2 de marzo de 2021
25 de enero de 2021

La acusada de estafar casi un millón al cliente de un club de alterne dice que él se enamoró

La acusada de estafar casi un millón al cliente de un club de alterne dice que él se enamoró
Trabajadora de un club de alterne de Cantabria acusada de estafar casi un millón de euros a un cliente, en el juicio contra ella - EUROPA PRESS

"Él sabía perfectamente que me tenía que pagar para estar conmigo", ha afirmado la procesada en el juicio

SANTANDER, 25 Ene. (EUROPA PRESS) -

La trabajadora de un club de alterne de Cantabria acusada de estafar casi un millón de euros a un cliente ha asegurado él se enamoró y que ella le pedía dinero para sus "cosas", no para enfermedades, operaciones, accidentes o situaciones familiares extremas, como sostienen las acusaciones.

"Él sabía perfectamente que no le engañaba. El dinero era para mí, para mis gastos", ha manifestado este lunes en el juicio, celebrado en la Audiencia Provincial en el que se enfrenta a 7 y 8 años de cárcel que piden la fiscal y la víctima.

La mujer, rumana de 32 años, ha relatado que conoció al hombre, profesor jubilado, en 2015 en el club donde trabajaba. "Se enamoró de mí", ha destacado, para indicar que fuera de su jornada laboral salían "muchas veces", como "pareja". "Le encantaba estar conmigo", ha reafirmado. Aunque "él sabía perfectamente que me tenía que pagar para estar conmigo", ha precisado.

Y aunque ha negado conocer el patrimonio que tenía el hombre -"claro que no: nunca pregunto yo esas cosas"-, sí ha admitido que le pedía dinero, pero para sus "cosas". "El sabía que no era para operaciones", ha puntualizado, reconociendo únicamente una intervención de cirugía, estética (de pechos).

"Me daba dinero para mis cosas", ha insistido la acusada, que ha achacado la denuncia al cese de la relación "mercantil" entre ambos -"me estaba pagando por un servicio", ha reiterado-. Y ha considerado que las enfermedades, operaciones o accidentes se las "inventaba" el hombre, que tenía que dar "explicaciones" y "justificaciones" a su hermano, que al igual que un amigo le había prestado dinero para dárselo a ella después de quedarse sin patrimonio.

La víctima ha alegado por su parte que la relación fue "esporádica" y que ella continuamente "necesitaba dinero", en cantidades "astronómicas" y por distintas situaciones, "siempre muy al límite, de vida o muerte", que le exponía "con mucha historia, bien hilada y mucha inventiva". "Si habla cien veces, ciento una miente", ha remachado.

Así, se vio "metido en un pozo", en el que le fue dando distintas sumas -durante dos años y que oscilaron entre 2.000 y 49.000 euros- y si no le daba más "cerraba la puerta" a que le devolviese las anteriores: un total de 922.000 euros que ella "siempre prometía" reintegrar, argumentando también que tenía propiedades en su país.

"Yo le mandaba cantidades de dinero con la idea de recuperar la deuda", ha confesado el afectado, que se vio, junto a su hermano, obligado a "vender todo nuestro patrimonio", hasta que llegó a la "conclusión" de que no la tenía que dar "ni un duro más".

La mujer ha corroborado que firmó al hombre un reconocimiento de deuda, ya que su intención era devolverle las cuantías, "pero poquito a poco", extremo que no llevó a cabo.

Durante los interrogatorios, ha admitido que nunca ha padecido cáncer o recibido tratamiento por ello -como sí declaró ante el juez instructor, contradicción que ha justificado porque no entiende bien el idioma- ni ha sufrido accidentes por los que haya estado en coma durante meses ni precisado traslados en helicóptero medicalizado de Bucarest a París.

Y tampoco ha sido "extorsionada" por banqueros, abogados o policías de Rumanía, como relataba al pedir dinero o justificar el impago de la deuda acumulada, requerimientos ante los que también esgrimía "problemas" con el Gobierno de su país que le impedían hacer extracciones de sus cuentas.

Sin embargo, en la vista oral, a petición de la fiscal se han reproducido cerca de medio centenar de audios de los "miles" que la acusada envió por WhatsApp a la víctima, y que evidencian lo anterior. "Si tú pones 10.000 euros, te pago el dinero en 24 horas", manifiesta en uno ellos.

