19 de octubre de 2019
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  • 9 de enero de 2009

    La familia de un gran dependiente recoge firmas para que le cambien su vivienda, un tercero sin ascensor

    Tiene todo el lado derecho paralizado, sólo emite monosílabos y lleva cinco meses sin salir porque tiene pánico de las empinadas escaleras

    SAN SEBASTIÁN DE LOS REYES (MADRID), 9 Ene. (EUROPA PRESS) -

    Un vecino de San Sebastián de los Reyes reconocido médicamente como un gran dependiente (grado tres, nivel uno) lleva cinco meses sin salir de su casa en un tercer piso sin ascensor. Ahora, su familia recoge firmas desde hace varios días para que el Ayuntamiento de la localidad madrileña le cambie su vivienda por otra más accesible, aunque sea de manera temporal.

    Tan sólo dos meses después de morir su madre, José sufrió un derrame cerebral en septiembre de 2007. "Después de pasear al perro, mientras desayunaba, se quedó paralizado y se hizo pis encima, le llevaron al hospital de urgencia. Nos dieron 72 horas de vida", recuerda la hija del afectado, Miriam, en declaraciones a Europa Press Televisión.

    Su padre tiene todo el lado derecho paralizado, casi no habla sino es con monosílabos y no responde a ningún tipo de rehabilitación. En cuanto prueban a asomarle a la escalera, José repite con miedo "no, no, no" desde su silla de ruedas ante lo empinado de los escalones. "La última vez que le sacamos fue en el mes de agosto, desde entonces ya no ha querido volver a bajar porque tiene miedo de la escalera", asegura Miriam.

    Los familiares de José demandan que les cambien su vivienda de 65 metros cuadrados por otra más accesible, aunque sea de manera provisional ya que no saben cuánto tiempo de vida le queda. Otra alternativa, aunque menos deseable, sería que les prestaran ayuda para bajar las escaleras y poderle llevar a un Centro de Día, cuyo vehículo sólo le recoge a pie de calle.

    SIN NOTICIAS DE LA LEY DE DEPENDENCIA.

    Hace meses, estuvo internado en la clínica SEAR, una opción que desde el principio no les gustaba porque, con 65 años, prefieren estar cerca de su padre mientras les siga entendiendo. "Viendo el trato que les estaban dando allí, la verdad que ni él estaba bien, ni nosotros tampoco porque iba a peor, mal nutrido, mal cuidado y con poca higiene", describe Miriam.

    Para hacer efectiva su petición, la mujer de José, Carmen, ha solicitado que el alcalde les reciba sin éxito alguno. Hasta el momento, sólo han conseguido hablar con la concejala de Servicios Sociales, Salud, Discapacitados e Inmigración, María Luisa Suárez, que les ha vuelto a ofrecer una residencia y sin garantizarles cercanía a su vivienda.

    En cuanto a la posibilidad de recibir algún tipo de ayuda gracias a la Ley de Dependencia, Miriam apunta que su petición "está superparalizada". "Sino fuera por mi que les llamo, no sabría nada desde el mes de julio que estoy esperando una segunda carta para ver donde tengo que dirigirme", se lamenta.

    Miriam asegura que no quieren que nadie les "regale nada", sino que les cambien su vivienda por otra que les facilite la vida. "Hoy puede ser por mi padre, mañana puede ser por cualquier otra persona, no deberían dejarlo en el olvido", sentencia apesadumbrada.