22 de agosto de 2019
4 de junio de 2008

Una mujer maltratada, sin casa y embarazada pide ayuda para no perder a sus cinco hijos



   PICASSENT (VALENCIA), 4 Jun. (EUROPA PRESS) - 


Rosa García es una mujer de 35 años de Picassent (Valencia) que, sin casa ni trabajo, tiene miedo de perder a sus hijos y pide ayuda, desesperada, para mantener la custodia de los pequeños.

Maltratada por su pareja, que está en la cárcel, con cinco niños y a punto de alumbrar a otro, y viviendo de manera infrahumana, solicita un trabajo y una vivienda para seguir al lado de los que más quiere.

   "Si me quitan a mis hijos lo que van a hacer es hundirme", indicó a Europa Press Televisión Rosa, una mujer que sólo quiere un trabajo y ayuda para una vivienda para que no la "separen" de sus niños, "que están muy enmadrados", y poder mantener la custodia. Rosa tiene cinco hijos de entre 18 y dos años, y ya ha salido de cuentas para tener al sexto. Su primera pareja y padre de los niños la maltrataba y también el segundo compañero, que está en prisión.

   Rosa señaló que la "única" ayuda que le han ofrecido ha sido quitarle a los niños y llevarlos a un centro de acogida. Así, comentó que desde servicios sociales le han ofertado ayudas pero una vez que haya entregado a los pequeños, "en vez de hacerlo ahora" cuando están con ella y más lo necesita. En este sentido, indicó que sin niños no le haría falta ayuda, ya que con muy poco saldría adelante.

   La joven, que apenas sabe leer y escribir, afirma que pidió ayuda y que le hicieron firmar un papel para entregar a los niños. "No tuve más opción", comentó al respecto, ya que de no firmarlo, agregó, la amenazaron con llevarse a los pequeños y quitarle "los derechos de visitas y a recuperarlos", aseguró.

   "Me dijeron que sería algo provisional, hasta que encontrara un trabajo estable y un piso en condiciones", pero "es que si me quitan a mis hijos lo que van a hacer es hundirme. Ya estoy con una depresión", indicó. "Lo que no quiero es que me separen de ellos, porque entonces, ¿de dónde voy a sacar fuerzas para trabajar y seguir viviendo?", se preguntó.

"VIVO EN UN MUNDO DE MIEDO"

   Tras firmar este papel Rosa se marchó a casa de una amiga a Alicante, "como si fuera huyendo", para que no hicieran efectiva la retirada de los pequeños, aunque se vio obligada a regresar. El miedo a perder a los niños le hace incluso no ir al médico, por si le dicen que "con la depresión no puedo tener a los chiquillos". "Vivo en un mundo de miedo y eso no puede ser", se lamentó.

   "Lo único que pido es que dejen a mis hijos conmigo, que no se los lleven", indicó Rosa. Así, solicitó a las autoridades a que "esperen" y no se lleven a los pequeños. En este sentido, comentó que ella se recupera "enseguida" de los partos, por lo que en breve plazo de tiempo podría trabajar y entonces podría optar a un piso.

   Rosa vive en una vivienda infrahumana, sin luz ni agua, y está sin trabajo, debido a su embarazo. A punto de dar a luz, se ha marchado a casa de su madre, que está enferma, y su hermano, con anticuerpos del sida, un piso de alquiler de dos habitaciones, donde se ha encontrado con las quejas de algunos vecinos.

"ESTÁN MUY UNIDOS A MÍ"

   Su situación no es buena y afirma que ha pensado que quizá sea bueno que sus hijos se vayan a un centro, aunque enseguida se retracta y asegura que los pequeños no lo soportarían. "Están muy enmadrados y pienso que podrían coger una depresión, porque están muy unidos a mí", manifestó al respecto.

   En este sentido, indicó que de los hijos menores de edad que tiene sólo uno, de 11 años, sabe que ha firmado un papel con el que puede ir a un centro de acogida. Desde que conoció la noticia, su madre le encuentra "la mirada más triste". "No come, está más delgado", señaló al respecto Rosa, quien comentó que intenta "hacerlo a la idea", pero el pequeño dice que no quiere ir interno a un colegio. "Necesita un psicólogo", dijo la madre.

   Por su parte, señaló que si le quitaran a los niños la "hundirían totalmente". "Caería mala, porque estoy muy unida a mis hijos, los quiero mucho y los mimo demasiado", destacó.

   La vida de Rosa no ha sido fácil para Rosa desde que tuvo a su primera hija con 17 años. "Mi vida siempre ha sido muy mala, siempre he estado sufriendo", comentó. Su primera pareja, con la que tuvo cinco hijos, estaba metida en el mundo de la droga y le daba "muy mala vida", maltratándola psicológicamente y en alguna ocasión también de manera física, indicó. No tuvo más suerte con su segunda pareja, que en la actualidad está en prisión por maltratarla, la última vez cuando se encontraba embarazada de cinco meses.

   No tiene dinero "ni para coger el tren" e ir a su casa, una estación más allá de la de su madre, y su móvil, afirma, nunca tiene saldo. Vive en una casa sin luz ni agua, que acaba de abandonar para ir con su madre por miedo a que le coja el parto sola.

   En Picassent está viviendo con tres de sus hijos-- los otros dos viven con un hermano--, su madre de 68 años enferma y su hermano, con anticuerpos de sida. El piso se paga con la pensión del hermano de 328 euros, y se va funcionando con la de la madre. "Lo pasamos muy mal", concluyó.