Antes de reproducir las grabaciones, ella ha insistido en que "él sabía perfectamente que no era verdad" todo eso. "Me daba dinero para mis cosas", ha reiterado la mujer, que ha precisado que la primera solicitud, de 2.000 euros, fueron para su madre, que estaba "malita".

No obstante, el afectado ha asegurado que le contó que lo necesitaba para el entierro o funeral, porque supuestamente había muerto, aunque "me he enterado de que su madre estaba viva", ha asegurado en el juicio.

"Eran para mí, para unas cosas que tenía que hacer", ha precisado a preguntas del abogado de la acusación particular, al que ha negado que su madre estuviera enferma, aunque a la misma cuestión formulada por su representante legal ha contestado por contra que sí fueron para su progenitora.

"ELLA MISMA LO FABRICABA TODO, HASTA QUE EMPEZÓ A OLER MAL"

Después de declarara acusada y denunciante, han prestado testimonio el hermano y el amigo del hombre. El primero ha indicado que conocía a la mujer de hablar con ella "una vez" y que vendió un piso suyo -en 150.000 euros- para que su hermano, en quien "confiaba", pudiera recuperar el capital perdido. Sin embargo, y aunque la cantidad adeudada iba a llegar "al día siguiente", luego siempre "surgía un problema", ha corroborado este testigo.

El otro, el amigo, ha admitido las cantidades prestadas -de entre 9.000 y 46.000 euros, y hasta sumar más de 122.000-. Y ha puntualizado que al principio no conocía "el fondo" del asunto, del que se enteró cuando "ya estaba bastante avanzado".

Así, aunque en primer momento no preguntó por el destino del dinero "por discreción", luego la víctima le fue contando detalles. Le pareció "extraño" y observó también "contradicciones: eso empezaba a oler mal", ha recordado. Así, al leer conversaciones por mensajes de teléfono llegó a la conclusión de que "ella misma fabricaba todo esto".

"Pero lo vestía tan bien...", ha comentado al ser preguntado si no sospechaba de que la "rocambolesca historia" que esgrimía ella podía ser un "engaño". A esto se sumaba las supuestas propiedades que tenía en Rumanía y la "esperanza" que albergaba en ellas la víctima para recuperar su dinero.

Finalmente, sacó a su amigo de la "burbuja" en la que estaba metido a raíz de la visita conjunta a un oncólogo conocido para exponerle los chats de la denunciada sobre las supuestas enfermedades, tumores, síntomas y operaciones, y "no encajaba nada" con la opinión del doctor. "Todo eso era falso", ha resumido.

DENUNCIA EN MÁLAGA POR LOS MISMOS HECHOS

Tras la prueba testifical, han elevado a definitivas sus conclusiones, manteniendo la fiscal los siete años de cárcel por un delito continuado de estafa, con la agravante de abuso de confianza, por el que también interesa multa de 3.600 euros y que indemnice a la víctima en 922.000 euros. A su juicio, la mujer "urdió un plan" y actuó "con engaño suficiente" como para dejar a la víctima en una situación económica "lamentable".

La acusación particular ha aportado una denuncia interpuesta en mayo de 2019 en Málaga por otro hombre contra la acusada, por hechos con el mismo 'modus operandi' por 250.000 euros.

Cree que la prueba contra ella es "abrumadora" y hay muestras "apabullantes", como los "miles" de 'wasaps' enviados para pedir "con insistencia" más dinero con el pretexto de devolver la deuda. Para este abogado, la acusada es una persona "sin ningún tipo de escrúpulos" y una "depredadora patrimonial".

Y aunque su cliente fuera "excesivamente confiado" o tomara medidas "muy tarde", cuando la cantidad estafada era "disparatada", "el Derecho no puede ser más protector de los audaces que de los confiados".

La defensa ha insistido en que fue una "relación mercantil" y que habrían quedado acreditados como estafados 278.000 por lo que ha pedido de tres años y medio a seis de prisión en caso de que no sea absuelta tras una denuncia en la que ve "ánimo revanchista".

"Tengo dos hijos y quiero estar con mis hijos", ha manifestado la acusada al ejercer el derecho a la última palabra, con el que el juicio ha quedado visto para sentencia.