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    Las nuevas tecnologías enfatizan las desigualdades que existen en la sociedad a nivel mundial
    11 de enero de 2019 PIXABAY/CC/THEDIGITALARTIST

    MADRID, 11 Ene. (Portaltic/EP) -

    La falta de acceso de gran parte del mundo a las nuevas tecnologías las convierte en un reflejo de las desigualdades que existe entre las sociedades, y desecha la idea de que contribuyan a los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como remarca Naciones Unidas.

    Nanjira Sambuli, gerente senior de Políticas de la World Wide Web Foundation, ha publicado un artículo a través de Crónica de Naciones Unidas donde analiza el papel de las nuevas tecnologías en el desarrollo económico, político y social de todas las sociedades del mundo, y que ha sido compartido por la fundación.

    El acceso a Internet y a las nuevas tecnologías (TIC) se ha priorizado en la mayoría de los países del mundo en los últimos años. Por ello, se reconoce que la inversión en el acceso universal a las TIC es necesaria para impulsar el progreso de las prioridades mundiales, en particular, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), cuyo objetivo número 9 incluye "el acceso universal a las nuevas tecnologías, al menos en los países menos desarrollados, en 2020".

    Dicho objetivo está aún lejos de cumplirse, como asegura Sambuli; 3.900 millones de personas no tienen acceso a Internet --se estima que en el mundo hay más de 7.000 millones de personas--, de las cuales la mayoría residen en el hemisferio sur, y 2.000 millones son mujeres. Además, nueve de cada diez jóvenes sin acceso a la Red viven en África, Asia o en la región del Pacífico.

    La iniciativa Alianza para un Internet Asequible (A4AI) declara que la falta de acceso a Internet "socava el desarrollo global en todas partes, contribuyendo a la pérdida de oportunidades para el crecimiento económico y negando a cientos de millones el acceso a educación en línea, servicios de salud, voz política y mucho, mucho más". Si se sigue el ritmo actual, "solo el 16 por ciento de los países más pobres del mundo y el 53 por ciento del mundo estarán conectados para 2020", según estima A4AI.

    A lo largo de todo el artículo, Sambuli observa que existen algunas barreras de conexión que impiden a ciertas comunidades y grupos minoritarios el acceso a este tipo de tecnologías. Por un lado, existe una barrera geográfica. El acceso a Internet en las áreas rurales resulta más difícil que en las áreas urbanas debido al alto coste de las infraestructuras, lo que hace que las zonas rurales no cuenten con conexión o esta sea muy pobre.

    Por otro lado, existe un factor de género. Dentro de este punto, el artículo destaca la importancia de los dispositivos móviles en el acceso a Internet. La asociación de operadores móviles, GSMA, ha encontrado que en los países en vías de desarrollo hay un 10 por ciento menos de mujeres que hombres con móvil, lo que se traduce en 184 millones de mujeres sin este dispositivo. Además, de las mujeres que poseen móvil en estos países, 1.200 millones no usan Internet. En general, existe un 26 por ciento menos de mujeres que hombres usando Internet.

    Respecto al coste de los dispositivos mediante los que se accede a Internet, estos tienen un precio mucho mayor que el sueldo base de mucho países del mundo. La falta de conocimiento de uso, lo que afecta especialmente a las mujeres; la falta de tiempo y la irrelevancia de la información, debido a la falta de contenidos en el idioma local, son otros factores que actúan como barreras para la conexión global.

    Todas estas barreras, lejos de demostrar la importancia de las nuevas tecnologías en el desarrollo de los Objetivos Mundiales, son una "profunda manifestación de la desigualdad de las sociedades y del fracaso político", como recoge el artículo.

    A pesar de la expectativa de que las TIC superarán cualquier tipo de desafío, estas realidades dejan claro que la tecnología en sí mismas no pueden resolver los desafíos o desigualdades precedentes, como apunta Sambuli. Además, las divisiones digitales en desarrollo son, también, divisiones de género e ingresos, lo que las convierte en nuevos desafíos de desarrollo.

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