Rosa Villacastín.- 40 aniversario de la Constitución, homenaje a los periodistas de la época

7 de diciembre de 2018

MADRID, 7 Dic. (OTR/PRESS) -

Dice mi querido Victor Márquez Reviriego que la celtiberia no puede mirar con los ojos del pasado los ojos del presente, menos aún los ojos del futuro. Tiene razón: a veces, con demasiada frecuencia, se juzgan los comportamientos presentes con lo que supuso un momento histórico de la vida española: la aprobación de la Constitución de 1978, el paso de un estado autoritario a una democracia, en la que todos tuvieron que ceder parte de su ideología, de sus creencias, de sus postulados, con el fin de alcanzar el bien común, la convivencia de todos los españoles. Una empresa, en la que el objetivo prioritario era, conseguir que nuestro país, España, no fuera diferente al resto de los países europeos que disfrutaban de unas libertades que en el nuestro no tuvimos en cuarenta años.

Esa obra titánica, se consiguió gracias al Rey Juan Carlos que supo vislumbrar un futuro mejor, un futuro en el que pudiéramos estar incluidos todos los españoles, los de derechas, los de izquierdas y los de centro, sin excepción. Un momento histórico en el que contó con la colaboración de un hombre que viniendo del franquismo puro y duro -Adolfo Suárez- no dudó en sumarse a ese proyecto de futuro, a pactar con Santiago Carrillo, que entonces era la bestia negra para quienes creían que la reconciliación era imposible.

Lo fue. Y la Constitución de 1978 es un ejemplo de que cuando se quiere se puede.

Así lo entendieron Adolfo Suárez, Felipe González, Manuel Fraga y Santiago Carrillo, pero también la prensa, los medios de comunicación, que al contrario que hoy, intentamos no poner palos en las ruedas, hacer país, sin que ello supusiera tener la boca cerrada, ocultar lo que estaba ocurriendo, las desavenencias de unos y otros. De ahí que el pasado miércoles, la presidenta del Congreso Ana Pastor, y el del Senado Pío García Escudero, con algunos otros miembros de la Mesas, nos convocaran a quienes estuvimos en esos años cubriendo la información parlamentaria, tanto en el Congreso de los Diputados como en el Senado --entre otros Juan Luis Cebrián, Pedro J. Ramírez, Rosa María Mateo, Sol Gallego Díaz, Julia Navarro, Amalia Sánchez Sampedro, Karmenchu Marín, Fernando Onega, Bonifacio de la Cuadra, Fernando Jáuregui, Paco Muro, Marisa Flores, Carlos Yarnoz, Pilar Cernuda, Asunción Valdés, Victoria Prego y Anabel Díez, y yo misma--, para hacernos entrega de una medalla, en reconocimiento a tantos años de información política, pura y dura. Nada que ver con la que se hace ahora, invadidos como estamos por las redes sociales, el espectáculo televisivo, que aportan inmediatez sin procesar, crispación y más crispación, medias verdades como aquella en la que se decía, sin serlo, que Ana Pastor había invitado al Congreso a Torra, que ella niega rotundamente, como tantos otros bulos que se lanzan con el único propósito de provocar el interés de quienes los leen.

Mención aparte merece el desprestigio al que está siendo sometido el Rey Juan Carlos, gracias al cual hoy podemos disfrutar de una democracia que durante 40 años fue, la envidia de medio mundo. Bien es cierto que el Rey emérito ha cometido equivocaciones, muchas, y quién no, preguntaría; pero también lo es que es el único que ha pedido perdón. Gracias al cuál hoy disfrutamos de unas libertades y una democracia, que sigue siendo, me atrevería a decir, ejemplar.

Pregunto: ¿alguien en aquellos años convulsos tras la muerte de Franco, en los que el ruido de sables era constante, la crisis económica galopaba a gran velocidad, se hubiera atrevido a pronosticar que España conseguiría una democracia que iba a ser la envidia del mundo, y que nos traería 40 años de paz y prosperidad? Nadie, seamos sinceros. Juan Carlos fue el artífice y Suárez la mano ejecutora. A los dos, además del resto de los representantes políticos, sindicales y ciudadanos de a pie hay que agradecerles que empujaran todos en la misma dirección. Es la razón por la que hemos disfrutado de 40 años de paz y hoy estamos aquí celebrando una onomástica que ojalá, ojalá, dure muchos años más.

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