4 de junio de 2020
29 de marzo de 2020

La Ciudad de Vacaciones de Perlora, del esplendor a la ruína y el olvido

La Ciudad de Vacaciones de Perlora, del esplendor a la ruína y el olvido
Perlora - EUROPA PRESS

OVIEDO, 29 Mar. (EUROPA PRESS) -

La Ciudad de Vacaciones de Perlora, en el municipio asturiano de Carreño, sigue acumulando años de abandono, con varios de sus chalés ya declarados en ruina y sin que se hable ya de ninguna medida para revitalizar el complejo.

La sensación de olvido que transmite la zona puede recordar a la que ofrecen, a día de hoy, otros puntos de la geografía asturiana, desiertos, sin nadie en la calle por el estado de alarma decretado por la pandemia de Covid-19.

Pero en Perlora, esa sensación, esa imagen casi apocalíptica, ya se podía contemplar desde hace mucho tiempo. En sus chalés, algunos de ellos con estructuras muy particulares, no vive nadie. Algunos se están cayendo.

Adentrarse por la urbanización y pisar la hierba sin cortar del que, en su momento, fue un foco de actividad y de diversión, supone hoy una experiencia para el visitante. Huele a declive, pena, olvido y fracaso.

No existe a día de hoy ningún tipo de proyecto para el complejo, ubicado en un enclave privilegiado y que lleva cerrado desde 2006. Hace tres meses que la actual consejera de Hacienda del Gobierno asturiano, Ana Cárcaba, hablaba la declaración de ruina de trece de los chalés de la Ciudad Residencial de Perlora. Su estado era "irrecuperable" decía en el parlamento asturiano el pasado mes de noviembre de 2019.

Ese espacio que ahora está en ruinas ofrecía hace años una imagen muy diferente, en una de las zonas más atractivas y bonitas de la costa asturiana. Fue en el año 1954, en pleno régimen de Francisco Franco, cuando se construyó La Ciudad de Vacaciones de Perlora, con centenares de chalés (273) y diferentes instalaciones, hasta una iglesia. La playa, al lado. Todo el Már Cantábrico para disfrutar.

El destino de todo aquello era servir de lugar de vacaciones para los trabajadores, que llegaban de toda España, normalmente en turnos de quince días y que procedían de las diferentes empresas públicas, que pocas había privadas en aquel tiempo.

Para hacerse una idea de lo que fue y significó Perlora basta repasar el 'Nodo' de la época. En aquellos breves noticiarios del régimen franquista que semanalmente se emitía en los cines españoles, se ponía en valor aquella "ciudad sindical para uso de los trajadadores". Había otras en diferentes puntos de España. Se realizaban incluso intercambios con trabajadores de otros países.

Esas imágenes pueden repasarse aún en Internet, en vídeos de Youtube, donde se ve el complejo repleto de actividad, niños y de seiscientos, aquel coche tan popular de la marca Seat. Las viviendas se repartían "de acuerdo a las necesidades familiares de cada trabajador".

Las familias numerosas pagaban menos, gracias a una reducción del veinte por ciento, a la hora de pagar en el amplio comedor que existía y que congregaba a cientos de personas. Parques infantiles tampoco faltaban, de los de columpios y toboganes de antes.

"Con estas ciudades y residencias sindicales se hace efectivo por primera vez el turismo social como una conquista del mundo del trabajo", decía el locutor del 'Nodo', en plena década de los sesenta.

Pero murió el dictador y aunque España no escogió ruptura, sino reforma, la Ciudad de Vacaciones de Perlora no encontró su sitio en los primeros años de la democracia. Aunque por entonces pocos se imaginaban el grado de deterioro en el que iba a caer aquel paraíso de veraneantes.

CAMBIO DE PROPIEDAD

Perlora, donde se celebró en 1978 aquella asamblea del PCE que abandonó el que luego fuera presidente regional asturiano por el PSOE Vicente Álvarez Areces, se iba a apagar bajo la mirada atónita de sus raros chalés, en su día modernos. El complejo llegó a haber unos doscientos trabajadores empleados, además de los veraneantes.

La propiedad cambió en 1982. Habían llegado las autonomías. El complejo, que era del Estado, pasó a depender del Gobierno del Principado de Asturias. La ciudad de vacaciones entró en fase de deterioro. Un síntoma evidente quedó reflejado en aquella demolición del edificio principal del complejo, en el año 2005.

No fue fácil. Hubo resistencia. Hasta personas se encerraron en la residencia para evitar que lo tiraran abajo. Fueron desalojados por la Guardia Civil.

Entonces, las autoridades regionales hablaban de la necesidad de reconvertir y privatizar aquella urbanización. Precisamente con Areces al frente del Ejecutivo regional se tomó la decisión de cerrar la Ciudad de Vacaciones porque se iba a iniciar ese proceso, el de externalizar la gestión. Era noviembre de 2006. Ya no habría veraneantes.

Se abrió un proceso que fracasó. Decían que era algo muy atractivo para empresas turísticas. Un caramelo. Pero se ve que no. Algo falló y no cuajó nada. Ninguna oferta.

Aquellos 356.600 metros cuadrados de la ciudad de vacaciones permanecían sin futuro. Nadie quería hacerse cargo. ¿Qué iba a ser de Perlora?. El declive. Los grupos políticos asturianos llevaron este asunto a la Junta General del Principado de Asturias en varias ocasiones. Pedían al Gobierno un plan. Y el Ejecutivo respondía que estaba trabajando en ello.

"Queremos dar a conocer ese enclave natural privilegiado, porque sí reconocemos que tiene un potencial importante que hay que aprovechar, no solamente para el uso de las personas que allí lo van a disfrutar, que cada vez lo disfruta más gente, sino también para los vecinos de Carreño y también para toda Asturias", decía en 2016 la exconsejera de Hacienda del Principado y hoy portavoz del PSOE en el parlamento asturiano, Dolores Carcedo.

Dos años después, el entonces consejero de Industria, Empleo y Turismo, Isaac Pola, también respondía a la oposición. Decía que el Ejecutivo se centraba en captar alguna iniciativa privada y que se requería una inversión de entre 25 y 40 millones de euros. Sin embargo, reconocía que nadie mostraba interés.

Perlora sigue así, olvidada, sin futuro y sin ocupantes. Aspectos como el mantenimiento de las zonas verdes, la reparación y renovación de cañerías o la seguridad le cuesta a las arcas públicas del Gobierno asturiano 1,4 millones al año.

Grupos en redes sociales solicitan una solución y un plan de recuperación. Extrabajadores y exveraneantes lo imploran. Con nostalgia. Hay gente recopilando firmas en Internet para reclamar una alternativa al Principado. Pero mientras tanto, los chalés, siguen cada día más extraños y tristes. Ellos llevan ya tiempo confinados.