19 de junio de 2019
8 de junio de 2019

El Papa pide ir "de la mano" del Espíritu e ir "en medio del corazón de la ciudad de Roma para escuchar su grito"

ROMA, 8 Jun. (EUROPA PRESS) -

El Papa Francisco ha pedido ir "de la mano" del Espíritu e ir "en medio de la ciudad de Roma para escuchar su grito" durante su homilía en la Santa Misa en la Vigilia de Pentecostés, celebrada este sábado 8 de junio en la Plaza de San Pedro.

"Queridos amigos, para escuchar el grito de la ciudad de Roma, necesitamos también que el Señor nos lleve de la mano y nos haga descender entre los hermanos que viven en nuestra ciudad, para escuchar su necesidad de salvación, el grito que llega hasta él y que normalmente no oímos", ha señalado.

En este contexto, ha añadido que se trata de "abrir los ojos, pero sobre todo el corazón, escuchando el corazón". "Entonces nos pondremos en camino. Entonces sentiremos dentro de nosotros el fuego de Pentecostés", ha manifestado

Para Francisco, Cristo "es el camino de la ciudad del Cielo" y Pentecostés impulsa "a gritar" a los hombres y mujeres de la ciudad de Roma "que su esclavitud ha terminado".

En su homilía, el Santo Padre, comentando el Evangelio de San Juan, ha dicho que en la víspera del último día de Pascua, la fiesta de Pentecostés, Jesús proclama en voz alta: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba el que crea en mí. Como dice la Escritura, de su vientre brotarán ríos de agua viva".

"Es el río de agua viva del Espíritu Santo que brota del vientre de Jesús, de su costado atravesado por la lanza y que lava y fecunda a la Iglesia, la esposa mística representada por María, la nueva Eva, al pie de la cruz", ha subrayado.

En este sentido, el Francisco ha precisado que el Espíritu Santo "brota del vientre de la misericordia de Jesús Resucitado". "Llena nuestro vientre con una buena medida, suave, llena y desbordante de misericordia", ha explicado.

Por otro lado, el Papa ha destacado que los proyectos humanos "no son válidos si están centrados en el yo", porque son proyectos "que no dejan lugar a Dios".

"Son proyectos humanos, incluso nuestros proyectos, hechos al servicio de un yo cada vez mayor, hacia un cielo en el que ya no hay lugar para Dios. Dios nos deja hacerlo por un tiempo, para que podamos experimentar hasta qué punto del mal y de la tristeza podemos llegar sin él", ha apuntado.

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