4 de junio de 2008

El 'Día Nacional del donante de órganos'

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MADRID, 4 Jun. (EUROPA PRESS) -

Pedro Calero es un valenciano que, debido a una insuficiencia renal crónica, ha recibido, en dos ocasiones, un trasplante de riñón. Su vida, antes del nuevo órgano, transcurría ligada a una máquina de hemodiálisis y condicionada, en cuanto a alimentación, a su enfermedad. Gracias al nuevo riñón, Pedro siente que la vida le ha cambiado, que vuelve a "vivir otra vez" y a sentirse "uno más".

Este hombre, de 40 años de edad, explicó a Europa Press Televisión que le diagnosticaron la enfermedad muy joven, hace unos 20 años. Antes de recibir el riñón se encontraba "muy limitado", ya que tenía que ir tres veces por semana a hemodiálisis, de la que salía exhausto, y controlar de forma muy especial tanto lo que comía como, sobre todo, lo que bebía.

"Mientras estás en diálisis te cambia la vida en cuanto a la alimentación, la relación con los amigos o la familia. No puedes desarrollar tu vida en cuanto que no puedes tomar o beber lo que quieras porque sabes que si te pasas, al día siguiente en diálisis lo vas a sufrir más y entonces, tienes que contenerte en muchas cosas", indicó.

La diálisis, agregó, trastoca las vidas de estos enfermos, ya que tienen que ir tres veces por semana y estar conectados a la máquina una media de cuatro horas, tras lo que pueden salir mareados, con angustia o bajadas de tensión. "Es complicado aguantar", dijo. Además, agregó, también limita a la hora de salir de viaje, puesto que "tienes que buscar un centro que realice diálisis", y a la hora de compaginar el tratamiento con el trabajo.

Sin embargo, con el trasplante, "te cambia la vida, vuelves a vivir otra vez, lo ves desde otro punto de vista, con otro color y otras ganas". "Vuelves a sentirte uno más", agregó.

El nuevo órgano, destacó, proporciona "más libertad". "Simplemente saber que no tienes que ir mañana o esta tarde a diálisis te da una libertad plena, te permite desarrollar tu día a día".

Pedro resaltó que él está trasplantado "gracias a las familias que en su día optaron por donar los órganos de su familiar más allegado" y por esto agradeció su acción e invitó a la sociedad a donar órganos, ya que "cualquiera nos podemos ver en esta situación". "Seamos solidarios que a cualquiera nos puede tocar", concluyó.

Otra afectada es Carmen Castillo, una compostelana que lleva dos años esperando por un riñón que le pueda devolver una vida que está en suspenso desde que su organismo rechazó el trasplante al que fue sometida hace nueve años y que le permitió llevar una "vida normal" durante siete años.

"Ahora mi vida depende de una máquina", explicó hoy con motivo del Día Nacional del Donante a Europa Press Televisión Carmen que durante tres días a la semana tiene que someterse a sesiones de diálisis de cuatro horas cada una.

"Estoy esperando una llamada y que aparezca un donante compatible y a partir de ahí empezar una nueva vida que me permita trabajar, poder disfrutar de los amigos y poder beber el agua que quiera"; y es que el simple hecho de poder beber a gusto la cantidad de agua que desee, para Carmen sería toda una conquista ya que sólo puede beber medio litro diario.

Carmen conoce de primera mano lo que significa vivir con un trasplante y vivir sin él. Hace nuevo años recibió un órgano que le permitió llevar una vida "normal" durante siete años. "Durante ese tiempo he podido estudiar, trabajar, llevar una vida prácticamente normal, con los controles médicos normales", afirmó.

Pero hace dos años su cuerpo rechazó el riñón trasplantado y su vida volvió a cambiar radicalmente a la espera de una donación compatible. "Hay días que estás derrotada física y psicológicamente porque estás atada de pies y manos, no puedes hacer nada".

"El día que vea la bolsa de la sonda llena de orina será como si me tocara la lotería porque el riñón estará funcionando", afirmó esta joven gallega que no pierde la ilusión y la confianza en la solidaridad de los donantes.

"Hay que ser solidarios, hay que pensar que hay muchas personas jóvenes que no han vivido su vida y que con una donación se pueden salvar dos vidas", afirmó.

Por último, Carmen hizo un llamamiento en este día del donante a la concienciación de todos. "Las enfermedades vienen; yo estaba trabajando y de repente me encontré con esto; tenemos que ser solidarios, tener empatía, escuchar a la gente, que hay muchas personas enfermas", concluyó.

A pesar de las dificultades y del cansancio, Carmen no pierde la esperanza de recibir esa llamada que cierre el paréntesis que se abrió hace dos años y que desde entonces mantiene su vida atada a una máquina de diálisis. Una llamada que puede llegar para ella y para todas las personas que están en su misma situación "si la gente se conciencia de que una persona que ha fallecido puede dar vida a otras dos personas".

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