidos que no dejaron huella

    MADRID, 15 Mar. (OTR/PRESS) -

    Los ojos de Teresa, Josua, Charo, Carmen, Ana María, Amalia, Andrés y de tantos otros con familiares desaparecidos, están vacíos, sin vida. Miran sin ver, angustiados por la larga espera, por el silencio de quienes un día se marcharon sin dejar rastro, algunos por decisión propia -los menos-, otros porque echaron andar y no supieron encontrar el camino de vuelta a casa, la mayoría por haberse cruzado en su camino un desalmado, un asesino a quien las autoridades no logran poner nombre y apellido. Todo ello dificulta que sus padres o hermanos puedan encontrarles en Colombia, Estados Unidos, Estocolmo o en España, a veces porque, como en todos los colectivos, hay funcionarios perezosos que no les ayudan siquiera a presentar una denuncia ante la policía de tal o cual país, a rellenar cuestionarios incomprensibles para quien no domina el inglés o la jerga local. Inconvenientes todos que, sumados a la falta de medios, agrava la situación de estas cientos, miles de familias, a quien les han robado las ganas de vivir y de seguir luchando.

    Es la razón por la que la Fundación Europea por las Personas Desaparecidas (www.qsdglobal.com) nos convocó a un grupo de periodistas, comandados por Paco Lobatón, en Caixa Forum, para que les escucháramos, para que a través de cada uno de nuestros medios de comunicación, concienciemos a la sociedad de que ningún país se puede permitir el lujo de perder a 12.330 ciudadanos, así, sin más.

    Una tragedia de imprevisibles consecuencias, ya que detrás de cada uno de esos desaparecidos, se esconde una emotiva historia como la del fotoperiodista Borja Lázaro Herrero, que después de muchos años de intenso trabajo, logró realizar el viaje de sus sueños a La Guajira colombiana, donde quería hacer un reportaje a la tribu de los wayuus, que le acogieron con alegría y respeto, hasta el punto de permitirle hacer fotos de "La fiesta de los huesos". Un ritual antiquísimo del que Borja fue testigo de excepción. En agradecimiento por su hospitalidad Borja regresó para entregarles algunas de las fotos que les había tomado. A partir de ahí, todo es misterio. Nunca más se supo de él, ni de Joaquín Fernández García, desaparecido en el 2008 en Carboneras, Almería, que se fue sin dejar rastro, por más que las autoridades judiciales crean, pero no pueden probarlo, que algunos callan por miedo.

    Para los familiares de todas estas personas, lo más importante es encontrarlas y, si han muerto, enterrarlas para cerrar el duelo. Es por lo que piden al gobierno celeridad en la búsqueda, medios económicos, técnicos y humanos, ya que para la mayoría no es fácil desplazarse a países donde no conocen a nadie, en donde los representantes diplomáticos apenas si les prestan atención o ayuda. Razón por la cual se sienten desasistidos, indefensos, solos para iniciar trámites engorrosos.

    Una de las barreras que ya han logrado derribar es la poder activar el protocolo de los desaparecidos inmediatamente, sin necesidad de que tener que esperar 24 ó 48 horas.

    Se quejan y con razón del escaso interés cuando los desaparecidos son personas mayores, jubilados en su mayoría, hombres y mujeres con enfermedades como la diabetes o con principio de Alzheimer que desparecen durante su paseo diario y a los que nunca más se les vuelve a ver.

    Dar visibilidad a los desparecidos es tarea de todos, no solo de los familiares, también de los políticos dotando de medios a la Guardia Civil, a las policías nacionales y locales. Todo para acabar esa agonía que consume a sus familiares y amigos.